Festival de Sevilla 2009. Día 7: Desconcertante Trueba; el concurso prosigue sin sobresaltos

El baile de la victoria

Como de extraña puede calificarse la sensación que me ha dejado El baile de la victoria, la película que nos representará en la próxima edición de los Oscar. Aún teniendo momentos emocionantes y siendo muy entretetenida (sus más de dos horas se pasan en un suspiro), la cinta tiene descuidos que no consigo explicarme y que me desconciertan. Sirvan de ejemplo el fallido desenlace, el abandono del personaje de Ariadna Gil a mitad de metraje (lo que convierte al de Ricardo Darín en una mera comparsa) y los raros giros en el estilo de realización que plantea Fernando Trueba en la primera hora del film.

Me gustan las interpretaciones, sobre todo las de los jóvenes Abel Ayala y Miranda Bodenhöfer. Logran que me crea su apasionada historia de amor. Tampoco me chirría del todo el cambio de género constante. Pero aún así, muchas de las cosas que hace Trueba directamente no las entiendo. Y así es imposible que una película me acabe de conquistar, a pesar de que no me disguste del todo. Algo parecido me sucedió con su anterior (y ya lejana) incursión en la ficción, El embrujo de Shangai.

Respecto al concurso, hoy hemos tenido una jornada más tranquila que ayer. Ninguna de las dos particpantes ha llamado mucho la atención por lo negativo, pero dudo que alguien haya quedado rendido ante ellas. When heaven falls y She, a chinese comparten su condición de producciones europeas dirigidas por un realidor o realizadora de otro continente. Y en ambas hay mujeres no amadas por los hombres, que diría Stieg Larsson. Por lo demás, no se parecen en nada.

La danesa When heaven falls (hermoso título) es la historia más dura y descarnada que se ha podido ver hasta ahora en la Sección Oficial. Sara, una joven que fue dada en acogida cuando era niña, se entera de que su madre biológica ha muerto. Decide acudir al lugar del que proviene para encontrarse con su hermano, con el que se llevaba muy bien en su infancia. Allí descubrirá en lo que él se ha convertido y revivirá sus demonios del pasado, por los que ahora están pasando sus dos pequeñas hermanas, que no sabía que tenía.

When heaven falls, dirigida por el afgano Manyar I. Parwani, tiene cierta tendencia a caer en lo escabroso, y chirría enormemente en sus videocliperas secuencias lisérgicas. Por lo demás, hay que tener estómago para asistir en menos de dos horas a un recital de incestos, abusos de menores y neonazismo. Si se tiene, la película no carece ni de energía ni de una intermitente emoción, y se deja ver. Me resultó curioso el parecido temático con Celebración, también procedente de Dinamarca.

Por su parte, She, a chinese tiene como gran virtud la creación del personaje protagonista, una chica con la que terminas empatizando aunque tenga sus rarezas, o precisamente por eso. Mei trata de divertirse, de salir adelante, se enamora, rechaza lo que no le gusta, busca trabajo… En fin, hace lo que cualquier persona, y rezuma humanidad por los cuatro costados. Lástima que su periplo haya sido adornado por el extraño sentido del humor de la directora Xiaolu Guo, y que a la película le falte un punto de interés.

El periplo del que hablaba comienza en un pueblo perdido de China, en el que Mei se aburre de una forma sobrehumana. De allí pasará a una ciudad más grande, donde no termina de encajar hasta que se enamora de un asesino a sueldo. Cuando este toma de su propia medicina, la joven coge su dinero y se marcha a a Londres, la ciudad en la que ambos soñaban vivir. Allí compartirá su vida con un anciano viudo y con un joven indio, empleado de un local de comida rápida. Lo más triste de todo su recorrido, que acaba de forma incierta, es que Mei no recibe casi en ningún momento el amor que anhela.

Crítica: El baile de la Victoria

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