Kairo

Hace 20 minutos que veo titilar el cursor en la pantalla en blanco. Intento pensar como empezar este artículo sobre la película que acabo de ver. Es difícil esbozar una sinopsis sobre esta cinta sin simplificar demasiado la trama. Hacer un resumen de su argumento dejaría fuera muchos de los detalles y subtextos que el director y guionista, Kiyoshi Kurosawa (No guarda parentesco con Akira) ha intentando plasmar en este espectacular film.

La historia se centra en la ciudad de Tokio, metrópolis tecnologizada por antonomasia, en los años en que Internet comenzaba a tomar vuelo. Las líneas narrativas son dos que se vuelven una con el transcurso del film. Un resumen injusto del argumento como punto de partida, sería más o menos éste: Una joven decide ir en busca de un amigo que hace días que no da señales de vida. Ésta, va en busca de un diskette que debe recibir por parte del joven. Cuando llega a su casa, lo encuentre un tanto introspectivo. Momentos después, mientras ella busca el disco, el joven se suicida en el cuarto contiguo. Mientras pasa todo esto, en otro rincón de Tokio, un joven se conecta por primera vez a Internet y su computadora abre automáticamente a una página web que muestra imágenes de personas solas, en habitaciones en penumbra. La secuencia de fotos termina invitándolo a conocer fantasmas.

No confundir. Es de fantasmas, pero no solo es una película de terror. Es compleja, difícil de digerir para quien no esté acostumbrado a ver cine de origen asiático. A algunos les parecerá larga y hasta aburrida. Tampoco la recomiendo para empezar con este tipo de cine. Una buena forma de comenzar, es con películas que si bien tienen una impronta y un estilo bien marcado, se parecen un poco más a lo que está acostumbrado a ver el gran público. Como pueden ser Ringu o Ju-on :The Grounge (Ambas con remake norteamericana, que raro).



El cine asiático, se caracteriza, entre otras particularidades por su reticencia a explicar demasiado que está pasando. Todo esto condicionado por la experiencia que tenemos la mayoría de nosotros de tanto ver películas yanquis, que mas que darnos las cosas masticadas (como dice David Lynch) ya nos lo dan todo digerido.

Kairo, no es la excepción. La reticencia, es más bien, uno de los rasgos de este film. En ningún momento sabremos demasiado de lo que estamos viendo y esto es adrede. No se trata de un guión mal escrito o de ineptitud a la hora de relatar. Yo diría todo lo contrario. Los hechos se van tejiendo, focalizando en la vida de los personajes que protagonizan esta historia. Hay gente que muere. Sus cadáveres desaparecen dejando una mancha negra en la pared o en el suelo y no sabemos por qué. Ni lo sabremos gracias al director. Kurosawa intenta y logra mostrarnos a los personajes de esta cinta como personas solitarias, como seres autónomos y autoexcluidos. Metáfora si se quiere de los días que estamos viviendo gracias a las nuevas “herramientas de comunicación” y a la alienación en la que nos vemos inmersos.

Todo esto, filmado soberbiamente por la capacidad de este director que ha ido ganando un lugar gracias a la exhibición de sus películas en festivales de renombre alrededor del mundo.

La dirección de arte, está al servicio de la historia, como debe ser. Los espacios son claustrofóbicos y escalofriantes. No al estilo norteamericano con paredes derruidas y empapelados rotos. Es algo que no está de manifiesto. Está dado por los climas generados gracias a al uso exacto de los recursos narrativos que el cine pone a disposición de los artistas. Los colores desaturados y la ausencia casi total de sangre hacen que el miedo venga por otro lado. El uso de fábricas abandonadas, apartamentos minúsculos, y calles desoladas hacen de la elección de locaciones otro acierto de este film. Materiales como el cemento, el nylon y la madera, predominan en los decorados colaborando con la creación de climas que mantienen en vilo al espectador. La sangre es suplantada por objetos o vestuario color rojo, recurso utilizado de forma muy sutil dando grandes resultados. El manejo de la cámara, que solo se acerca lo suficiente a los personajes en momentos clave, está situada siempre en el lugar correcto. La majestuosidad en los planos generales y la utilización de efectos especiales que no intentan protagonizar la película, sino que están al servicio de la misma, hacen que el relato fluya sin que podamos despegar un segundo los ojos de la pantalla.

La banda sonora y el montaje van de la mano. No podría comentarlos por separado. Dejando de lado el uso común que se le da al corte directo y a los golpes sonoros en el cine de terror, para generar sorpresa o sustos momentáneos que no llevan a ningún lugar, en este caso son utilizados para generar cambios en la percepción del espectador. Para sacarlo de un estado para meterlo en otro. La utilización de cortes directos acompañado de golpes sonoros de ruido rosa están directamente relacionados con los aparatos electrónicos que son parte del film.

En definitiva. Es una película de terror, pero no la típica película chata que busca asustar falsamente. Es cine de autor contenido en un género popular. Es un drama con escenas que dan miedo. Es una película de catástrofe pero sin escenas efectistas.

Éste film sufrió una remake en el año 2001. Si, la sufrió. Se llama Pulse y es una versión muy diluida y pauperizada bien al estilo yanqui. No recomendable para nada. O si, pero después de ver la original y darse cuenta de una vez, que no hay nada mejor que las primeras versiones. Que las películas no se hacen de nuevo para hacerlas mejor, si no para adaptarlas a otros mercados. Con la consiguiente pérdida de calidad.

Si buscan una película explicativa con lujos de detalles. Están equivocados. Van a encontrar un film plagado de preguntas que no se responden. Incógnitas que perduraran hasta terminado el metraje.

De más está decir que es un director para seguir viendo. Para estudiarlo y para aprenderlo. Sus películas traen un mensaje debajo de la trama. Hay una intención más allá del entretenimiento que puede suponer una película de género. Hay una intención de decir algo. Y eso debería ser el cine. Un mensaje entretenido. Una expresión artística que nos ayude a pensar en lo que nos rodea y buscar una manera de cambiar lo que creamos que no está funcionando.

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