Festival de Sevilla 2012: Haneke y Newell convencen por caminos distintos

'Amour (Love)'

Cada año, el Festival de Sevilla tiene dos o tres películas que llaman la atención de abonados y asistentes esporádicos hasta el punto de que es difícil conseguir una entrada incluso para los acreditados. En esta edición, esos films han sido ‘Grandes esperanzas’, ‘Holy Motors’ (salvo milagro, me parece que me quedo sin verla) y sobre todo ‘Amor’, el film de Michael Haneke que ganó en el último Cannes y que arrasó en las nominaciones de los Premios del Cine Europeo anunciados aquí mismo. Pues bien, tras un susto y una carrera junto al Guadalquivir, conseguí verla.

Ante una obra del calibre de Amor, que no se estrenará hasta enero, voy a optar de momento por una cierta contención. Ni un apunte pude anotar en la libreta dado el magnetismo que desprende la película. La historia, que muchos ya conoceréis a estas alturas, es sencilla y rotunda: una anciana cae enferma y vive sus últimos meses de vida mientras su marido la cuida sin descanso. El que pensaba que Haneke iba a utilizar este planteamiento para desplegar su crueldad, que vaya cambiando de idea. Esto no va de otra cosa que de amarse, en el sentido más profundo y genuino de la palbra.

Desde el primer momento, llama la atención el retroceso en lo que a «espectacularidad» se refiere respecto a ‘La cinta blanca’. La dirección de fotografía esta guiada por un ánimo realista; salvo por una secuencia al principio, toda la acción transcurre en un único espacio, y apenas hay más personajes aparte del matrimonio y su hija. Haneke vuelve a estar preciso con el bisturí en lo que es una película ceremoniosa y en apariencia sencilla, guiada por los impresionantes trabajos, muy diferentes, de Emmanuelle Riva y Jean-Louis Trintignant. Pero además, sin perder la frialdad que es su seña de identidad, Haneke introduce, con extraordinaria delicadeza, humor y ternura en un gran fresco sobre el amor y la muerte.

Si digo que Haneke es uno de los cineastas más en forma de la actualidad a nivel mundial, seguro que nadie se lleva las manos a la cabeza. Tampoco si afirmo que Mike Newell es uno de esos pocos directores que pueden ponerse al frente de prácticamente cualquier proyecto que desee, a pesar de haber errado un par de veces en la última década (no solo con ‘Prince of Persia’, también con la entrega de Harry Potter de la que se ocupó, que no estaba al nivel del libro). A Sevilla ha venido a presentar la adaptación que ha realizado con todo lujo de medios de ‘Grandes esperanzas’, una obra de Dickens que ya ha sido llevada a la pantalla varias veces, y no hace demasiado tiempo.

La de Newell es una adaptación bastante fiel al original, aprovechándose del imponente diseño de producción para recrear el Londres del siglo XIX lleno de contrates que tan bien describió Dickens. Aunque la película goza de una absoluta solidez, apoyada en la fuerza del relato, y su visionado está lejos de molestar, le falta encontrar un tono concreto y volar más allá de la corrección para llamar la atención en una programación como esta, llena de obras arriesgadas (entro posteriormente a ver una vieja película de Agnès Varda, Cleo de 5 a 7, y me resulta infinitamente más moderna y retadora). Eso sí, Helena Bonham Carter y Liam Neeson, ambos en roles secundarios, estarán presentes casi con total seguridad en la temporada de premios.

Por otra parte, dentro de la sección oficial hemos podido ver la griega Boy eating the bird’s food, que narra las desventuras de un chico joven que, a pesar de tener una hermosa voz, está en la ruina más absoluta y se alimenta de la comida de su pájaro. Un pasado, no especificado pero que se adivina traumático, le lleva a tomar decisiones un tanto extrañas que la impiden salir de su desesperada situación.

Discutible la obra que nos ha presentado Ektoras Lygizos, que maneja un lenguaje visual cercano al de los Dardenne, con la cámara pegada a la espalda de su protagonista, al que acompañamos en su errática existencia. Sin embargo, mientras los hermanos belgas optan por el realismo en el desarrollo de la historia, Lygizos parece decantarse por la alegoría, creándose una significativa sensación de extrañeza. Esa es al menos la impresión que me ha dado, ya que en caso contrario podríamos decir que el chico actúa sin seguir ningún tipo de lógica, rechazando las opciones que tiene de comer algo normal. Añadamos un par de momentos escatológicos tremedamente desagradables para completar el primer gran desconcierto del festival.

Seguid el día a día del SEFF 2012 en Notas de Cine.

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