SEFF’14: Giraldillo para ‘Turist’, ovación de despedida para Resnais

‘Mr. Turner’ y ‘Le meraviglie’ ocupan un lugar destacado en el palmarés junto a ‘The kindergarten teacher’. ‘La sapienza’ y ‘Bird people’ maravillan pero se van de vacío.

La película póstuma de Resnais

Necesitaba un par de días de descanso tras la agotadora aunque muy disfrutada maratón de cine que me ha supuesto la edición de 2014 del Festival de Cine Europeo de Sevilla antes de escribir esta última crónica, que debe arrancar forzosamente con una mención al palmarés. Finalmente, el jurado de la Sección Oficial se decantó por la sueca Turist como ganadora del Giraldillo de Oro y por la israelí The kindergarten teacher para el Giraldillo de Plata. Como escribí en el momento de su presentación, son dos magníficas películas dentro de una selección que ha sido brillante este año, lo que causa en mi opinión el único inconveniente del palmarés: que algunas se hayan llevado dos premios y otras se hayan quedado a cero.

Una de las grandes beneficiadas por el jurado ha sido Mr. Turner, biopic del pintor británico del siglo XIX William Turner que ha realizado Mike Leigh en el mayor esfuerzo estético de su carrera, inspirado por el biografiado en una dirección de fotografía que impresiona sin cometer el ridículo de intentar imitar al más claro antecesor de los impresionistas. Se agradece que el autor mantenga su tono humanista habitual en un guión muy detallado, en el que apenas se detectan golpes de efecto dramáticos, el clásico truco de los biopic. Indiscutible fue el Premio al Mejor Actor para Timothy Spall (conocido por ser Colagusano en la saga ‘Harry Potter’), pero el de Mejor Director a Leigh podría haber ido a parar a alguien menos consagrado.

También consiguió dos galardones, Mejor Actriz y el Especial del Jurado, la italiana Le meraviglie, la cinta de todas las presentadas a competición con una estética más cercana al realismo sucio. En ella, Alice Rohrwacher narra la historia de una familia que se dedica a la apicultura, manteniendo una tradición etrusca de antigüedad milenaria. A través de la hija mayor (soberbia Maria Alexandra Lungu, premiada por su papel), vivimos el clásico relato de maduración adolescente, aunque gracias a su delicado tratamiento y al singular contexto, la película se degusta con la misma dulzura que la miel.

Ni rastro en el palmarés quedó de La sapienza, posiblemente la película con la que se quedaría quien esto les escribe si tuviera que escoger solamente una de la Sección Oficial. Pese a un arranque frío, en el que se nos presenta a un prestigioso arquitecto desencantado de la sociedad y a su esposa, la cinta avanza de la oscuridad a la luz a medida que ambos disfrutan de un viaje a Italia en el que entablarán una particular relación con dos jóvenes hermanos. Con la obra de Borromini como punto de anclaje, el director Eugéne Green ha construido una obra de formidable belleza, gratificante en última instancia.

Otra de las más agradables sorpresas de la competición ha sido la francesa Bird People, que relaciona en uno de esos llamados no lugares, un hotel junto a un aeropuerto, a Gary, un alto ejecutivo estadounidense en plena crisis existencial y a Audrey, una solitaria camarera. La manera en que ambos van a cambiar su perspectiva de las cosas es mejor no desvelarla por suponer una sorpresa radical, de esas que nos proporciona en raras ocasiones el arte y que guardamos en la memoria para siempre. Sí se puede destacar la trabajadísima y muy delicada puesta en escena de Pascale Ferran, una de esas escasas directoras que confían en el poder de las imágenes para contar una historia en toda su riqueza.

Algo parecido puede decirse de Roy Andersson, posiblemente uno de los autores más brillantes del cine europeo contemporáneo. Su A pigeon sat on a branch reflecting on existence (algo parecido a «Una paloma se posó en una rama reflexionando sobre la existencia»), ganadora del último Festival de Venecia, fue la última obra presentada a concurso. Su dispositivo, basado en largos planos fijos en los que cabe una compleja y perfectamente ejecutada coreografía interna, es perfeccionado en esta ocasión, proporcionando grandes momentos de humor surrealista y una visión de lo más pesimista de la condición humana. Ese papel tan acentuado de lo melancólico y el hecho de que no sorprenda tanto como ‘La comedia de la vida’, su anterior trabajo, pueden afectar a la primera valoración, aunque esta es una de esas películas llamadas a perdurar.

Finalmente, me parece de justicia finalizar mi relato de este festival con Aimer, boire et chanter, el trabajo póstumo del maestro francés Alain Resnais (‘El año pasado en Marienbad’). Lo que en apariencia no es más que una comedia excéntrica, enredo amoroso de personajes en franca decadencia, oculta una reflexión sobre la naturaleza del cine y de su relación con otras artes (el teatro, el cómic…). Resnais nunca dejó de hacerlas, solo que en las últimas décadas las disfrazó con ligereza. Son muchos los detalles del film en los que el director deja patente su marca, aunque ninguno como ese final inquietante, que hiela la sangre de los que saben cuál fue el destino de su autor tras terminar la película. Sin duda, una despedida de altura.

Repasa todas las crónicas del festival en este enlace.

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