«La Conversación»: El Panóptico de Coppola

La ConversaciónEn 1974, Francis Ford Coppola combinó un homenaje a “Lobo Estepario”, el relato de Herman Hesse con otro, más grande, a “Blow Up” (1966) de Michelangelo Antonioni. También ayudó que, muy recientemente, Estados Unidos había atravesado una de sus crisis institucionales más graves con el escándalo Watergate. Coppola reemplazó la obsesión por lo visual del fotógrafo protagonista en el thriller del realizador italiano por otra sobre lo auditivo en un universo que gira alrededor de la vigilancia en “La Conversación”.

Harry Caul (Call, casualmente, en fonética, suena como Call: llamada o llamado) es un técnico especializado en vigilancia. En el inicio del film, ha plantado una serie de micrófonos para seguir la conversación de una pareja en una plaza pública. La razón de semejante despliegue no queda clara. No importa, Harry no hace preguntas, sólo hace su trabajo. La cámara, liberada de sus ataduras, se mueve con libertad, espiando tanto como los micrófonos de Harry. La conversación, la que habrá de convertirse en el centro de todo conflicto, transcurre entre estática, silencio, y ruidos de fondo.

Tras ese proceso de invasión de la privacidad, Harry prosigue a limpiar el sonido y elaborar un montaje. Como un cineasta cualquiera, Harry toma un material en crudo y construye algo que puede o no haber estado ahí. Si bien Caul quiere creer que está reconstruyendo hechos objetivos, desde el momento en que opera sobre la grabación, los sentidos posibles comienzan lentamente a multiplicarse. Además, la conversación es lo suficientemente ambigua para elaborar una serie de lecturas probables.



La ConversaciónLa asepsis, el alienamiento, la soledad. Harry usa un piloto permanentemente, como aislándose de todo posible contacto con lo que lo rodea. Usa lentes gruesos, como si no pudiera ver sin aumento así como no puede escuchar sin el aumento de sus máquinas. Incluso tiene una novia, que sólo ve de noche y la cual no tiene siquiera como contactarlo; de hecho, hasta le cuesta quitarse la ropa delante de ella y, ante su creciente curiosidad, termina por alejarse. Siendo el epítome del espía anónimo, la discreción, la obsesión y la paranoia son esenciales para su profesión.

A diferencia de la saga “El Padrino”, donde Coppola había optado por colores cálidos, “La Conversación” es fría, dura, llena de claroscuros. Las sombras son los huecos en la maquinaria de Caul. A medida que limpia la cinta, cree descubrir los planes para un crimen, pero su cliente, el que ordenó la vigilancia, se muestra igualmente misterioso. Harry, esencialmente, queda solo con su grabación, repasándola una y otra vez.

Un film reciente, “La vida de los otros”, presentaba a un personaje similar, otro técnico que, confrontado con un conflicto moral, entra en crisis. Pero, a diferencia del film alemán, Coppola no soluciona, no le da una salida a Caul. El está enfrentado con ese material grabado por él mismo, sin posibilidad de constatar, de aclarar aquello que escucha cada vez que presiona “Play”.

Como en “Blow Up”, donde el fotógrafo seguía ampliando la imagen hasta que esta perdía sentido, Harry revisa su cinta hasta que se vuelve una serie de significantes sin significado único. La vigilancia, la aspiración a poder controlar las acciones de otro, se vuelve una ciencia inexacta. Harry, esencialmente, pierde el control.

Michel Foucault, en su “Vigilar y Castigar”, traía a colación las teorías de Bentham sobre el Panóptico, una estructura carcelaria donde la vigilancia se volvía tan invisible y perfecta que el propio sujeto observado terminaba autodisciplinándose. Watergate había traído conflictos similares, y, entonces, Coppola elabora esta oscura fábula sobre el poder. Harry se piensa todo poderoso, una leyenda, el mejor en su área, pero capacidad de influencia se expande mucho menos de lo que él piensa. Las primeras escenas, donde todo aparece iluminado de forma pareja, va siendo reemplazado por una presencia cada vez mayor de sombras; la duda transforma a Harry en un observado más, el vigilante se descubre él mismo vigilado.

La ConversaciónAsí como el protagonista se esfuerza por limpiar el sonido, de esa manera volviendo cristalino el sentido, la música (el único momento íntimo es cuando Harry toca el saxofón en su casa) va rotando hacia un Free Jazz donde la melodía, el orden, el cosmos de Harry Caul, se hace trizas. Cinematográficamente hablando, Coppola, como toda su generación, destruye la falsa transparencia del cine clásico, donde todo queda claro y clausurado.

Watergate trajo lo que incidentes como el asesinato de JFK, su hermano Bobby, Martin Luther King o Malcolm X no habían podido. Junto con la Guerra de Vietnam, Watergate fue probablemente la otra gran crisis institucional de Estados Unidos. Curiosamente, un año después de “La Conversación”, Sydney Pollack habría de dirigir a Robert Redford y Faye Dunaway en “Los tres días del Condor”, otro film de espías, donde el protagonista, que trabaja para la CIA, sin saberlo, descubre lo que no debería y pasa a ser perseguido por sus propios empleadores. El escándalo protagonizado por la administración Nixon había traído un gran descrédito para todo el sistema como tal, poniendo en evidencia la necesidad y el deseo de poder de extender su control sobre los ciudadanos.

La tragedia de Harry es que, independientemente de la veracidad o no de sus hipótesis sobre el contenido de la cinta, de lo que se da cuenta es que él estaba dentro de alguna de las celdas de la prisión panóptica cuando pensaba que no lo estaba.

Enlaces externos:

El Panóptico de Jeremy Bentham
Ensayo sobre «La Conversación»
Un interesante site auspiciado por Zoetrope, como curiosidad

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