The International: Tom Tykwer y el cine «antiempresarial»

Tom Tykwer y el cine antiempresarial

Antes no se podía hacer, ahora da la impresión de que lo hacen demasiado. En un plazo de solo unas semanas se han estrenado películas como La sombra del poder, Duplicity o The international, que desde el cine más puramente hollywoodiense y mainstream, critican a las grandes corporaciones. En estos films, no hay un solo ejecutivo que merezca la pena, las manos de todos ellos están manchadas de sangre y la falta de límites en sus ambiciones los lleva a comportarse en ocasiones de forma ridícula. Junto a ellos, el poder político actúa de manera similar, lucrándose al tiempo que se aprovecha de sucias artimañas. Solo honrados periodistas y agentes de la ley y la justicia, desde la posición individualista que proporciona la sociedad liberal, tratan de hacer algo heroico al respecto (sin que en ninguno de los tres casos citados haya un abatimiento del sistema, por cierto).

Resulta curioso que este florecimiento del cine antiempresarial (en el que también podríamos encuadrar Michael Clayton o incluso la trilogía de Bourne) provenga de las propias majors, en realidad corporaciones de la misma envergadura que las criticadas en estos guiones. En cualquier caso, tras visualizar estas películas, no hay ni siquiera un atisbo de espíritu crítico en ellas. Parece que la construcción de buen cine de espionaje e intriga, con aisladas y espectaculares secuencias de acción, es lo único que realmente importa de esta corriente. Además, al contrario de lo que afirmaba Goebbels en su momento, en esta ocasión la repetición del mensaje no está haciendo que cuaje o que sea más convincente. En vez de eso, debido a esa insistencia constante en lo mismo, el poder de la crítica se diluye. Quizás sea eso, o tal vez que lo que nos cuentan ya nos lo sabemos, y nos hemos acostumbrado a ser meros espectadores de una realidad injusta y desagradable.

Dentro de estas coordenadas, se sitúa The international. Dinero en la sombra, la nueva película del director alemán Tom Tykwer. En esta ocasión, el blanco de las iras es un banco (ficticio), que se dedica a negociar con armas y a aprovecharse de las deudas que la compra de estas genera en los países del tercer mundo. Tykwer filma la historia con elegancia y frialdad, consciente de sus innegables dotes para la puesta en escena. Sin embargo, el visionado de la cinta es rutinario. Aparte de un par de planos cenitales muy bien coreografiados (marca de la casa), solo una secuencia es memorable, y el film parece estar planteado para que así sea. Se trata, obviamente, de la que transcurre en el museo Guggenheim de Nueva York. El espectacular tiroteo (en realidad, metáfora de la lucha por el control del poder, que no duda en destrozar el arte), es lo único que Tykwer filma con la energía y creatividad que una historia con verdades tan apabullantes y peligrosas se merece.

El problema de The International es que sus intenciones no son en ningún momento creíbles, y esto se debe a la superficialidad en el desarrollo de sus potencialidades cinematográficas. Parece muy lejano el tiempo en que Tykwer filmó la histérica y apabullante Corre, Lola, corre. Lo que en aquella película era una reducción a lo mínimo de la anécdota argumental en la búsqueda de un mayor impacto formal sobre el espectador, aquí es justo lo contrario. Ni siquiera nos encontramos con el hipnotismo del que hacía gala La princesa y el guerrero (por otro lado un film algo fallido). Solo si Lola vuelve a correr, ahora para enfrentarse a los tejemanejes del poder económico, la concienciación es posible. La madurez en las formas solamente ha servido para crear una obra vacía. Y es que este cine antiempresarial es un cine sobre nada.

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