Festival de Málaga 2010. Día 2: Que se mueran los feos complace en la apertura del concurso

Que se mueran los feos

El Festival de Málaga tiene sus singularidades. Una de ellas, es la profusión de chillidos adolescentes en la alfombra roja que hay instalada en la puerta del Teatro Cervantes. Ayer por la tarde, una vez cesó la lluvia, fue el gran momento para dejarse la voz, con multitud de famosos acumulándose ante las cámaras. Desde lejos no se veía nada pero sí se oía a la gente: «Eso es que está ahí Bisbal», «Debe ser alguno de Física o química»… Lo cierto es que este certamen tiene una inequívoca vocación poplar y televisiva.

Y eso se nota en el hecho de que Que se mueran los feos forme parte de la selección a concurso. Resulta difícil encontrar una cinta más alejada del prototipo película de festival. Eso no quiere decir que no cumpla con su cometido. De hecho, los asistentes al pase de prensa (en los que aquí también puede entrar el público general) se han reído con ganas durante la proyección y le han brindado una sonora ovación. En las papeletas para el Premio de la Crítica proliferaban las notas máximas, lo que hace prever un impresionante éxito de taquilla. Falta le hace al cine español.

Que se mueran los feos nos narra las desventuras de Eliseo (Javier Cámara), un tipo bastante poco agraciado y que vive en el medio rural. Su gran drama es que nadie se enamora de él, y que encima no puede cumplir su sueño de estudiar música. Evidentemente, la cosa tiene que cambiar. Y lo hace cuando su cuñada (Carmen Machi), que ha sido abandonada y que tampoco es un ejemplo de belleza clásica, llega al pueblo para cuidar de la granja. El resto más o menos nos lo podemos imaginar.

Los chistes que propone Nacho G. Velilla están bastante vistos, y recuerdan a los de series como Siete Vidas o Aída, que él mismo creó. Tampoco la realización se caracteriza por su creatividad (en realidad, son dos horas de diálogo ininterrumpido), ni el guión (sazonado por historias secundarias, a la manera televisiva) por ser muy novedoso. Pero estamos ante una película complaciente, en la que la gran mayoría de sus potenciales espectadores se sienten muy cómodo. Además, en su reparto hay talento de sobra, algo que siempre ayuda en estos casos. En cualquier caso, lo mejor que se puede decir de ella es que supera los escasísimos logros de Fuera de carta, el debut de Velilla.

Planes para mañana ha sido la segunda película del día a concurso. Dividida en varias partes que se tocan en determinados momentos, narra la historia de cuatro mujeres, tres de las cuales se encuentran en un punto crucial de su vida. En torno a los 40 años, la idea de un primer embarazo, un divorcio o una nueva vida resulta realmente agitadora para estas mujeres, y para los que las rodean.

En su primer fragmento, la película parece una iñarriturriada (palabra de invención propia), con montaje fragmentado, rodaje con cámara en mano, percance automovilístico y Goya Toledo de protagonista. Pero en las dos siguientes partes, la cinta remonta. Hay un par de escenas filmadas con bastante intensidad (el reencuentro sexual, la discusión previa al accidente), y en general el film se deja ver, aunque no sea nada nuevo. Lo mejor es sin duda la presencia de Carme Elías, una de esas actrices capaces de lograr por sí mismas que una secuencia se vuelva poderosa. Mencionar también que la banda sonora se nutre con acierto de la moda de las cantantes folk españolas con letras en inglés. Annie B. Sweet, Alondra Bentley o las Boat Beam son algunas de las intérpretes que se pueden escuchar.

El año que murió Elvis inaugura ZonaZine

Hablar de la existencia de un cine español independiente es algo realmente quimérico. Rara vez sale adelante una producción nacional sin el apoyo de televisiones e instituciones. Así que se puede decir que las películas de ZonaZine son independientes más por la actitud con que están hechas que por otra cosa.

Un claro ejemplo de esto puede ser La noche que murió Elvis, debut en el largometraje cinematográfico (ya tenía experiencia en el televisivo) para el catalán Oriol Ferrer. Aureli es el extraño protagonista de la historia. Se trata de un hombre con una sensibilidad especial, y que tiene el curioso oficio de probar cosas. Su problema es que necesita recuperar un recuerdo, gracias al cual se puede resolver el misterio de la desaparición de Elvis, el actor que hace años interpretaba a Jesucristo en la representación popular de La Pasión.

La noche que murió Elvis es una propuesta realmente excéntrica. Tiene sus aspectos positivos, como la cuidadísima elaboración y expresividad de su fotografía y del apartado sonoro. Su problema es que al mejunje de thriller, imaginería religiosa, reivindicación del actor popular (la mayor parte del reparto está formado por intérpretes no profesionales) y denuncia de las sectas radicales le cuesta cuajar. De todas formas, no está exenta de interés, sobre todo para los amantes del cine de David Lynch en general y de Terciopelo Azul en particular (orejas amputadas vemos unas pocas).

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