SEFF 2013: Cruising y crímenes en la estupenda ‘El desconocido del lago’

A competición también se ha presentado el drama realista británico ‘The selfish giant’, mientras que ‘Soldier Jane’ llegaba a Las Nuevas Olas.

L'inconnu du lac

A menos de 24 horas para conocer el ganador del Giraldillo de Oro de este X Festival de Cine Europeo de Sevilla, empiezan las quinielas y también las conclusiones sobre el cine devorado sin descanso durante los últimos días. Cierto es que aún quedan títulos importantes por delante, como ‘Les salauds’ o ‘La grande bellezza’, pero ya hemos visto obras merecedoras de ganar el festival, entre ellas las últimas exhibidas antes de escribir estas líneas. La sensación es que el nivel va mejorando a medida que pasan los días.

El desconocido del lago, último largometraje del francés Alain Guiraudie, nos sitúa en un escenario insólito para una película: una pequeña playa y el bosque contiguo, donde un grupo de hombres toman el sol desnudos y practican el cruising. Franck, el protagonista, que acude a diario al lugar, anda detrás de Michel, un tipo con aspecto inquietante y que está con otro. Mientras, pasa las horas charlando con Michel, con el que inicia una sencilla amistad, aunque por aspecto, comportamiento y condición sexual, poco tiene que ver con el resto de visitantes del lago.

Sin poner barreras al contenido de sus imágenes, algunas ciertamente explícitas, el autor introduce con acierto una serie de fugas narrativas que incrementan el interés del film. El más llamativo es el asesinato que comete uno de los personajes, que provoca la aparición de un pintoresco policía, único hombre vestido de una película en la que no aparece una sola mujer. También fascinante es la actitud del protagonista, que conoce la identidad del asesino, como ejemplo de que los límites del deseo pueden ser muy difusos, y de Michel, que abre la obra a una forma de sensibilidad distinta.

Algo menos clara parece la candidatura al palmarés de The selfish giant, aunque esta podría acabar imponiéndose como una ganadora de consenso. Situada en una pequeña comunidad británica, la película nos presenta a dos chavales con un carácter casi opuesto, pero grandes amigos. Arbor es un chico hiperactivo, incapaz de poner límites a sus impulsos, mientras que Swifty es más noble y tranquilo. Ambos tienen problemas en el colegio y en sus casas, por lo que terminan recogiendo chatarra ayudándose de un caballo para conseguir algo de dinero, pese a que constituye un delito.

A caballo entre dos de las principales líneas de la programación del festival, la crisis económica (ya vimos rebuscando en la basura al protagonista de ‘Un episodio en la vida de un chatarrero’) y la adolescencia como periodo decisivo, la película es un sólido ejemplo de cine social británico. El mismo Loach habría firmado la dirección de los desconocidos intérpretes, que dan vida con impactante naturalidad a unos personajes que se mueven en ese ambiente sucio y deprimido, en el que los referentes paternos han descarrilado y solamente queda la iniciativa propia. Aunque algo lastrado por un tramo final moralista y previsible, el film es rotundo y está manejado con sensibilidad.

Fuera de concurso, en Las Nuevas Olas, cerramos el día con Soldier Jane, del austriaco Daniel Hoesl, la singular historia de Fanni, una mujer que vive con una extraña ambivalencia ante el dinero. Por una parte, no duda en engañar a cualquiera que se ponga por delante para conseguirlo y hacer creer que lo tiene, pero por otra hay un insólito impulso destructivo en ella, por el que quema los carísimos zapatos que se acaba de comprar o echa un fajo de billetes de 500 a la hoguera.

Pensando en cineastas de Austria, nos vienen a la cabeza con claridad dos nombres: Michael Haneke y Ulrich Siedl. Al primero, el debutante Hoesl solo se acerca si consideramos ese desenlace autodestructivo de ‘El séptimo continente’, mientras que al segundo puede recordar por su ánimo de generar cierto escándalo, aunque no posee su pericia formal. Película extraña, con una deriva en su segunda mitad un tanto discutible, deja algunos fogonazos de lucidez, como esos arranques de música electrónica festiva que acompañan las andanzas de Fanni, o este impagable diálogo entre la protagonista y un personaje masculino sin importancia: “El arte de los disturbios ha desaparecido de los parlamentos”, dice ella; “Sí, nuestra civilización se está echando a perder”, responde él.

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