Crítica: Nomadak TX

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Título original: Nomadak tx
País: España
Año: 2006
Duración: 93 min.
Idiomas: euskera, castellano, gujerati, hindi, tsaatan, bereber, francés, hasaní, suomi, inglés y mongol
Género: Documental, musical, road-movie
Dirección: Raúl de la Fuente
Reparto: Harkaitz Martínez de San Vicente, Igor Otxoa, Mikel Laboa, Bagubahi, Rappai Pootokaren, Ichou Benazza, Batbuyan Butjav, Terje Isungset, Jana Mangi, Garazi Hach, Embarek, Josu Iztueta, Altai Hangai, Jayan Nair, Palani Velu
Guión: Harkaitz Mnez. de San Vicente, Igor Otxoa, Pablo Iraburu, Raúl de la Fuente
Música: Harkaitz Martínez de San Vicente
Fotografía: Raúl de la Fuente
Montaje: Raúl de la Fuente
Productor: Igor Otxoa
Fecha de estreno: 11/10/2006
Web: www.nomadaktx.com

Este primer largometraje del navarro Raúl de la Fuente es una de esas perlas que nos llegan de muy vez en cuando y que nos sorprenden no tanto por su calidad técnica, que tampoco es subestimable, sino sobre todo por su enorme frescura y naturalidad.

Esa capacidad de transmitir pulsiones esenciales y universales del sentir humano conjugando belleza y simplicidad es probablemente lo que justifica que esta cinta que se estrenó fuera de concurso en el Festival de Cine de San Sebastián 2006, donde recibió la mención especial CICAE, haya ido cosechando premio tras premio.

Sin ir más lejos, hace escasas fechas ha obtenido el segundo puesto en el top 20 elaborado por el festival holandés IDFA, uno de los más prestigiosos en el género documental con motivo de su vigésimo aniversario.

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«NomadakTX» resume en una sola entrega la experiencia vital de sus protagonistas durante tres viajes que realizaron a India, Laponia, Sahara y Mongolia, en los años 2003, 2004, y 2005 respectivamente.

Con muy poca ropa, un ordenador y la compañía de ese particular idiófono percutido tradicional que es la txalaparta se echaron al camino en busca de timbres, materiales y gentes.

El sonido que surge de la txalaparta surge del diálogo, la improvisación y la adecuación a tu interlocutor, de tal manera que nunca sabes donde terminarás, al igual que sucede cuando inicias un viaje.

Guiados así por la llave maestra de la txalaparta acometen esta empresa impulsados por un deseo de investigar nuevos timbres a través de materiales como el hielo o la piedra, y de encuentro con culturas cuyo modus vivendi hace prácticamente inviable el desarrollo de otro instrumento que no sea el de la propia voz.

En cualquier caso como nos indica Harkaitz, uno de los 3 protagonistas de la aventura, «no es propiamente un documental porque no tiene el propósito de documentar, para eso está la National Geographic, que lo hace de maravilla. Nuestra idea era relatar una experiencia vital desde un modo de no ficción«.

Así pues, la txalaparta es entendida en este viaje como una actitud. Es practicamente el único instrumento que requiere la participación y la escucha alternativa de dos personas en su interpretación. Si no hay escucha no hay posibilidad de obtener un sonido que trascienda la suma matemática del 1+1=2 .

Extrapolando esa misma pauta a las relaciones se concluye que para que dos pueblos se entiendan es preciso que quieran escucharse. Y es eso precisamente y no otra cosa lo que pretenden sus autores a través de este experiencia de imágenes, sonidos y sensaciones.

Txalaparta_hielo

Tampoco hay un sentido último en este viaje: «Sobre todo a mitad del viaje fue fundamentalmente el deseo de vivir el momento lo que nos empujaba. Ese deseo que te genera endorfinas, te hace comprometerte y crecer. Y te das cuenta que al compartir tus deseos ellos también hacen lo propio con los suyos, ya sean personales o colectivos, y algunas veces tan sencillos y contundentes como el del pastor mongol que dice «Mi mayor deseo es tener comida para mi caballo.»El resultado es un documental entrañable y de una particular belleza sonora y visual, hecho a ras de piel y con una ingenuidad que permitir activar resortes emocionales muy profundos.

Así lo han entendido en muchísimos países como Alemania, Holanda o EEUU donde está teniendo un importante reconocimiento. En Madrid sin embargo no se exhibió hasta la semana pasada donde apenas duró 4 días. Y es que parece cumplirse lo de que nadie es profeta en su tierra. Yo en cualquier caso lo disfruté y mucho.

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