Oscar 2012, una edición cinéfila

Oscar 2012 y la nostalgia

Las candidaturas de la edición de los Oscar 2012 denotan una cierta nostalgia cinéfila en las elecciones de los académicos. Quizá no sea casual que La invención de Hugo, The Artist o  Mi semana con Marilyn opten a las principales candidaturas. Las tres son miradas al pasado de un arte que no parece vivir sus mejores momentos en el siglo XXI. Los videojuegos y las buenas series de televisión parecen haber hecho mella en el cine como espectáculo de masas.

«Yo soy grande. Son las películas las que se han hecho pequeñas’. El célebre diálogo que Norma Desmond pronuncia en ‘El crepúsculo de los dioses’ parece sobrevolar por el cine, una actividad artística que tiene un espléndido pasado y un titubeante presente. La invención de Hugo, The Artist y Mi semana con Marilyn son tres indagaciones actuales sobre el que llegó a ser uno de los grandes espectáculos del siglo XX.

Martin Scorsese, director conocido por su pasión por el séptimo arte, nos regala otra lección de cine disfrazada de espectáculo infantil en La invención de Hugo. El realizador utiliza la historia de un chaval que intenta restaurar un autómata que le dejó su padre para hablar de Mélies y los pioneros del cine. Su mirada es tan fascinada como la de la pareja de niños protagonista, aunque también tenga algo del  ratón de biblioteca que siempre admiró el trabajo de Melies.Las tres dimensiones, utilizadas de manera adecuada por el realizador norteamericano, son sólo un caramelo para ofrecernos pequeños fragmentos de cine silente y mostrarnos la fascinación que provocó el cinematógrafo en sus primeros tiempos.

Por su parte, The Artist prefiere homenajear a los clásicos de la gran pantalla a través de una trama que recuerda a ‘Ha nacido una estrella’, ‘El crepúsculo de los Dioses’ y decenas de películas clásicas. El cóctel de referencias  al pasado contrasta con el espíritu optimista del filme, que  nos habla de superar retos y  problemas con optimismo. La estrella muda protagonista logra sobreponerse a sus limitaciones enfrentándose a sus propios miedos y alcanzar el éxito  perdido gracias a la starlette que conoció en su primera etapa en el cine.

Por último, la fascinación por el antiguo star-system hollywoodiense queda patente en Mi semana con Marilyn. La mirada tierna y dulce de un joven cinéfilo que se convierte en la sombra de la estrella durante parte del rodaje de ‘El príncipe y la corista’  impregna una película pequeña y entrañable que consigue  despegar en ciertos momentos gracias a un guion ingenioso y unos actores en estado de gracia.

Las tres cintas son -obviando su desigual interés- un peculiar retrato no sólo de un cine pretérito, sino de la fascinación de los espectadores de décadas pasadas por  todo aquello que ocurría en la gran pantalla. Una atracción que ahora las videoconsolas o las mejores series de televisión  parecen haber robado al denominado séptimo arte.

En Notas de Cine | Crítica: Mi semana con Marilyn

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