Crítica: Sin Destino

Sorstalansag

Título: Sin destino
Título original:
Sorstalanság
Dirección:
Lajos Koltai
Nacionalidad: Hungría, Alemania, Reino Unido
Duración: 134 minutos
Género: Drama
Música: Ennio Morricone
Guión: Imre Kertész; basado en su novela «Sorstalanság».
Producción: Andras Hamori, Péter Barbalics, Jonathan Olsberg e Ildiko Kemeny
Reparto: Marcell Nagy, Béla Dóra, Bálint Péntek, Áron Dimény, Péter Fancsikai, Zsolt Dér, András M. Kecskés, Dani Szabó, Tibor Mertz, Péter Vida, Endre Harkányi
Fotografía: Gyula Pados
Montaje: Hajnal Sellö
Año: 2005
Estreno en Hungría: 10/02/2005
Estreno en España: 26/10/2007
Web oficial: http://www.intercom.hu/honlapok/sorstalansag/

Aún con el escepticismo que me caracteriza esperaba impaciente el estreno en España de este filme y la verdad es que no me ha defraudado. Después de una cinematografía repleta de películas que han abordado desde todos las perspectivas imaginables el genocidio nazi, es difícil pensar que se puedan seguir haciendo cosas que aporten algo nuevo a lo anteriormente expresado, y a mi juicio Lajos Koltai lo ha conseguido aunque quizás no en los aspectos que él pretendía.

El director de fotografía húngaro y ahora realizador, Lajos Koltai, no necesita demasiadas presentaciones. Ya sus primeros trabajos fueron censurados por su naturaleza crítica y siempre manifestó un interés por adentrarse en las luces y sombras de la realidad húngara y de su antisemitismo. Aunque se hizo con un prestigio al lado de István Szabó (Mephisto), su trabajo más reconocido fuera quizás «Malenà» de Giuseppe Tornatore con quien en 2001 fue nominada en el 2001 al Óscar y obtuvo el David de los Premios Donatello dentro de la categoría de mejor fotografía.

Nominada al «Oso de Oro» como mejor película en el 2005 en la Berlinale, «Sin Destino» (Fateless), basada en la novela semiautobiográfica de Imre Kertész, que ganara el Nobel en el 2002, nos cuenta los avatares no sólo circunstanciales sino particularmente íntimos de un adolescente judío de Budapest que es apresado en 1944 en una redada por la policía húngara y deportado a los campos de exterminio.

Fateless_star

Hay un hecho evidente, y es que el genocidio no hubiera sido posible si gran parte de los conciudadanos de los deportados a los campos no se hubieran cruzado de brazos o hubieran mirado para otro lado. Esta circunstancia parece ser una lección pendiente para el pueblo húngaro según Koltai y por eso insiste en enfatizarla, y razón para repetirse tampoco le falta porque hoy en día, al igual que en su día hicieran muchos húngaros, polacos o alemanes, y media Europa en general, seguimos lavándonos las manos cual vulgar Pilatos desentendiéndonos de las injusticias que puedan sufrir nuestros semejantes.

Sin embargo la mejor aportación de esta cinta, que me fue maravillando más y más según avanzaba el metraje, fue la manera de penetrar en la piel del protagonista en una auténtico ejercicio de indagación psicológica que trasciende la temática del género y nos lleva a lo más profundo del corazón y el sentir de las víctimas. Y todo ello a través de una fotografía sencillamente impresionante que impactó en mi retina con fotogramas de una belleza y capacidad expresiva que sólo de recordarlos me producen escalofríos.

Valga al caso la secuencia en que se retrata la danza trágica de cientos de prisioneros en formación durante una noche gélida en la que los cuerpos extenuados se cimbrean retorciéndose en un postrero y titánico esfuerzo por mantener el equilibrio y evitar la fatal caída que significaría una muerte segura. Una secuencia para los anales de la fotografía cinematográfica como testimonio inmensamente plástico de la lucha por la subsistencia.

Arropada toda esta potencia visual por la efectiva banda sonora de Ennio Morricone, si bien en algún caso excesiva en lo ampuloso, y un casting acertadísimo, con un joven Marcell Nagy espléndido, esta opera prima de Koltai me parece una obra esencialmente poética, con la genialidad de ser capaz de mostrar los mayores horrores, entre los cuales destaca curiosamente el de la soledad del regreso, desde una vocación entre trascendente y ejemplarizante, huyendo en cualquier caso de emociones baratas a diferencia de otras producciones del género que fácilmente pueden venirnos a la memoria.

En definitiva, un poema audiovisual, con diálogos quizás más propios del lenguaje teatral, que aboga por una toma de conciencia global de estas tragedias y nuestras actitudes ante ellas destacando un mensaje esperanzador en el que se resalta la fuerza de la vida que viene bien reflejada por una de las muchas frases sentenciosas de la película: «Aunque parezca imposible no hay nada que el ser humano no pueda soportar«.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...