Sucker Punch, surrealismo cani

SUCKER PUNCH

Sucker Punch es el intento de Zack Snyder de hacer una película ‘suya 100%’. Es decir, ha obviado cualquier tipo de condicionante argumental que mantega a raya a sus habituales tics visuales, y se ha desmadrado con un festival de ralentís, acelerones, degradados de imagen, cromas a porrillo, y toda clase de digitaladas. Para ello, el director, en complicidad con su co-guionista (es un decir) Steve Shibuya, ha ideado una premisa argumental que nos introducirá en las fantasías de un grupo de chicas internadas en un sanatorio mental durante los años 50/60.

De esta manera, Snyder nos presenta un relato onírico sin pies ni cabeza donde todo ocurre porque ‘mola’. Sí, querido lector, ya sé que la esencia surrealista está en que las cosas ocurran sin sentido aparente. Pero aún así, Sucker Punch adolece de una falta de coherencia interna que sí tienen otros relatos surrealistas de cineastas consagrados como Luis Buñuel o David Lynch. Como hemos dicho, aquí la razón principal de que ocurran las cosas es que a Zack Snyder le parece molón ver a jovencitas buenorras pegando tiros y luchando con espadas katanas contra toda clase de enemigos que van desde el imaginario samurái hasta robots, pasando por nazis zombis en las trincheras de la I Guerra Mundial o dragones en un castillo medieval.

Todo a ello al son de una música machacona, obra del infame posmoderno rock Tyler Bates en complicidad con Marius de Vries, y de unos efectos de sonido no menos atronadores e irritantes. Si Buñuel utilizaba su imaginario particular para sus oscuras puyas hacia la religión, el sexo y la burguesía, Snyder pone en el asador todas sus fantasías poligoneras para crear una película ‘mazo wapa’ para el espectador adolescente medio de extrarradio. Eso sí, con todas las limitaciones que acarrea un film PG-13, no sea que la juventud se nos pervierta con tanto sexo y violencia.

Aún con todo, Sucker Punch se deja ver y entretiene lo justo, dentro de lo cansino de su estructura,aunque la falta de argumento repercute en un desinterés total por los personajes  y su destino. Defecto que Zack Snyder trata de enmendar introduciendo un final pretendidamente conmovedor, con mensaje de autoayuda incluido. Pero para entonces, la película ya no le importa un pimiento a nadie. En fin, esperemos que para el ‘reboot’ de Superman, Snyder cuente con un guión sólido con el que pueda compensar todo su esteticismo petardo.

En Notas de Cine | Crítica: Sucker Punch Sucker Punch, tráiler en castellano

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