‘The Rocky Horror Picture Show’, ¿aún eres virgen?

‘The Rocky Horror Picture Show’ es la película más exhibida de la historia del cine, y el mayor fenómeno de culto que ha dado el séptimo arte. Su proyección en salas dista mucho de la del resto de películas, lo que la hace absolutamente única.

Cartel de la película

Cartel de la película

Corría el año 1973. En verano, en un teatro de Londres, se estrenaba una obra escrita por el entonces desconocido Richard O’Brien y dirigida por Jim Sharman. Su éxito fue arrollador, y dos años después, en 1975, se adaptó al cine bajo el nombre ‘The Rocky Horror Picture Show’, con gran parte del reparto original. Pese a que no tuvo demasiado éxito esta versión, se siguió proyectando en sesiones de madrugada y se hizo con un público que, hipnotizado por la experiencia que planteaba, acudía una y otra vez a los cines para volver a verla. Poco a poco su fama fue creciendo, hasta convertirse en una película de culto. La experiencia se fusionó, en cierta medida, con el musical de teatro original, creando un tipo de espectáculo que transgredía las propias normas cinematográficas.

Treinta y cuatro años después, aún se proyecta en salas la que tiene el honor de ser la película más exhibida de la historia, con unas proyecciones tan atípicas como lo que cuenta. La experiencia de ir a ver ‘The Rocky Horror Picture Show’ no tiene nada que ver con ir al cine; y es que, si la película en sí ya es una obra maestra (especialmente en su primera mitad), la manera en la que se exhibe la convierte en una de las experiencias más curiosas que puede tener un espectador de cine (dentro de una sala de cine o teatro, se entiende). Aclaremos, de antemano, que hoy en día en España no sólo es muy difícil dar con una reposición por televisión, sino que encontrarla en cines es aún más complicado (por lo general sólo en algún festival, como Sitges, de manera puntual y con exhibición tradicional, es decir, como cualquier película de cine normal y corriente). Afortunadamente, ésto no es así en otros países del mundo, donde hay cines alternativos en los que se proyecta todos los fines de semana.



La película es un homenaje/sátira al cine de ciencia-ficción y terror clásico, al movimiento punk glam rock de la época (su era dorada, por otra parte), una genialidad fruto de la desvergüenza y el amor a partes iguales, tan ridícula que rompe unas barreras preestablecidas, para llegar más allá y sentar lo hortera como base para identificarse a sí misma y regodearse en el pulp más obsceno y divertido que ha dado el género musical (al menos en cuanto a lo que yo he tenido el placer de ver). El mayor fenómeno de culto que ha dado la historia del cine, distanciado quizá de la calidad intrínsecamente cinematográfica para entrar en otros terrenos, aquellos en los que es posible abandonar el mundo real, desnudarnos y soñar con una fantasía terrible pero atrayente. Probablemente haya quien ningunee la película argumentando que nada tiene que hacer ante la potencia visual de Kubrick, por poner un ejemplo, y no les faltará razón. Sin embargo, la capacidad que tiene la película para que olvidemos quienes somos o dónde vivimos, y durante poco más de una hora y media, para invitarnos a ser partícipes del increible espectáculo que propone bien merece un enorme reconocimiento.

Dr. Frank'N'Further, Riff Raff, Columbia y Magenta

Dr. Frank'N'Further, Riff Raff, Columbia y Magenta

En el argumento encontraremos extraterrestres, científicos locos, muerte, sexo, el héroe y la chica inocente, incluso un claro homenaje a ‘Frankenstein’. Sólo ya el tema que abre la película (Science Fiction / Double Feature) contiene más referencias de las que yo mismo, que soy un gran aficionado al género, soy capaz de reconocer. Y todo ello, adornado con humor negro sardónico, canciones maravillosas y terriblemente pegadizas, personajes muy carismáticos, y una serie de actores tan perfectos en sus respectivos papeles que uno cree que son ellos (especial mención para Tim Curry y su doctor Frank’N’Further, hay que verlo para creerlo).

Meat Loaf como Eddie

Meat Loaf como Eddie

Brad y Janet son una pareja de recién casados que se dirige a casa de un amigo, cuando en mitad de la noche (por supuesto lluviosa, oscura y en un bosque) se estropea el coche y deben buscar un teléfono, llegando así hasta el castillo del doctor Frank’N’Further, donde todos sus ideales conservadores se desestabilizarán peligrosamente cuando el gran maestro de ceremonias, interpretado por Tim Curry, despliegue su arrollador carisma y les abra la puerta a un mundo de sexo, rock, desenfreno, experimentos, sangre, extraterrestres…

La proyección en cines (o teatros, sobre todo) de esta película, no es como la de cualquier otra. La experiencia de ir al cine, sentarnos y ver una película a oscuras y en silencio cambia radicalmente cuando la acomodadora del cine canta Science Fiction / Double Feature, un plantel de actores sale a cantar, bailar y jalear al público, se gritan obscenidades, se canta y baila junto a los actores o incluso se le grita a la pantalla para establecer una comunicación directa con los personajes (mediante los actores presentes). A los disfraces terriblemente estrambóticos que suele lucir el público se une una batería de utensilios se puede adquirir a la entrara para participar aún más activamente en la historia, disparando con una pistola de agua, usando un periódico para taparse la cabeza, alumbrando con linternas y móviles durante There’s a light, usando matasuegras como acompañamiento, lanzando arroz en la boda, o en otras muchas situaciones confeti, una baraja de cartas, papel higiénico…

Los espectadores se disfrazan para asistir al espectáculo

Los espectadores se disfrazan para asistir al espectáculo

Visto lo visto, ver ‘The Rocky Horror Picture Show’ en directo dista mucho de ir al cine a ver una película, involucrando directamente al espectador en lo que está ocurriendo. Añadamos, además, que evidentemente el propio argumento y la puesta en escena de la película se presta a ello, al desenfreno, siendo exactamente eso lo que les ocurre a Brad y Janet, dos vírgenes que llegan al castillo y se ven arrastrados por el enorme torbellino que son los transexuales. Ésta es la experiencia que proponen los horroritas (fans de la película) a los vírgenes (aquellos que nunca han vivido la experiencia).

La película fue un hito en su día. Los enormes niveles de transgresión a los que se atrevió O’Brien al escribir el libreto difícilmente pueden entenderse hoy, que vivimos tiempos mucho más liberales. En la película, el protagonista absoluto es un travesti que construye al hombre perfecto para acostarse con él a diario, que seduce a ambos miembros de la pareja, chico y chica, en la misma noche, se comete adulterio (y del estilo más bizarre), disfrutan con el sadomasoquismo, los fetiches e incluso se atreven a cometer barbaridades con un anciano parapléjico, asesinatos, dominaciones… y todo ello con una enorme sonrisa en la boca, disfrutando realmente de lo que hacen. Tanto es así, que la idea que transmiten es la de que la postura errónea es la que nos habían presentado al principio de la historia en los personajes de Brad y Janet, vírgenes, mojigatos, serios, respetables, inocentes… aburridos. Invitan a deshinibirse y dar rienda suelta a instintos, deseos y sueños, por bajos y oscuros que éstos puedan parecer. Es el carpe diem llevado al extremo, Frank no quiere que aproveches el momento, quiere que conviertas tu vida en ese momento. Y, maldita sea, lo consigue. Quizá sea por eso por lo que uno deja de ser virgen.



Dos de los mejores temas:

Actualmente existen dos proyectos en desarrollo con relación directa, si no contamos ‘Shock Treatment‘ (1981), que continúa las aventuras de Brad y Janet pero en un contexto muy diferente que nada tiene que ver con la historia que nos ocupa. Estos dos proyectos son un remake, que en un principio estaba previsto para estrenarse en Halloween de este año (31 de octubre), y una secuela que terminó de escribir O’Brien en el año 2002, de la que lo único que se sabe es que Frank cantaría I’m not dead yet, y que Janet tendrá un bebé suyo. El remake no creo que llegue a hacerse, al menos este año, porque les ha cogido el toro y ya no tienen tiempo (y yo que me alegro, es absolutamente innecesario). La secuela, aunque personalmente dudo que pueda superar a la original (que incluso siendo la película de culto que es, en la segunda mitad baja el nivel considerablemente), lo cierto es que la espero con unas ganas tremendas. ¡Quiero más! ¡Queremos cantar y bailar más!

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