Las mejores comedias románticas

Desde que en 1989 se estrenase Cuando Harry encontró a Sally, la comedia romántica se ha convertido en uno de los géneros ligeros por excelencia. Actualmente, este tipo de comedias se multiplican por doquier haciendo pasar por pantalla a sucesivas musas del género, para el deleite de los (sobre todo, las) fans. Las comedias que consumimos hoy en día beben directamente de las convenciones establecidas durante el periodo clásico, con Ernst Lubistch y sus comedias sofisticadas a la cabeza, donde los diálogos mordaces e hilarantes retratan los modos y maneras de la alta sociedad. Inolvidables son, por ejemplo, Ser o no ser, Lo que piensan las mujeres o Una mujer para dos. George Cukor (Historias de Philadelphia) o Billy Wilder (La costilla de Adán) son claros precedentes de los filmes que giran alrededor de lucha de sexos. La modernidad de la comedia romántica, sin embargo, llegará de la mano de Woody Allen, que consigue atrapar parte del aura mágica de los clásicos en películas como Annie Hall o Manhattan.

Llegados los años 80 y 90, las divas de la comedia romántica se vuelven mujeres mucho más terrenales. Julia Roberts, Meg Ryan, Sandra Bullock, René Zellweger o Katherine Heighl… todas ellas son actrices con un don especial para hacer reír. Son las novias de América: dotadas de todo el brillo de las grandes estrellas pero con el encanto de las chicas sencillas.

Tres de las comedias románticas que ya se han convertido en clásicos modernos.

Nosotros hemos realizado una selección con algunas de las comedias románticas más populares de los últimos veinte años. ¿Crees que falta alguna?

  • Cuando Harry encontró a Sally (Rob Reiner, 1989)

Sin duda, la comedia romántica que inaugura la posmodernidad y que remite, sin complejos, a las mejores escenas de Woody Allen. ¿Es posible la amistad entre un hombre y una mujer? Guerra de sexos y diálogos trabajados con Meg Ryan y Billy Cristal.

  • Pretty Woman (Gerry Marshall, 1990)

Esta versión moderna del cuento de la Cenicienta marca un antes y un después, tanto en el género como en la carrera de Julia Roberts. Muchas actrices conocidas en la época aspiraron a convertirse en Vivian, la joven prostituta que encandila a Edward (Richard Gere), un rico hombre de negocios que se convertirá (literalmente) en su príncipe azul.

  • Cuatro bodas y un funeral (Mike Newell, 1994)

Esta vez no estamos ante el film-catapulta de una actriz, sino del de uno de los actores de comedia romántica más populares: Hugh Grant. La típica historia ‘chico-conoce-chica’ aderezada con un patoso Grant y una radiante Andy McDowell, rodeados de secundarios de lujo como Kristin Scott-Tohomas o Rowan Atkinson.

  • French Kiss (Lawrence Kasdan, 1995)

De nuevo, Meg Ryan. Mucho más floja que Cuando Harry encontró a Sally, esta comedia romántica está dedicada a los fans de la actriz y aprovecha su filón de manera explícita. De hecho, la interpretación de Ryan es una de las pocas cosas reseñables del film, junto a los paisajes franceses. Kate viaja a Francia en busca de su prometido, Charlie, que se ha enamorado de una tal Juliette y planea quedarse en el país. En el aeropuerto conocerá a Luc, un ladrón de tres al cuatro que se convertirá en algo más.

  • Mientras dormías (Jon Turteltaub, 1995)

Si Pretty Woman significó todo para Julia Roberts, esta película fue el espaldarazo definitivo para la carrera de Sandra Bullock. Una comedia sencilla y sin pretensiones que, sin embargo, consiguió encandilar al público. Narra la historia de Lucy, una taquillera de metro enamorada de Peter. Al sufrir éste un accidente, Lucy se convertirá en su salvadora y, de paso, se hará pasar por su prometida ante toda la familia mientras el susodicho permanece en coma.

  • La boda de mi mejor amigo (P.J. Hogan, 1997)

Una atípica y ácida comedia donde Julia Roberts muestra sus mejores armas, acompañada de una espléndida Cameron Díaz, por aquel entonces estrella en ciernes, y por el no menos encantador Rupert Everett, como el amigo gay de la protagonista. Una encarnizada lucha de gatas por conseguir el amor de Dermot Mulroney, salpimentada divertidas y surrealistas escenas.

  • El diario de Bridget Jones (Sharon Maguire, 2001)

En este caso, el film vino precedido por el éxito de un best-seller y pronto se convirtió también en un verdadero fenómeno. René Zellweger tuvo que engordar casi 15 kilos para meterse en la piel de esta treinteañera llena de complejos, que se debate entre dos atractivos hombres: su jefe Daniel Cleaver (Hugh Grant, de nuevo) y su amigo de la infancia Mark Darcy (Colin Flirth).

  • Love Actually (Richard Curtis, 2003)

Obra coral con actores de lujo, entre los cuales destacan Hugh Grant, Liam Neeson, Colin Firth o Emma Thompson, y que emplaza al espectador en Londres, justo antes de que comience la Navidad. Un film de historias cruzadas sobre el amor y las relaciones personales.

  • 27 Vestidos (Anne Fletcher, 2008)

Película decisiva para una de las actuales reinas de la comedia romántica, recién salida de la cantera de Anatomía de Gray: Katherine Heighl. Aunque la película no entusiasme demasiado y esté repleta de tópicos típicos, lo cierto es que los fans de la actriz disfrutarán con la historia de esta eterna y frustrada dama de honor que, por fin, se enamora.

  • 500 días juntos (Marc Webb, 2009)

Presentada en Sundance 2009, esta cinta protagonizada por Zoey Deschanel y Joseph Gordon-Lewitt pretende alejarse de los ceñidos corsés del género para erigirse como la historia de amor indie por excelencia. Buena música y original narración para trasladarnos a una relación que vemos acabar nada más empezar la película.

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