SEFF 2013: ‘In Bloom’ y ‘We are the best!’, formas de vivir la adolescencia

Ambas películas están protagonizadas por grupos de chicas de la misma edad, pero transcurren en sociedades opuestas. Además, pudimos ver ‘Sacro GRA’, flamante León de Oro del Festival de Venecia.

La película de Georgia 'In Bloom'

Si en 2012, buena parte del cine visto en el SEFF giró en torno a la confusión, reflejada por el dominio de una formas narrativas imperfectas y ensimismadas, las que requerían unos personajes devorados por la realidad de nuestro tiempo, en la edición de 2013 empieza a vislumbrarse una idea que vertebra buena parte de la programación, aunque esta esté resultando por lo general más abierta a otras perspectivas: la infancia y la adolescencia, fases de confusión pero también de crecimiento y madurez, de emprendimiento de un camino con destino desconocido, pero casi seguro más habitable que el presente. En este sentido, a las ya comentadas Los chicos del puerto, El gran cuaderno, o esos ajustes de cuentas con el pasado que son The Reunion y 10.000 noches en ninguna parte, hay que sumar dos de los títulos proyectados ayer, In Bloom y We are the best!

In Bloom, programada sorprendentemente en la sección Las Nuevas Olas (por forma y contenido, podríamos considerarla demasiado “convencional” para esa sección), nos sitúa en la capital de Georgia a principios de los 90, poco después del desmembramiento de la URSS. Época de cambios y de penurias, en la que Natia y Eka se enfrentan a los acontecimientos de la adolescencia con diferente perspectiva: mientras que Natia es más visceral y atrevida, Eka se toma las cosas con filosofía, manteniéndose fiel a su amiga pero con el punto justo de calma, necesario cuando las cosas se complican por culpa de una sociedad enferma.

Los directores Nana Ekvtimishvili y Simon Grob han realizado aquí una película sólida, con un interesante dominio del plano secuencia y un guión construido desde los personajes, con cuidado por los detalles (el papel de la pistola, la recepción del pan racionado en cada casa). El comportamiento de las protagonistas funciona como una clara metáfora de la situación de Georgia en aquel momento, un país floreciente, con cuentas que ajustar con el pasado, que podía optar por la vía de la venganza o por la del perdón y la paz. No es nueva la idea, ni mucho menos, pero la ejecución en este caso resulta intachable.

Viajar de ‘In Bloom’ a We are the best! es lo mismo que ir a Suecia y retroceder diez años, para encontrarse con otro grupo de chicas adolescentes, aunque estas han crecido en la “gran democracia feliz y moderna” que representa su país, lo que sin duda les permite llevar cortes de pelo atrevidos, ponerse en modo contestatario y formar una improbable banda de punk rock, cosa con la que Natia y Eka no podrían ni soñar (les prohíben hasta tocar un inofensivo piano).

Lukas Moodyson, director que ha encontrado en las historias de adolescentes el lugar para su cine (recordemos ‘Lilja-4-ever’ o ‘Fucking Amal’), filma sin grandes ambiciones en mente, dejando el brillo para sus jóvenes actrices y sus personajes (Klara es especialmente memorable). Película que supone un contrapunto en la programación del SEFF (está a concurso, además), por las carcajadas que abiertamente busca y consigue provocar, lo cierto es que resulta más excitante en su primer y tercer acto que en el nudo, en el que Moodyson se despista con una subtrama romántica rutinaria. La ocasión invita a decir que, cuando el amor entra por la puerta, el punk salta por la ventana.

También entre las películas en competición, se ha podido ver Sacro GRA, sorprendente ganadora del último León de Oro de Venecia (por documental, italiana y porque no estaba en las quinielas). El título del film hace referencia a la autopista de circunvalación que rodea Roma, y que sirve de punto de partida para las intenciones del director Gianfranco Rosi, que no son otras que mostrarnos la realidad de los que viven en esa zona, extrarradio de la que fuera capital de un imperio.

Lo cierto es que, una vez vista, sorprende aún más el triunfo de una película como esta en uno de los festivales más importantes del mundo. Rossi sabe alejarse del (insoportable) estilo dominante de los reportajes televisivos a pie de calle, a partir de un cuidadísimo trabajo del espacio y del plano, pero eso no evita que acabemos con la sensación de que el resultado es algo desangelado. Algunos creíamos a priori que el film sería una especie de heredero de ‘Fellini Roma’, pero las intenciones de su autor no pasan ni de lejos por crear un documental performativo.

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