La sombra del poder no es periodismo

La sombra del poder no es periodismo

En torno al año 2003 la televisión británica emitió una miniserie, La sombra del poder (State of Play), que tuvo muchísimo éxito. La encargada de su difusión fue la BBC. Seis años después aparece su remake o, mejor dicho, su adaptación a la gran pantalla. En ambas un congresista y un reportero se ven envueltos en un caso de brutales asesinatos que, aparentemente, no tienen relación entre sí. Conspiraciones político-periodístico-policiacas en pleno siglo XXI. Ver crítica: La sombra del poder.

En la de ahora, la persona encargada de dirigirla ha sido Kevin Macdonald, conocido por otros filmes como El último rey de Escocia, protagonizada por el actor Forest Whitaker, así como otros documentales no tan llamativos. Russell Crowe, Ben Affleck, Rachel McAdams y Helen Mirren ponen el broche de oro a una cinta excepcional que convence, entretiene y levanta el ánimo. Por cierto, soy periodista y tengo una opinión.

La sombra del poder es una buena y conseguida película que, como digo, entretiene y te mantiene atado a la silla, no como Zodiac, pero si lo hace a su manera. Lo que vengo a criticar aquí es el modo en que se trata a la profesión periodística. Basta ya de vendernos el estereotipo del Washington Post, del Global o del The New York Times, basta de hacernos creer (y menos a los periodistas) que existen tipos como el personaje que Crowe interpreta. Quizás la cinta me ha hecho más daño ahora porque nos encontramos en medio de una crisis económica mundial que nos afecta a todos y, por ende, también a la profesión periodística.

Los supermanes no existen y los periodistas como Cal McCaffrey (Rusell Crowe) tampoco, al menos, en el mundo en que yo vivo. Si por eso fuera poco, se esfuerzan en mostrárnoslo como un tipo entrado en kilos (gordo), fanático de la comida rápida (fast food), con algún que otro problemilla con la bebida (alcohólico), desordenado a más no poder en su lugar de trabajo (sucio), con una vida personal descontrolada (soltero) y proclive a las relaciones esporádicas (un golfo). Pero quizás, lo que más me irrita de la película de Macdonald es que antepone su trabajo como periodista ante cualquier tipo de amistad o lazo familiar, y es que, ante todo «hay que contar la verdad».

Con el personaje de Affleck, el congresista, si estoy más de acuerdo. Y no diré más al respecto. Sin embargo, ni Helen Mirren, como directora del periódico, ni Rachel McAdams, como becaria ‘pobrecita’, me han transmitido lo que, en mi opinión, considero es un periodista.

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