Inception. Nolan hace los sueños realidad

La nueva película de Christopher Nolan es una delicia visual y con un guión auténticamente de lujo. Lo mejor es dejarse llevar por el juego que el director reta al espectador

Una nueva muestra del gran talento de Nolan al servicio de Di Caprio

La indiferencia puede ser el peor de los resultados posibles cuando se filma una película. Pues puede estar tranquilo Christopher Nolan porque su última obra produce en el espectador de todo menos eso. Al menos es lo que uno escucha en las opiniones de quienes han visto Origen (Inception). Las voces críticas son casi tan numerosas como las positivas, que la alzan al altar cinematográfico contemporáneo. Yo me posiciono más en el segundo grupo, pero con algunos reparos que desde mi punto de vista evitan que esta película se convierta en una referencia por mucho tiempo.

Lo lamento, pero mi debilidad por los mamporros y las explosiones quedaron atrás ya hace muchos años. Y pensar que el magnífico concepto del que mana la película se desliza a base de peleas, ya sea con o sin armas, ya sea con o sin ley de gravedad, no es una idea que me estimule demasiado. Para mi es el principal problema de la película. Echo de menos otras soluciones a los problemas que enfrentarse a ellos sólo con violencia. Es por esta razón que quizás el metraje me parezca excesivo. Los cuatro niveles de sueño en el que se embarca el protagonista encarnado por Di Caprio podrían dar de sí mucho más.

Por otra parte, aquellos aficionados a los filmes de ciencia ficción seguro que estarán de acuerdo conmigo en que la idea de una ciudad cambiante ya se llevó a la pantalla con acierto en Dark City, otra película olvidada pero con algunas momentos brillantes. Un consejo de amigo: si tienes pensado ver esta película fuera de las pantallas de cine, mejor piénsatelo dos  veces. El impacto visual de Origen merece como pocas las mejores condiciones posibles. Un dispendio económico que merece la pena realizar.

Reconozco que leyendo mi opinión se puede pensar que es una mala película. Todo lo contrario. Me parece una magnífica obra de ingeniería que logra evadir al espectador completamente gracias a uno de los guiones más ambiciosos que recuerdo en los últimos años.  Quizás, Nolan quiso demostrar que puede confundir al espectador más inteligente y nos pone a prueba continuamente.

El reparto es de auténtico lujo. La fuerza de la película tiene mucho que ver con el trabajo de los actores, en el que Di Caprio toma el papel protagonista como no podía ser de otra forma. Aunque especialmente sorprendente ha sido la actuación de Joseph Gordon-Levitt en un personaje tan alejado del interpretado en la excelente 500 días juntos. Su pose de tipo duro y profesional está muy lograda.

El británico Nolan está erigiéndose por méritos propios en uno de los directores de referencia del siglo XXI. Película tras película, su status quo entre los despachos de Hollywood sólo hace que aumentar. Mejor será no perderle la pista o nos podríamos arrepentir.

Fotografía: Impawards

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