Gary Cooper: Solo ante el peligro

Caratula de la peliculaCuando empezó el rodaje de Solo ante el peligro, Gary Cooper estaba en un momento delicado. La prensa había desvelado su romance con una amante de dudosa reputación y padecía una úlcera de estómago que pronto desembocaría en cáncer. Su prestigio y su salud estaban contra las cuerdas, así que no le debió resultar muy complicado lograr ese rictus de hastío del sheriff Will Kane. En su cara se refleja la amargura de quien es abandonado por su gente; en su andar desgarbado no existe la altanería del cowboy, sino el titubeo de quien se ve entre la espada y la pared. He aquí uno de los méritos de esta película: desmitificar el robusto carácter de los héroes del Far West.

Solo ante el peligro se rodó con una sencillez apabullante, sin grandes dispendios ni una trama rocambolesca. El director, Fred Zinnemann, jugó con un recurso muy efectivo: la acción se desarrolla en tiempo real. Son 80 minutos en los que el espectador asiste a una paulatina y angustiosa contrarreloj. Se sabe que en el ferrocarril de mediodía llegará un forajido con ganas de cargarse al sheriff por haberle mandado a la cárcel tiempo atrás. Will Kane, a punto de jubilarse y de casarse con Amy Fowler (Grace Kelly), necesita que el pueblo le devuelva los favores que él prestó en su día. Pero el pueblo se debate entre la cobardía y la hipocresía. Nadie tiene las agallas de pelear al lado del sheriff. Las manecillas del reloj avanzan inexorablemente. El ferrocarril llega puntual. Y Kane, haciendo gala de su sentido del deber, opta por hacer frente a su adversario.

Grace KellyLa película contiene mucho más. Hay un buen puñado de secundarios de los que nos bastan pinceladas para saber qué razones tienen para no apoyar a Kane. Razones que caen por su propio peso, en la mayoría de los casos. También hay lugar para el duelo entre féminas (Grace Kelly vs. Katy Jurado), presente y pasado de Will Kane. Pero sobre todo hay una tensión latente muy conseguida. Ver a Gary Cooper recorriendo la villa de arriba abajo, buscando ayuda, pidiendo consejo a su mentor, recibiendo una negativa tras otra, cada vez más solo, cada vez más acuciado por el peligro, impresiona. Luego todo se precipita: el sucio duelo cuatro contra uno, sin reglas que valgan, y la providencial aparición de Amy, permiten un desenlace tan inusual como espléndido: el sheriff, asqueado de la hipocresía del pueblo, lanza su estrella al suelo y se marcha sin decir una sola palabra; sin mover un milímetro su mueca de amargura.

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