Matrimonio compulsivo

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Título original: The Heartbreak kid
Dirección: Peter y Bobby Farrelly
Año: 2007
Fecha de estreno en España: 11/10/2007
Duración: 115 min.
Género: Comedia
Reparto: Ben Stiller, Michelle Monaghan, Malin Akerman, Jerry Stiller.
Web oficial

El último film de los hermanos Farrelly recupera parte del brío perdido en anteriores entregas de su particular humor gamberro, aunque esta vez la taquilla no les ha acompañado en su país de origen con tan sólo 30 millones de dólares recaudados hasta la fecha.

Eddie Cantrow (Ben Stiller) está soltero cuando debe acudir a la boda de su ex, donde es insultado y humillado por diversos asistentes. Poco después conoce a Lila (la sueca Malin Akerman), y asistimos al romance y posterior matrimonio de ambos. En su luna de miel en Mexico, Eddie comienza a apreciar algo más que vestigios sobre la verdadera personalidad de su amor: ni que decir tiene que justo entonces llega Miranda (Michelle Monaghan), y para poder conocerla tendrá que poner en pie una mentira que le llevará a pasarlo realmente mal…

Una vez más asistimos a un recital made in Farrelly que satisfará a todos aquellos que busquen algo más que una comedia romántica. Éstos se las vuelven a arreglar para vapulear esta vez al colectivo mejicano (ya no disminuídos físicos, feos en general u obesos, como en anteriores ocasiones), hacer chistes a costa de la inmigración ilegal y otros menesteres, como la fidelidad, la soltería, el matrimonio…. Pero también como siempre, se las arreglan para que todo destile buen rollo.

Los Farrelly, narradores no muy avezados en realidad (Matrimonio Compulsivo adolece de caídas de ritmo y secuencias vacías como anteriores films suyos), ingenian comedias que buscan la identificación del espectador usando recursos básicos pero con una cercanía y cariño que rivaliza con su humor grueso. Gags puntuales enlazan una historia que a veces funciona y a veces no, pero son suficientes para obsequiarnos cinco, seis o siete ocurrencias genuínas, memorables: Eddie y la medusa (y sus trágicas consecuencias), la banda de mariachis, el tabique nasal perforado… Todo ello rematado con el descaro habitual en las secuencias de humillación de un Ben Stiller que demuestra que es una de las mejores cosas que le ha podido pasar a la comedia reciente: sus modos de macho confuso de clase media, razonablemente pasmado sin resultar nunca ñoño, parece crecerse con toda situación extrema de humillación que, en el fondo, ponen en el tapete las dudas de todo hombre acerca de sí mismo.

Y sobre todo, nos queda la imagen de una Malin Akerman enorme, bruta -ver sus abundantes y sorprendentes secuencias de sexo, que le valieron al film la R que ostenta en EEUU- y finalmente entrañable, como esa petarda abandonada, espectacular en su inestable registro de necedades.

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