Festival de Sevilla 2009: Clausura y conclusiones

Nothing personal

Decidí terminar mi periplo cinematográfico de casi diez días en el Festival de Sevilla 2009 asistiendo a la proyección de un clásico. If… de Lindsay Anderson, es una de las películas más representativas del Free Cinema británico, un movimiento cuyas películas siempre me parecieron mucho más entretenidas que las de la Nouvelle Vague. Al final de está crítica frontal contra los centros educativos, una serie de estudiantes rebeldes disparan contra todo lo que se mueve, incluidos sus propios compañeros. A mí, después de haber vivido intensamente este festival y a la ciudad que lo acoge, no me invade una sensación tan destructora.

Más bien al contrario, mis conclusiones sobre el Festival de Sevilla son más bien positivas. No tengo casi ninguna queja respecto a la organización, las facilidades para la prensa o la decisión del jurado. La calidad de las películas sí ha sido objeto de discusión entre los asistentes. Opino que salvo un par de excepciones (la inaugural Triage o La joven de las naranjas), podemos decir que no hemos visto ningún desastre en la Sección Oficial a concurso, y que algunas de las participantes mostraban un nivel notable (Lourdes, In the Loop o Nada personal). Además, nadie está obligado a ceñirse a la competición, y en otras secciones se han podido ver obras del calibre de La cinta blanca o Un profeta.

La clausura llegaba ayer con The last Pulcinella, de los homenajeados Mauricio Scaparro y Rafel Azcona. Se supone que este fue el último guión que escribió el genial autor de Plácido antes de morir, aunque no aparece acreditado en solitario. Es cierto que están en la película el toque humanista del escritor, la situación enredada y el toque de crítica social. Pero no es menos verdad que el film deja una cierta sensación de frialdad y que nunca alcanza un clímax, a pesar del potente transfondo de los incidentes en la periferia parisina, que acaban apoderándose del desenlace.

The last Pulcinella cuenta la historia de Michelangelo, un veterano actor que siempre interpreta al clásico personaje napolitano Pulcinella. Su vida personal es un desastre, y el hombre acaba en París, ciudad a la que ha huido su hijo. Allí encontrará un destartalado teatro en un barrio periférico, y tratará de montar, con la ayuda de jóvenes inmigranbtes que habitan la zona, una última versión de Pulcinella, basada en una idea nunca estrenada de Roberto Rosellini. Con esta trama, Scaparro pretende reivindicar el arte clásico en estos tiempos en los que no se valora, además de reconvertirlo en objeto para la catarsis revolucionaria.

Un festival de y sobre mujeres

Decía antes de comenzar el certamen que pretendía hacerme una ligera idea sobre la actual realidad del cine europeo. Bien, eso no ha sido posible. Lo que más ha destacado del Festival (especialmente de su concurso) ha sido el predominio de historias contadas por mujeres y con grandes personajes femeninos protagonistas. Es curioso por tanto que el premio al Mejor Director haya acabado cayendo en manos del húngaro Roland Vranik, autor de la polémica Transmission, a pesar de que más de la mitad de las contendientes eran realizadoras.

La situación de la mujer, sus anhelos, el despotismo que sufre por parte del hombre, sus heridas. De eso han hablado la mayoría de las películas a competición, y en general con acierto. En Fish Tank, la protagonista y su hermana pequeña sufren por los desvaríos de su libertina madre, y desarrollan un fuerte carácter que en el fondo esconde una sensibilidad a flor de piel. Una secuencia hacia el final, en que las tres bailan unidas al ritmo del hip hop, es una de las más hermosas que se han podido ver estos días. También hay una unión de mujeres, en esta caso frente a la tiranía de los hombres que abusan sexualmente de ellas, en la danesa When heaven falls.

Otro de los grandes personajes femeninos de este festival han sido la muy humana Mei, protagonista de un viaje de un pueblo perdido de China a Londrés en She, a chinese. Su problema es que siempre termina invadida por la soledad. Aunque esta también puede ser una elección, como en el caso de la chica sin nombre que protagoniza Nada personal, a la postre la película menos discutida del certamen. Su historia de amor con un irlandés mayor que ella se desarrolla de forma mucho más sutil que la de la burguesa Suzanne (estupenda Kristin Scott Thomas) con un obrero en Partir, de la francesa Catherine Corsini.

La figura femenina como objeto sexual por suerte ha quedado eludida, aunque Annie Nygaard en La joven de las naranjas o Catarina Wallenstein en Singularidades de una chica rubia, nos han demostrado que una simple visión puede conducir al amor. En contraste con ese dominio sobre los hombres, Mali, la protagonista de Jaffa, sufre la impotencia de ver como su romace es devorado por la tragedia, al mismo tiempo que sus padres y la sociedad la presionan. Gran interpretación de Dana Ivgy.

Además de la siempre misteriosa presencia femenina, el festival nos ha permitido también disfrutar de la capacidad de su mirada. Es el caso de dos de las premiadas por el jurado. Lourdes, de la austriaca Jessica Hausner (Mejor Película) y Pepperminta, de Pipilotti Rist (Premio Extraordinario) son dos ejemplos de estilos absolutamente contrarios pero igualmente válidos e interesantes. Las mujeres y su cine, más comprensibles y admirables gracias a este festival. Habrá que volver.

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