Hou Hsiao Hsien: Tiempo de vivir, tiempo de morir

Tiempo de vivir, tiempo de morir es la película que hizo conocer a Hou Hsiao Hsien en el mundo occidental. Uno de los directores en actividad más aclamados y valorados por la crítica especializada internacional. Esta es una película que a ritmo de vida hará emocionarse a quien acepte su no díficil pero (para muchos) «lenta» propuesta.

CartelLa Nueva ola de Taiwán incluye a autores como pueden ser Tsai Ming-Liang, Edward Yang o el que hoy nos ocupa: Hou Hsiao Hsien. Allí una serie de cineastas parecieron ocupar ese lugar que en un fenómeno de memoria colectiva que es o ha sido necesario «llenar» (o, al menos, darle lugar e imagen). Estamos hablando de una generación de cineastas conscientizados y revindicativos de una identidad nacional propia.
Identidad nacional que se ha visto tambalente frente a los diferentes movimientos y cambios ya sea políticos, económicos o directamente sociales. En Taiwán el cine que abarrotaba las salas y las miradas era, más bien, proveniente de Hong Kong. Este «movimiento» viene a tratar de pararse, presentarse y «hablar» con una voz propia y autóctona que al tiempo que habla con sus propios dialectos reivindica el «pasado», lo «propio» y lo «autóctono» como tal.

Hou Hsiao Hsien nació en 1947 en la provincia de Guadong, China. Con padres maestros su familia se mudó a Taiwán cuando tenía un año. Como la misma película abordará, veremos y sabremos que creció en Fengshan, en la zona sur de la isla.
De adolescente (¡Ho si! ¡Maldita pubertad!) Hou empezó a interesarse por el cine. Ingresará a la Academia Nacional de Arte de Taiwán después de terminar el servicio militar en 1969. Allí se especializará en el arte cinematográfico. Empezó trabajando con personas como Li Sing. En 1977 realiza su primer obra: Un documental que el ejército le encargó. En 1980 rueda su primer largometraje.

Hou Hsiao Hsien es, actualmente, uno de los directores más personales e internacionalmente aclamados por la crítica especializada.
Con un cine personal proveniente de oriente y a pesar de que nos lo podamos encontrar, más o menos habitualmente junto a otros nombres (en programaciones, salas o ¿por qué no? Internet) como Hirokazu Koreeda, Takeshi Kitano, Park Chan Wook, Hayao Miyazaki, Jia Khang-ze o el ya mencionado Ming Lang (desde el mundo occidental y tomando en cuenta la parte del mundo de estas cinematografías) Hou Hsiao Hsien se revela como un autor con una sensibilidad, un lenguaje y una propuesta únic@s.

Entrando a la casa

En su cine ha preferido trabajar con dialectos autóctonos (y no el propio de la isla) como ser el hakka o el holo. Estos son tradicionales y más antiguos, siendo parte de la historia viva del lugar. Hsiao Hsien ha sido capaz de tomar a gente de la calle para que hable su propio idioma. Trabajando habitualmente con actores no profesionales sus encuadres y propuesta permite que esas personas, y esos cuerpos se muevan de forma extremadamente natural en sus planos, donde no está exenta la improvisación.
Hsiao Hsien parece no estar muy interesado en crear o filmar historias con un principio, nudo y desenlace. Parece tomar acciones que se dan de forma entera frente a la cámara. Esto ayudará a generar una temporalidad muy particular (si, lenta para lo que muchos acostumbrarán) que se irá guestaltizando en significante a medida que se de el transcurrir de la cinta.
Puede tomar una persona haciendo «a» desde x encuadre. Pero esto talvez empiece a tomar otro sentido cuando ya hayamos visto el encuadre «a» poblado de acciones o situaciones distintas enmarcadas en el cosmos fílmico en otra época, situación o personaje que; a partir de esa función que los elementos irán tomando pasarán a ser leiv motivs con significados propios.
En su propuesta, en esas puestas en escena; y a través de esa ritmicidad «del transcurrir» de la vida que allí se narra, retrata, o logra extraer surgirá poco a poco y de forma fermental el sentimiento y la reflexión sobre una realidad y un pasado que se re-presentiza (se hace presente, se re presenta) en la mirada de un hoy que llega a ser capaz de desatar lágrimas por lo que nunca existió como tal.

«Nostalgia de un tiempo que nunca existió» tal vez.
No sé, reconozco que «me he dejado ser» en esta escritura y esto es lo que ha emergido.

Hou Hsiao Hsien

Tiempo de Vivir y Tiempo de morir
Esta es una película que obtuvo el Premio de la Crítica en el Festival de Berlín y fue aclamada internacionalmente. Este film trajo la Nueva Ola del cine taiwanes a la atención mundial.
Es esta una obra biográfica que empieza enmarcada por las palabras del propio director y guionista. La familia se va de China Continental debido a que su padre ha obtenido un mejor trabajo. Poco tiempo después (en el cual Ah-Ah es un niño pequeño) debido a problemas de salud del padre se mudan hacía la zona sur (a Fengshan) de la isla. Que, para esta figura parental asmática, es más beneficioso.
Ah-ah es el nombre que recibe Ah-Hsiao (You Anshun), el protagonista, de su entrañable abuela (Tang Yu-Yuen). Ella le tiene un cariño especial debido a que un adivino dijo una vez que él sería un importante oficial.
Veremos como vive esta familia compuesta por madre, padre, abuela, hermana, hermano protagonista y dos hermanos (uno mayor y otro menor) en ¿la urbanidad? ¿la zona rural? de la ciudad.
Creo que para un espectador occidental actual puede ser bastante llamativo ver las condiciones en que viven. Es decir: No tienen agua caliente (o sea, tienen que calentarla y bañarse sin ducha), trabajar a mano en el día a día. Los niños corretearan constantemente por ahí mientras la abuela dice que quiere volver a China.
El padre será una figura de una presencia constante, que aparecerá a su vez en un silencio absoluto (roto un par de veces). La cantidad de diálogos que se dan en la casa se reducen a cosas bien prácticas en un principio. La afectividad y la emoción parecieran estar como solapadas (no ausentes) en lo que son siempre conversaciones con un tono que parece «bajo» y/o «común».

Hay una secuencia en la cual, la familia está dentro de la casa y sobre todo el padre cuenta la triste historia de un chico que ellos podrían haber llevado (cuando se fueron) a la isla. Toda la familia está presente allí, pero es impresionante el hecho de que solo se escucha su voz, mientras vemos los diferentes encuadres (de las diferentes «habitaciones») donde están colocados los diferentes familiares.
La historia es fuertísima y extremadamente triste. Pero el tono de su padre es tan tranquilo (además de ser la única voz que se escucha) que la escena logra una fuerza y emotividad que veremos descomprimirse apenas en las lágrimas de la madre.

Y es que podemos dividir la película en dos mitades. La del desarrollo, crecimiento, adaptación y vida en la ciudad. Y la que consiste en la desaparición, que se irá dando, de algunos de los familiares; con un protagonista mayor de edad que se ve bastante tambaleante debido a los propios vaivenes de su vida.
En este sentido puede hacer recordar a «Los 400 Golpes» o «Pather Panchali» de Satiajit Ray. Con una puesta en escena, unos planos, una profundidad de campo, una forma de contar y un transcurrir del tiempo que será inevitable pensar sin recordar a Yasujiro Ozu.
En fin: Se las recomiendo.

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