Festival de Sevilla 2009. Día 8: Última y mejor jornada del concurso

Nada personal, de Urszula Antoniak Pepperminta, de Pipilotti Rist

Ya era hora. Hemos tenido que esperar a la última mañana de proyecciones para la prensa de las películas a concurso para tener un día redondo. Nada personal y Pepperminta podrían perfectamente formar parte del palmarés del festival, que se conocerá dentro de un par de horas. Las dos proyecciones han sido recibidas con aplausos, especialmente la del largometraje de la videoartista Pipilotti Rist, en cuya rueda de prensa no cabía un alfiler, algo que no consiguió ni el mismísimo John Hurt.

Empecemos por la holandesa Nada personal, una historia de amor sencilla y contada con mucha delicadeza. La historia arranca con una joven desprendiéndose de su anillo de compromiso. Posteriormente, la vemos recorrer las carreteras de Irlanda, comportándose de forma airada y rebelde. Al final termina en la casa de un hombre maduro, que la contrata para que lo ayude a cambio de comida y alojamiento. En un principio se repelen, y deciden que no habrá relación personal entre ellos, pero ya se sabe como son estas cosas.

Nada personal es sin lugar a dudas una de las mejores películas que hemos podido ver en el concurso. Contar una historia como este y que resulte tan creíble no es nada sencillo, y la directora Urszula Antoniak lo ha conseguido. A través de secuencias sencillas y un ligero aliento poético (logrado a partir de influencias pictóricas en los planos, intimistas o paisajistas), los dos personajes van construyendo un amor infranqueable. Por supuesto, al estupendo resultado contribuye enormemente la labor de los actores. Al irlandés Stephen Rea lo conocemos de sobra, pero atención al magnetismo de la joven Lotte Verbeek.

Lo de Pepperminta es un poco díficil de explicar, pero trataré de hacerlo. Concebida a medio camino entre el videoarte y una película convencional, la prestigiosa Pipilotti Rist elabora una llamada naïf y alocada a la rebelión, a cambiar el significado de las cosas. Todo eso lo hace a través del personaje de Pepperminta, que vive en un mundo propio e imaginado, y que combate con su alegría a todo el que intenta impedir que lleve a cabo sus anárquicas ideas.

Pepperminta es un trabajo elaboradísimo, lleno de efectos de imagen, y protagonizado principalmente por los colores. La directora pretende enseñarnos que los conos que tenemos en nuestros ojos están capacitados para mirar más allá de lo habitual. Y es que precisamente de romper todo tipo de convenciones va la película, algo que llama especialmente la atención cuando se convierte en una fiesta la menstruación de la protagonista. Ya os digo que la ida de olla es considerable, pero poco a poco te va convenciendo, hasta que acabas completamente conquistado. La ovación del final ha sido la mayor del certamen, y el Giraldillo de Oro puede ser una realidad en unos minutos. Habrá que ver si el jurado presidido por Nicolas Roeg es capaz de tomar una decisión tan arriesgada.

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