Jeff Bridges, nepotismo ilustrado

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Todos sabemos quién es Jeff Bridges. Pero pocos saben quién no ha sido. No ha sido el Matt Hooper de ‘Tiburón’, el Zack Mayo de ‘Oficial y Caballero’, el Snake de ‘1997: Rescate en NY’, el Sonny Crocket de la serie ‘Corrupción en Miami’, John Rambo en ‘Acorralado’, el Quaid de ‘Desafio total’, el Capitán Willard de ‘Apocalypse Now’, el Joe Cole de ‘Doce monos’, Bruce Wayne en el primer Batman de Tim Burton, Indiana Jones en ‘En Busca del Arca Perdida’, el R.J. McCready de ‘La Cosa’ o el Travis Bickle de ‘Taxi Driver’. ¿Se puede sobrevivir a todo esto y acabar triunfando? Ya lo creo que sí…

No duda en definirse como fruto del nepotismo, “se me habrían muchas puertas con facilidad”. Su padre, el actor Lloyd Bridges, le cogió de la mano para introducirle de lleno en el mundo del cine. Los primeros pasos eran los más difíciles, pero los consejos que recibía de él tenían un fuerte carácter didáctico y pragmático a la vez: «Escucha, no sólo esperes a que la boca de tu compañero deje de moverse. Escucha, y entonces responde». Tan sencillo como parece. Su motivación, en cambio, era bien distinta: “Yo acepté trabajar por librarme de la escuela”.

Sin embargo, su mensaje caló hondo. El amor y dedicación que su padre brindaba al séptimo arte era demasiado contagioso. No en vano, con el paso del tiempo ahora es el propio Jeff el que adoctrina con asombrosa frialdad. Mantiene que el secreto de una buena actuación es «hablar y hacer poco, y cuando alguien te pregunta, responder». ¿De tal palo tal astilla?. Táctica antigua pero no desfasada al parecer. «Los mejores actores americanos lo hacen así. Se trata de disparar, decir buenos días y quedarse plantado”. Está bien, estamos de acuerdo en que no llenaría un manual de instrucciones con sus recomendaciones, pero daría que pensar a muchos…

Pero, ¿Es Jeff Bridges un hombre interesado en el éxito? «Eso depende. Si por triunfar entendemos ganar dinero, eso es una cosa. Pero quizás eso no representa lo más importante, sino el ser capaz de cambiar de vida». La suya, está plagada de sucesos que marcan toda una carrera. Nos referimos a la ya mencionada juventud sobre terreno allanado, del éxito adolescente cautivador pero baldío, “las chicas me adoraban”, de su adicción a la marihuana a los 17, de su también coqueteo con otras sustancias ilegales que obligaron a sus progenitores a tomar cartas en el asunto, de convertirse en actor ‘reputado’ gracias a Peter Bogdanovich, de ir encadenando papeles cada cuál más legendario, de potenciar una vertiente bohemia propia de su ciudad natal (LA), de ser admirado y que su generosidad y simpatía en los rodajes sea vox-populi… Comprometido, liberal y evangelizado como uno de los actores vivos más grandes, “más icónico que John Wayne» según los Coen, conviene dar cuatro o cinco brochazos a la estela que ha dejado dentro y fuera de nuestras pantallas. Y para comenzar, empecemos por el final.

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Por alusiones, su último trabajo con los Hermanos Coen, ‘Valor de Ley’, será uno de los más recordados. En la nueva adaptación de la novela de Charles Portis, el marshall que Bridges interpreta está a la altura (o supera) al de ‘El Duque’ de la cinta original. Letal y valeroso pero ajado por el paso del tiempo, su personaje guardaba una ligera diferencia con el original. «John llevaba el ojo izquierdo tapado, y yo el derecho. Ni idea de por qué es así”. Y avisa. “No tiene ningún significado político». Esta advertencia no es casual. A Jeff Bridges se le conoce por su tendencia liberal, políticamente hablando. De acuerdo, no es Tim Robbins manifestándose contra el aparato republicano, pero nunca se ha preocupado por ocultar sus ideales.

En 2009 ganó el Oscar por ‘Crazy Heart’.En ésta era un cantante de música country, alcohólico, que se enamoraba de una joven periodista. “Con mi personaje comparto el miedo al fracaso”. Resulta interesante ver como Bridges construyó un rol que se apartaba del arquetipo hollywoodiense de total looser con talento. “He pasado mucho tiempo en Alcohólicos Anónimos, pero no quería pensar en eso mientras rodaba”. El tiempo le ha brindado a Jeff cordura, hasta tal punto que no duda en señalar conflictos pretéritos que parecían ya enterrados. “Ya no bebo cuando trabajo. Ya cometí ese error en el pasado”. No siempre tener éxito es una bendición, pero sin duda, da la posibilidad de poder aprender a gestionarlo. Esto sí lo es.

Pocas veces uno tiene la oportunidad de construir un personaje como El Nota. Pasota, irreverente, descuidado pero con un intenso e inexplicable afecto por una vieja y sucia alfombra. El desencadenante de una de las tramas más surrealistas propuestas por los Coen, proporcionó a Jeff Bridges la base necesaria para construir un mito dentro del mundo del cine. Cada vez que volvamos a ver a un individuo ataviado con una indescriptible combinación de albornoz/bata, chanclas, gafas de sol y camiseta de saldo, nos acordaremos de él. El excelente guión daba pie a las situaciones más inverosímiles donde El Nota se movía con semblante estupefacto (y estupefaciente). Sin embargo, lo que no muchos saben es que dudó a la hora de aceptar el papel. ¿El motivo? El mal ejemplo que podía darle a sus dos hijas. Jeff pensaba que ver a su padre convertido en un vago y poco higiénico fumador de hierba daba pie a la confusión. Afortunadamente, el sentido común prevaleció. Una de ellas, imperturbable y mesiánica a partes igual le aleccionó convenientemente: “Papá, sabemos que no eres tú. Sabemos que cuando besas a otra mujer en las películas sigues queriendo a mamá. Sabemos que eres un actor. Lo sabemos”. Echando la vista atrás, el pequeño de los Bridges considera su decisión final acertada. ”En mi escala personal está al mismo nivel que El Padrino”. Pero tranquilos, matiza: “Cuando están echando El Padrino en la tele, me paro a ver un par de escenas y termino viendo el film entero. Me pasa lo mismo con El Gran Lebowski”. Ahí no se le puede quitar ni un ápice de razón.

Lo más sorprendente de todo es que el cine no constituye una de sus grandes pasiones. Cierta debilidad y mucho compromiso, pero sin poner altas expectativas en sus reglas. Invita a que este sentimiento y deseo sea mutuo, por lo menos en lo que a su interpretación se refiere «Prefiero que nadie tengan demasiadas esperanzas respecto a mí o a mi trabajo». Lo que a Jeff Bridges le cautiva realmente son otras disciplinas artísticas al margen del cine (que sí, que a veces incluso lo es). Hablamos de música y pintura. Hablamos de fotografía. Pero esto merece un párrafo aparte.

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La pintura. Y no de brocha gorda. Sus bocetos y diseño han sido famosos en más de un rodaje. Ha sido requerido en numerosas ocasiones por sus compañeros para ser modelos de sus esbozos. Sin embargo, no suele admitir posados a la hora de los retratos, ‘salvo alguna excepción o propuesta que sea irrechazable’. Las condiciones de estas salvedades, y las circunstancias que las rodean, permanecen ocultas de momento. Sólo un aviso para navegantes, ciertos rumores indican que las colecciones de pinturas creadas durante ‘K-Pax’ o ‘Una mujer difícil’ pondrían en evidencia a más de un artista ‘reconocido’. Ellos serán los menos interesados en que éstas vean la luz.

La música. Él mismo se autodenomina un talentoso de la guitarra. Y viniendo de él, modesto por naturaleza, es todo un aval. Brian Wilson y los Beach Boys fueron en su día sintonía de cabecera. Algunos años después, Jeff Bridges grabó su primer disco, Be here soon, con la discográfica Ramp Records que fundó con su colega Michael McDonald y Chris Pelonis. Ha cantado con el propio McDonald, Amy Holland o Elvis Costello. Incluso Elton John le ha propuesto hacer un dúo. Él siempre ha dicho que, si es musicalmente hablando, encantado.

La fotografía. Es una historia de amor que se remonta a sus años de instituto. Pasión es un epíteto ridículamente corto para definir su relación con ella. Era entonces cuando este placer se podía entender como más “artístico y desinteresado”. ¿Su modus-operandi? Hace las fotos con la panorámica Widelux, «sé que soy un vago, pero es la cámara que conozco», acierta a disculparse. No es éste el único delito que confiesa. «Ahora saco fotografías por egoísmo, para editarlas en libros cada vez que hago una película y regalarlos a todo el equipo al final de la película y guardar así un intenso momento de nuestras vidas que poder revisitar”. Es una forma curiosa de simplificar el egoísmo. Por lo general, todos coincidiríamos en que rescatar los recuerdos de una etapa vital y recopilarlos para el uso y remembranza general dista mucho de ser nombrado pecado capital. No en vano, en 2003, Power House Books publicó su primera monografía, Pictures, colección estampa del costumbrismo que invadía los platós y de los secretos que se agolpaban entre bastidores en los rodajes de sus películas durante los últimos 25 años. La recaudación se destinó al Motion Picture & Television Fund (una fundación de ayuda para trabajadores de la industria del cine y la televisión). La mala noticia es que el frenesí de aquel entonces pasa por sus horas más bajas. “Cuando saqué el libro con todas las fotos que llevaba haciendo durante años tuve la impresión de que ya había tocado techo y no me entusiasmaba seguir haciéndolo.”

Para Jeff Bridges hacer cine “es un proceso muy emocional”. Estar lejos de su familia durante muchos meses es una rémora para él. Además, conoce las reglas del juego, si de repente tienes éxito con una película, encadenas otras de manera consecutiva y esta arrolladora bola de nieve se convierte en un alud muchas veces insalvable. Egoístamente, ahora sí, nosotros queremos verle cuanto más mejor en pantalla, queremos que los directores de sus filmes sepan que obtendrán un vasto material fotográfico de los rodajes, que siga con su vena inquieta a la hora de explotar cualquier nueva disciplina, que siga fumando sus dos paquetes de cigarros diarios (en los emplazamientos adecuadamente adaptados para ello), que continúe exhibiendo una inclinación política liberal desde el respeto que siempre ha profesado… En definitiva, que siga habiendo un fondo de armario tras la figura del actor, que no se hable sólo de cine o que cuando se haga un monográfico sobre él aparezcan no resulte insólito que aparezcan nombradas en mayor número las películas en las que no ha trabajado que en las que sí lo hizo. No se trata más que de otro arte que también ha dominado, y del que conserva los sabios consejos de su padre. «Mi sistema se basa en el intento permanente de no trabajar. De verdad que trato de no aceptar los guiones que me ofrecen». Sí, sus amigos también le llaman El Nota.

Jeff Bridges

En Notas de Cine | Todo sobre Jeff Bridges

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