La piel que habito: Renovando la transgresión

La piel que habito

Tras alcanzar con ‘Hable con ella’ la cima artística y el mayor grado de reconocimiento de su carrera, Pedro Almodóvar no pudo evitar que su obra tomara una senda un tanto errática. El laberinto con tintes autobiográficos de ‘La mala educación’ y la simpatía costumbrista de ‘Volver’ parecían como creados ante un espejo que reflejaba el peso del trabajo previo del realizador, sus incontestables logros. En ‘Los abrazos rotos’ la autoconsciencia autoral empezó a jugar a favor de Almodóvar, con una parte final que remitía sin complejos a Mujeres al borde un ataque de nervios«.

Con La piel que habito, el director manchego da un paso definitivo en esa dirección. Ni los humoristas que lo parodian en televisión habrían creado una historia tan retorcida y enfermiza como la de esta película. Almodóvar lleva a sus personajes a un enredo extremo, pero impide que, como en otras ocasiones, sus sentimientos se desboquen (la salvedad la encontraríamos en el elocuente plano final, pero un apropiado corte impide que la situación vaya a más). Tampoco en sus intenciones está el comentario ético (la trama científica es más bien ciencia ficción, y queda pronto fuera del film) ni social (aunque la fortuna de Ledgard, cirujano plástico, proviene de la superficialidad de las élites).

El placer estético a través de la contundencia formal es el objetivo de La piel que habito. Almodóvar no deja que su película respire ni un segundo. Las composiciones con un fuerte componente horizontal (como los cuadros que cuelgan de las paredes de la casa de Ledgard) y los precisos movimientos de cámara son constantes. La carnavalesca aparición del felino con un pene descomunal o la orgía de felaciones junto al pazo son filmadas con delirante maestría. Incluso la música de Alberto Iglesias se sumerge con atrevimiento en sonoridades electrónicas y disonantes, coincidiendo con las partes más oscuras del film.

No es casual la presencia dominante de pantallas de vídeo en la casa en que transcurre la mayor parte de la acción. Parece como si Almodóvar hubiera sido al fin capaz de contemplarse como cineasta con total claridad. Y a partir de ahí ha conseguido brillar por primera vez desde la opulencia. Al mudar la piel, su cine ha renovado el espíritu transgresor con el que nació.

En Notas de Cine | Tráiler de La piel que habito | Crítica de La piel que habito (por Julio Vallejo) |

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