“Tengo curiosidad por saber por qué nos hemos alejado de los thrillers eróticos”

  • Ya no me preocupo por la censura, en su momento ya aprendí dónde están los perímetros.
  • Tenemos un personaje dentro del film construyendo su propia realidad. Es como una broma.
  • El desafío no es cómo hacer que la ficción sea tuya, sino cómo dirigir lo que ya hay.

Hablamos con...
Nombre: Atom Egoyan.
Fecha y lugar de nacimiento: 19 de Julio, 1960. El Cairo (Egipto)
Profesión: director de cine y teatro
Filmografía selecta: Exótica, El Dulce Porvenir, El diario de Felicia, Ararat, Adoration.
Página web: Chloelapelicula.com

“Se me presentó la oportunidad de dirigir este guión porque al productor le gustó Exótica”. Con estas palabras el director canadiense Atom Egoyan nos cuenta cómo llegó hasta un proyecto tan alejado de aquello a lo que nos tiene acostumbrados. Él mismo reconoce que después de Exótica (1994), la película que lo elevaría a la categoría de director indie por excelencia, tan sólo le ofrecen thrillers eróticos. Y parece que ha acabado por aceptar uno de estos. Nos encontramos al director en Barcelona con motivo de la presentación de Chloe, el primer proyecto en el que el cineasta no ha participado directamente en el guión. Eso sí, como compañeros de viaje Egoyan ha contado con su adorada Julianne Moore, sobre la que recae el peso de la historia. Junto a ella, Amanda Seyfried (vista en Mamma Mia) y Liam Neeson.

El director, durante la presentación en Barcelona / Foto: Qdiario

Chloe es un encargo, y Atom Egoyan no tiene reparos en reconocerlo. Como reconoce también sus eternos litigios con los productores con tal de limar un tanto los bordes del guión, sobrepasado en exceso por la espectacularidad y el maniqueísmo, tan propios de Hollywood y tan impropios de su cine. Consciente de todo ello, el director se refugia de manera deliberada en unos actores/personajes que le fascinan y cuyos movimientos ha dibujado con minuciosidad este cineasta de raíces armenias, nacido en El Cairo y criado en Canadá.

Egoyan, nominado al Oscar por El dulce porvenir (1997) y acostumbrado a contar historias a modo de rompecabezas, se embarca aquí en la que es su pieza más lineal. Pero no todo iban a ser pegas. El cineasta juega de nuevo con las ausencias como motor de la psicología y los actos de sus personajes. La fascinación vampírica entre Chloe y Catherine se produce a raíz de sus carencias, y ello basta para enlazar la película con el resto de su filmografía. Una línea endeble pero presente que, sin embargo, puede que no sea suficiente para sus fans.

La sala 4 de los cines Verdi de Barcelona nos sirve de marco para esta entrevista. No podíamos imaginar un lugar mejor para entrevistar a Atom Egoyan que una sala repleta de butacas y coronada por una pantalla.

Chloe es un remake de Natalie X (Anne Fontaine, 2003) y, además, la primera película cuyo guión no es de tu autoría ¿Cómo te enfrentas a un texto ajeno?
En primer lugar, intentando no hacerla mía cambiando el guión y concentrándome más en los elementos visuales dentro de la película. Reflexionando en cómo acentuar las ideas visuales dentro del film: los parentescos, los motivos… Aunque en primer lugar hay que participar en el cásting, por supuesto, y en la elección de los actores. El desafío no es cómo hacer que la ficción sea tuya, sino cómo dirigir lo que ya hay. Aunque siempre hay que intentar limar pequeñas cosas que están comprometiendo el guión, hay que hablar con el escritor. Ya sabes, cambiar cosas que son innecesarias.

También se trata de tu primer proyecto 100% Hollywood ¿Ha sido difícil lidiar con los productores para conseguir realizar esos cambios en el guión de los que hablas?
Lo más difícil fue cambiar el final, cambiar lo que ellos creían que era una especie de gran final de Hollywood. En este caso básicamente dije que, si me querían para dirigir, yo no podía rodar ese final. Para mí era imposible hacer algo así. Pero como ellos querían trabajar conmigo, estaban dispuestos a escuchar mis sugerencias. El problema con Chloe era que yo sabía que ellos querían hacer una producción excesiva y comercial, pero yo no tengo películas hechas a la manera tradicional, y tampoco comerciales. Por otro lado, no tenía derecho a decir “esto es lo que la gente quiere ver”. Nunca pude utilizar esta explicación: “eso es lo que el público quiere”. Porque realmente no sé lo que quiere. Así que, para mí, esta película era un reto. Se necesitó llegar a un compromiso entre las dos partes, y eso es lo que tenemos aquí. El resultado no va más allá de lo que yo quería, pero tampoco va más allá de lo que querían ellos.

La composición visual, uno de los aspectos más cuidados del film.

En cierta medida has conseguido un equilibrio. Si Chloe, como el thriller erótico que es, se hubiese rodado en los años 90, la película hubiese sido una especie de explosión dramática.
Sí, completamente. Creo que lo que cambia en todos esos thrillers sexuales de los ’90 es que tienen una fórmula extraña e instintiva. Una fórmula que ha se ha desgastado y que yo mismo utilicé. Después de hacer Exótica en 1994, la primera vez que llamé a mi agente ya me habían propuesto para un montón de películas de este tipo. Los thrillers eróticos eran muy populares en aquellos tiempos, eran realmente un género. Pero han desaparecido, ya no ves este tipo de films muy a menudo. Me produce curiosidad saber por qué nos hemos alejado de los thrillers eróticos. No podría decir si es sólo una intuición, pero creo que tiene que ver con todo aquello que ocurrió en los años 90, con la emergencia del SIDA y esa histeria alrededor de la sexualidad como algo que se transforma en una muerte segura. Creo que ahora las películas tienden a ocultar ese miedo colectivo que teníamos, ya no nos movemos en este espacio.

Hablando de sexo ¿has tenido problemas con la censura?
Aprendí mucho sobre la censura hace unos cuantos años, cuando hice When the truth lies (2005) y esta vez me prometieron no tener problemas. En su momento aprendí dónde estaban los perímetros, en términos de qué puedes y que no puedes enseñar. Y ya no tengo mucho cuidado al respecto.

Sospecha, seducción y engaño

Con esta rúbrica en el cartel promocional se presenta Chloe, una historia donde unos inventan y otros tienen la necesidad de creer. Basada en la película francesa Natalie X, protagonizada por Gérard Depardieu, Fanny Ardant y Emmabuelle Béart, la versión estadounidense cuenta con un plus de intriga y autodestrucción. Del melodrama a la europea, al thriller erótico made in USA para contarnos una misma historia: la de Catherine (Julianne Moore) una ginecóloga que sospecha que su marido, David (Liam Neeson), le es infiel. Para cerciorarse contratará los servicios de una ‘escort’, Chloe (Amanda Seyfried), que deberá seducirlo. Pero Catherine pronto quedará atrapada por el relato de las relaciones sexuales entre la desconocida y su compañero. Para amantes de los juegos psicológicos y, como no, de Julianne Moore.

En la película hay una tendencia a construir realidades alternativas. Has dicho que Chloe lo hace a causa de sus ausencias. Pero me gustaría saber qué es lo que está buscando Catherine.
Catherine está buscando, en primer lugar, una manera de recuperar algo que solía sentir, algo que ella compartía con su marido. Y no puede creer que ahora eso esté ausente de su vida, no puede creer que sea algo que no va a sentir de nuevo. Catherine siente una especie de completo vacío, su juventud ya se ha ido y es consciente de que ella misma está desapareciendo. Está aterrorizada. Aunque sea muy atractiva, aunque no parezca muy dominante… está verdaderamente aterrorizada.

El invernadero es el lugar de la primera imagen del affair entre David y Chloe, y este episodio recorre el resto del film. Sin embargo, tiene mucho de construcción mental.
Pienso que el invernadero realmente existe en la imaginación de Catherine. De hecho, la primera vez que vemos a Chloe y al marido es en el café, pero esta escena podría no haber sucedido. Pienso que Chloe pudo ir al café. Creo que pudo pedir azúcar a David. Pero también es probable que nada de esto ocurriese. En ese momento de la historia, creo que todo está en la imaginación de Catherine.

En este sentido, la película parece bascular entre lo que es real y lo que nosotros asumimos como tal. Los límites no están claros.
Eso es lo que creo que el film hace. De hecho, este es el aspecto más provocador de la película: creemos que es real. Conseguir signos e indicios de lo contrario es muy difícil porque estamos viendo los hechos y porque tenemos que asumir un posicionamiento en la imaginación de otra persona. Intenté imitar la operación de otro film que estaba realizando, Adoration (2008). Puede que no funcionase, pero había toda una sección que estaba enteramente en la imaginación de uno de los personajes, y resultó muy difícil para los espectadores. Algunas personas estaban obsesionadas con Chloe, sobre todo con la escena del invernadero, porque han visto cosas que luego no existen. Es duro reconocer que sólo es imaginación, pero es esto lo que la historia nos ofrece: el hecho de ver cómo alguien construye la realidad, empezando por el director. Yo voy elaborando la película con las decisiones que tomo. Del mismo modo que tenemos un personaje dentro del film construyendo su propia realidad. Es como una broma.

¿Es eso lo que te atrajo del guión cuando te lo ofrecieron?
Creo que fue esa habilidad para examinar cómo las dos mujeres de la historia crean una fantasía sobre aquello que la otra representa. En el caso de Chloe, se construye una fuerte obsesión amorosa, y en el caso de Catherine, se crea una terapia ritualizada para hacer frente a sus ausencias. Para Catherine se trata del contacto con la naturaleza de Chloe. Pero para Chloe, Catherine es algo real. Hay algo muy intenso en el hecho de estar viendo el presente de estas dos mujeres, y hubieron muchas posibilidades trabajando con las dos actrices y poniendo de relieve ciertos detalles.

El invernadero, pieza clave en el relato.

¿Qué es lo que has guardado de la película original, Natalie X?
Realmente sólo la premisa, creo que el resto es muy diferente. Me gustó Natalie X pero pienso que es totalmente diferente, es otra película. Natalie, el personaje de Emmanuelle Béart, no tiene la misma respuesta emocional hacia Catherine. La premisa es la misma, pero se trata incluso de una fórmula clásica: probar la fidelidad de tu esposo. Es algo que los hombres suelen hacer, poner a prueba la fidelidad de las mujeres. Lo inusual es que una mujer pruebe la fidelidad del hombre.

Chloe lanza una mirada interesante alrededor de la sexualidad femenina.
Mira, Natalie X fue dirigida por Anne Fontaine y este guión está escrito por Erin Cressida Wilson, ambas mujeres y escritoras muy fuertes. Erin Cressida Wilson, además, es muy instintiva para expresar las dinámicas de la sexualidad y la proyección de las necesidades.

En cuanto a los hombres, ocurre todo lo contrario. Tanto el personaje David, como el hijo del matrimonio (interpretado por Max Thieriot) son dos personajes muy acotados, muy constreñidos.
Creo que esto pudo ser confuso para los espectadores en algunos aspectos. Sobre todo porque Liam Neeson está actuando como la parte femenina, como en los thrillers tradicionales de los años 90 de los que hablábamos antes. El personaje de David es un poco ‘contranatura’, está llevando a cabo el rol de mujer y no el del protagonista. Fuimos muy afortunados por conseguir a Liam, le he podido conocer haciendo teatro y es bueno. Pienso que está fantástico en la película, porque gracias a su papel el film está en un extraño equilibrio, siempre esperando ver más de David. Él hizo lo que necesitaba hacer y estuvo muy bien.

Por ahora, supongo que no habrá más thrillers eróticos.
No sé, no sé… ¿Qué piensas tú? ¿Debería hacer otro?

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