‘Valkiria’, La importancia de asesinar a Adolf

‘Valkiria’ es el regreso del mejor Bryan Singer. Ayuda el volver a aliarse con Christoper McQuarrie, su cómplice en sus dos (y mejores) películas. El resultado es tan vibrante como era de esperar, pero hay problemas. Y un esforzado, carismático y habitualmente heroico Tom Cruise no es uno de sus problemas, ni por asomo: el actor blinda a su Claus Von Stauffenberg de un cariz heroico y humano tan esperado como lógico.

Tom Cruise es el protagonista de 'Valkyria'

‘Valkiria’ es el regreso del mejor Bryan Singer. Ayuda el volver a aliarse con Christoper McQuarrie, su cómplice en sus dos (y mejores) películas. El resultado es tan vibrante como era de esperar, pero hay problemas. Y un esforzado, carismático y habitualmente heroico Tom Cruise no es uno de sus problemas, ni por asomo: el actor blinda a su Claus Von Stauffenberg de un cariz heroico y humano tan esperado como lógico, y nadie puede negar las virtudes de la estrella de Hollywood para comprometerse en todo tipo de proyectos y siempre con buenos directores (su currículum anterior incluye a Steven Spielberg, Brian DePalma, John Woo o J.J. Abrams en sus proyectos más comerciales).

Los principales problemas los dejaba claro Roberto Alcover Oti en su crítica para Dirigido Por, al advertir los peligros de lo que Susan Sontag llamaba «fascinante fascismo«. Los peligros son el desarrollo de la estética nazi, que siempre implica una aprobación ética, guste o no. No creo que Singer haya hecho una película nazi sino que, por el contrario, ha realizado una demasiado irresponsable con el material tratado.


No hay que olvidarse de que uno de los medios favoritos de Adolf Hitler y Joseph Goebbels era el cine. Muy inquietantes resultan según qué detalles: el primer plano que se abre con Tom Cruise heroico y perfectamente estático en el desierto, acompañado en un segundo plano de un atlético soldado alemán sin camiseta. El plano en que Hitler admira al desfigurado Stauffenberg, en la que aplaude el tirano el triunfo de la voluntad, de una imperfección no aceptada, pero si con una cuasa: la lucha por un país, por el triunfo de una verdad. O los niños, rubios e inocentes, jugando con el uniforme del padre. O el jefe del ejército de reserva, nadando en un gran angular que destaca la esvástica de la piscina.

La libertad de la ficción debe defenderse, siempre y cuando esta no tenga una relación peligrosa con la Realidad. Esta película que se inicia con un rimbombante «basada en hechos reales» comente varios actos enteramente discutibles: Pero ¿Cuál era la verdadera ideología de este soldado concienciado con la muerte de judíos? Por una parte, Stauffenberg aprobó la esclavitud de trabajadores durante la invasión de Polonia, pero codnenó el asesinato de judíos, seguramente porque uno de sus hermanos se casó con alguien de descendencia judía. Sin embargo, lo inquietante y lo que nunca tiene valor de explorar el director y su guionista es qué clase de Alemania querían estos héroes y no resulta casual que la palabra democracia no se pronuncie en toda la película.

Stauffenberg era un creyente católico y miembro de una sociedad secreta, junto a sus hermanos, que presidió el poeta Stefan George. Su sueño era de una Alemania noble, espiritual, nacionalista, imperialista y en paz con Dios. Prefiere la película, incapaz de asumir la problemática moral, dibujar a este Stauffenberg como un convencido luchador de la libertad, pero lo cierto es que apoyó a Hitler hasta 1942 y sólo pidió que tuviera mejores «consejeros» antes de la conspiración, todo ello pese a su indisciplina militar, frecuente y continúa en todos sus frentes.

A favor de la película hay que destacar que consigue crear suspense de la nada, jugando con los planos de detalles y crenado tensión en espacios preferentemente cerrados, como el Atentado de Hitler, todo un ejemplo de tensión…cuando conocemos la resolución. Supone un acierto feliz, puesto que Singer se devuelve a su mejor versión, aquella en la que es capaz de jugar con las suposiciones narrativas, como en su película más conocida. Toda su narración se tensa conforme avanza y no sucede lo previsto por el espectador aunque se sepa que ocurrirá. Estas reglas tan estrictas relegan el supsense a una posición de probabilidad enigmática y juguetona y sacan el mayor brillo de la película.

Pero ¿Debe una película del nazismo obviar todos sus retorcidos crímenes, sus continuas masacres y su lucha por Europa? No aparece ni un miembro de la Resistencia, ni una víctima y Hitler, marcado por la música de Ottman, parece un icono en relieve, un mito en pie, invencible y mitológico, tanto como el protagonista. Esta película, como todas las que tratan el Nazismo, tiene una estrecha relación con la Historia reciente, con una verdad incontestable y la banalización del horror, de lo que fue la época nazi mediante la ficción es un peligro. Su tarea con la memoria colectiva es más bien pobre, su mensaje moral de buenos y malos no encaja en una historia ficcionada y falsa, pero soñándose real. Tiene muchos problemas esta erotización nazi, incluso cuando intenta trazar algunas metáforas (los planos-contraplanos de las siluetas con Fromm, la mosca en la mano del buen soldado nazi). Los motivos que se ocultaban tras los conspiradores no tenían nada que ver con una conducta anti-nazi, sino con una sustitución en el poder, aprovechando la aparente debilidad de Hitler. Una sustitución autoritaria. ‘Valkyria’ no tiene el valor de lidiar con este asunto y su deuda lo requiere, por mucho que se sueñe thriller: los nombres de los personajes, los hechos, la reconstrucción, los lugares. Todo tiene un referente verdadero. Un referente aquí simplificado, convertido en heroico. Pero, dudosamente, lo fue o lo iba a ser.

Si Jordi Costa reclamaba en la revista Fotogramas un criterio de ficción que no debía ser confundido con los deberes de la no ficción, este bloguero siente la necesidad de recalcar que la ficción queda sometida a otros parámetros cuando se estrecha su relación con la no ficción. Un medio de comunicación de masas como el cine no debe reescribir ni banalizar un régimen fascista, por muy sinceras que sean sus intenciones genéricas. El gusto es contexto y este ha cambiado, escribía Sontag a propósito de la reivindicación del arte nazi. Cabe decir que ha cambiado hacia uno más libre, con mayor perspectiva y por eso mismo, más susceptible de ser relativizado.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...