MUCES 2013: ‘Come, duerme, muere’, o la vigencia del cine social

La película de Gabriela Pichler ha sido preseleccionada por Suecia para competir en los próximos premios Óscar dentro de la categoría de Mejor Película de Habla No Inglesa.

Imagen de Come duerme muere

Desprestigiado por cierta crítica, el cine social sigue siendo necesario en estos tiempos de crisis que nos ha tocado vivir. No obstante, parece que aquellos directores que se decantan de mostrar la cruda realidad que nos rodea prefieran tomar como referente a los hermanos Dardenne que al algo panfletario Ken Loach. ‘Come, duerme, muere’ es un ejemplo de ello.

La ópera prima de Gabriela Pichler, presentada en MUCES (Muestra de Cine Ciudad de Segovia), se centra como gran parte de la obra de los autores de ‘Rosetta’ en seguir los pasos de un personaje sin incluir ningún tipo de discurso más o menos explícito. La triste realidad de Rasa, la protagonista del filme, basta por si sola para mostrar la realidad de muchos trabajadores con baja cualificación que han sido despedidos de sus empleos a lo largo y ancho de Europa. Estamos hablando de Suecia, pero seguramente que casos parecidos se repiten a lo largo del Viejo Continente.

Con los estudios básicos como única formación, Rasa es una inmigrante montenegrina que vive relativamente tranquila trabajando en una fábrica de envasado de lechugas y cuidando a su padre. No obstante, su existencia da un vuelco cuando su progenitor se marcha a Noruega para conseguir un empleo y ella sea despedida del suyo. A partir de ese momento, la joven hará cualquier cosa, incluso mentir, para ganarse el pan con el sudor de su frente.

Pichler nos la muestra en la fábrica de verduras, con sus amigas y charlando con su padre. Su intención es ofrecernos un retrato lo más completo de esta chica de maneras rudas que lucha de manera incansable por seguir adelante pese a los obstáculos que supone, entre otros,  ser musulmana.

No obstante, todo se quedaría en agua de borrajas si la realizadora no contara con una actriz de excepción: Nermina Lukac, capaz de borrar los límites entre el personaje y el actor. La joven no utiliza ninguno de los tics de muchos intérpretes profesionales y logra emocionar con un trabajo magnífico.

El resultado es una película que, pese a la falta de originalidad de la propuesta y algunos baches de ritmo, capta perfectamente la desazón que provoca en los denominados ‘parados’ la búsqueda de un trabajo que cada vez es más difícil de encontrar.

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