John Carpenter y El Príncipe de las Tinieblas

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Título original: Prince of Darkness
Director: John Carpenter
Intérpretes: Donald Pleasence, Jameson Parker, Victor Wong, Lisa Blount
Género: Terror
Año: 1987
Duración: 97 min

Si hace poco dedicabamos un artículo a la nueva moda del cine de terror, he tenido la fortuna de poder repasar algunas de las películas de John Carpenter , director nacido en 1948 y cuyos films dejan literalmente en pelotas a muchas de las películas más populares de dicho género. Repudiado por la misma industria para la que ha trabajado, por ser demasiado outsider para el sistema (tema este sistemáticamente repetido de una manera u otra en su obra), Carpenter es uno de los directores de terror y acción que suscitan más influencias y movimientos de culto como alternativa al reconocimiento crítico.

El Prícipe de las Tinieblas reincide en la clásica temática carpenteriana de un grupo de personajes, en este caso científicos universitarios, encerrados en un lugar -una iglesia- haciendo frente a una amenaza sin rostro. El acoso a un lugar cerrado como excusa para desarrollar una narración ha servido a Carpenter en Asalto a la comisaría del distrito 13, Fantasmas de Marte o La Cosa, y proviene de la afición del autor al western clásico –Río Bravo– del que provienen la mayoría de sus formas y maneras. El Diablo vuelve para reencarnarse a través de un misterioso fluído encontrado en una Iglesia de Los Ángeles es sólo la excusa para la elaboración de un film de horror a revisar.

Tras una breve y modélica presentación de personajes y situaciones -que se alargan a lo largo de un intercut entre ellos y los títulos de crédito de la cinta, ilustrados por la lograda banda sonora del propio Carpenter-, el director de La Cosa empieza el film con un ritmo pausado pero a la vez totalmente absorvente, extrañamente trepidante, absolutamente cinematográfico y que resulta prolongarse a lo largo de más de la media hora inicial del film -funcionando casi como una sola escena en continuidad aglutinada por la música, el montaje, el dominio del ritmo en general-. El film deja una sensación de ser tan compacto y milimétricamente pensado que resulta una experiencia cinematográfica notable.

Carpenter utiliza con limpieza el scope, y en el film encontramos su habitual, y magistral, uso del formato panorámico en lugares cerrados y claustrofóbicos, en los que enmarca con extraordinaria habilidad gran número de personajes en composiciones la mar de apañadas (atención a una de las reuniones del grupo de ciéntíficos mientras una de las integrantes es atacada en el sótano).

Con ajustados recursos visuales Carpenter narra bien, pero además narra convencido de lo que cuenta, sin dejarse avasallar por filosofías caducas que menosprecien su actividad de artesano o de artista de un género, el de terror, en beneficio de otras. Carpenter decide dedicarse a lo que hace por que le da la gana, no por necesidades comerciales, y eso se nota: a lo largo de su filmografía transmite sus filias y fobias rematando un universo personal reconocible.

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