«Peligrosa Obsesión»

Esta es una película que ha significado un nuevo poder de producción para el panorama cinematográfico argentino. Dirigida por Raúl Rodriguez Peila y protagonizada por Mariano Martinez y Pablo Echarri hablamos de un despliegue abrumador que decepciona.

Peligrosa ObsesiónPeligrosa Obsesión es la de tratar de imitar. Peligrosa Obsesión el perseguir dinero a cualquier coste. Peligrosa Obsesión, la televisión, un sistema de estrellas heredado, y que no parece creerse a sí mismo. Peligrosa Obsesión de argumentos importados a una realidad distinta.

Peligrosa Obsesión es una película argentina del año 2004. Dirigida por el ninguneable y hasta el momento de su estreno desconocido Raúl Rodríguez Peila. Aunque no hay que negarlo: Que ha logrado hacer ruido ha logrado.

Con los sex symbols argentinos Pablo Echarri y Mariano Martínez junto a Carol Castro y Victoria Onetto que se encargan respectivamente de mostrar sus partes y hacer enardecer al público masculino (Echarri y Martinez se encargarían del femenino…). Con un par de nombres respetables por allí; que hacen sospechar sobre la calidad (partiendo de que sea mala ¿no?) del film.

Hugo Arana, Enrique Liporace y algún otro en papeles secundarios que no lograrán (ni de lejos) salvar a esta película.

¡No se me malentienda! Yo sé que lo que voy escribiendo puede venir pareciendo extremadamente prejuicioso.

Les diré que, yo me disponía a ver esta película con una alegría relativa: Tenía ganás de ver una película «soft» en términos de significado y contenido, proveniente de un país como Argentina (hace mucho no veía una argentina…) y considerando el nivel de producción que ya había visto en el avance, como el despliegue «de estrellas». O sea, estaba dispuesto (¡y con ganas!) a abordar una película de entretenimiento puro y duro.

Y bueno; me encontré con… Pues con lo puro y duro del entretenimiento. O sea, con los restos, con las migas que años de Hollywood, de mainstream, de hablar de «superproducciones» (y, no se me malentienda: ésta lo es) han devenido en generar en nuestras cabezas (y, en especial: en las de los realizadores de está película) como productos entretenidos, «fáciles de ver» y altamente rentables.

Argentinian stars

Pero en fin… que antes de decir qué es, o destruirla tendría que comentar que la película comienza su acción en Río de Janeiro. Ya, desde la presentación con «toda la onda» que una pantalla subdividida en partes puede tener. Con grandes planos generales aéreos ubicándonos en una locación que logra sorprender un poco ante la expectativa de ver, simplemente una película argentina (puesto que se da en Brasil todo esto…).

Pablo Echarri va conduciendo un camión. Hay mucho esfuerzo en su presentación. Aparece de alguna manera como un hombre-camionero «común» que se baja de su GRAN vehículo.

Mira como unos brasileros juegan al fútbol. Entra a un bar y hace que el dueño le firme lo que pareciera ser una entrega. Primer Plano de Mariano Martinez que, desde ya, estará móvil en mano durante todo el metraje. Ve a Echarri (¿Y a quién le importa el nombre de los personajes no?) y manda un mensaje.

Echarri pide una cerveza y en su portugués mal hablado y prepotente denuncia que está caliente (la cerveza). Se le explica que sólo hay a esa temperatura y, se va. No entendimos porque pero el dueño y él casi se agarran a golpes ¿por una cerveza que no estaba fría?

En el juego de pelota de los brasileros uno ha caído. Un negro grande, musculoso, de rastas largas y sonrisa amplia lo insita «¡He! ¡Argentino ven!». Ya hemos visto a Echarri con lentes oscuros, tirando con desdén una lata de cerveza y fumando con pinta de «canchero». Ahora, después de hacerse el tímido y el humilde por unos momentos lo tendremos cambiándose el calzado para jugar al fútbol.

«Demostrando» lo bien que juega lo golpearan bastante, adrede, los brasileros. La escena está construida de tal manera que no hay equipos; la sensación que se da es: Están los brasileros (y el brasilero grande y musculoso) jugando contra Echarri (quien está diferenciado gracias a su remera blanca que se irá embarrando con cada caída proporcionada).

¡Qué Peligro!Martinez ha salido y los mira jugar. Mientras: se ríe de los golpes que le propinan a su compatriota. ¿Compatriota? Pero está hablando portugués. ¡Ah! no… Mira… Lo han invitado a jugar a él también… Se le acerca al otro y le habla no en español, no en castellano, le habla en porteño.

La cosa terminará mal; se irán a las manos y se armará una buena trifulca en donde, aparentemente, uno ha muerto. Echarri agarra su camión y se va. Martinez ha logrado subirse al mismo. Todos los brasileros los siguen. Empieza la destrucción. Toman por un camino cortado. La policía les hace señas de que no pasen por ahí. Echarri no duda. La policía se suma a la persecución.

Martinez y Echarri se presentan y tienen diálogos estúpidos mientras el camión destruye autos. Cae por un puente. Acabamos de ver uno de los mayores despliegues de acción (y presupuesto) dados por el cine argentino. Aunque sin sentido, como persecución ha sido excelente. Así seguirá la película. Quitándole el excelente lo demás se mantendrá a rajatabla.

Sumando a esto claro esta los cuerpos perfectos, los tiroteos, la cantidad de explosiones, los chistes malos y una trama vertiginosa pero que no está bien llevada. Y es que, sinceramente, creo que si la película tuviera algún tipo de argumento (y ni siquiera un guión digo) sería salvable. Pero ni a eso llega.

Película Cultural: Apreciad como las diferentes culturas se unenSi a mi me preguntan de qué trata diría algo así como: de Echarri, Martinez y una garota lanzándose contra un mundo donde todo es importado (claro: la inteligencia no).
Incluso (y, esto me ha sorprendido sobremanera) el tratamiento de los temas se hace igual que en películas como las de Steven Seagal o Arma Mortal. (Y más allá de esa cita final, fuera de lugar e innecesaria a «Los Intocables«).
El tratamiento del narcotráfico, o del poder y de las compañías (Echarri es el heredero de una importante empresa de camiones), las mujeres como objetos que entretienen la cabeza… tomando en cuenta que hay dos y la de arriba ha dejado de funcionar…
El científico y «malo» loco que no tiene justificación ninguna (aunque Belloso logra actuar bien)…

Hay un uso tremendo de Steady Cam; que pareciera estar al servicio de «darle un ritmo» a una narración que lo tiene a fuerza de golpes y ruidos. Con Echarri usando malas palabras y el director mirando a «Los Infiltrados» mientras piensa: «Yo también uso muchos celulares en la película. Quiero un Oscar.»

En fin; no encuentro desde donde salvarla (incluso «Infierno Bajo Tierra» de Seagal, con la cuestión ambientalista se hacía más tragable).

Son de apreciar productos así; y creo que es muy positivo que se hagan, mientras «haya algo que decir» y alguien inteligente para, aunque sea, escribirlo (puesto que mi enojo no es con los actores; creo que es más con el director y los productores que dieron por hecho el éxito de ventas antes de ver editada la película).
Muy mala. Una muestra de lo que el cine argentino podría hacer si se lo propusiera en serio y con inteligencia.

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