Vemos siempre lo mismo, y nos gusta

FriendsAceptémoslo, las series nos cuentan siempre, indefectiblemente siempre, la misma historia. Una y otra vez seguimos las mismas peripecias, los mismos laberintos que, además, tienen la costumbre de llegar, más tarde o más temprano, al mismo lugar. ¿Por qué seguimos mirando?

Si uno mira las series de hoy en día, sean melodramas, comedias, sit coms, pertenezcan a lo fantástico o a la ciencia ficción, encontraremos siempre elementos en común. De hecho, el melodrama es un denominador común, por ejemplo. Los hay familiares, los hay de amores imposibles o corazones desincronizados. El melodrama familiar, por ejemplo, suele trabajar con elementos que van desde lo disfuncional a las típicas situaciones de grupo. Padres y/o madres que fallecen, relaciones conflictivas entre padres e hijos y cuya evolución consiste en ir elaborando los problemas o traumas que dieron origen a esa dinámica. Familias que van atravesando historias que los hacen crecer, de forma más o menos didáctica. En cuanto a los amores, ya es harto conocido el procedimiento: jamás una relación amorosa se concreta en el inicio de la serie, sino que se empuja hacia delante. Son contadas las series que sobreviven ese momento, como fue el extraño caso de “Friends”, con Ross y Rachel y su antítesis, de la misma época, con “The Nanny”, que comenzó su finalización cuando quisieron correr el centro de la tensión de la seducción sin concreción a algo simplemente familiar. Una especie híbrida son las sit coms de parejas, que repiten casi siempre la misma fórmula, con la excepción de “Mad about you”, que seguía la evolución de la pareja que interpretaban Paul Reiser y Helen Hunt.

En la ciencia ficción, por ejemplo, enfrentamos un paquete distinto, ubicado habitualmente en un futuro hipotético. Pero, pasados los créditos, y dentro de la estructura de un relato épico, ¿Qué hallamos? Historias de amor, conflictos entre padres e hijos. No es necesariamente un defecto, sino que solemos disfrutar de ver las mismas historias, los mismos mitos, con los que podemos interactuar o con los que nos podemos identificar, narrados de manera diferente. Nos entretenemos, de hecho, muchas veces escuchando los mismos chistes. ¿Acaso no somos capaces de ver veinte veces un mismo capítulo, del cual conocemos el principio, el desarrollo y el final, y reírnos o entreternos igual?

Battlestar Galactica“Battlestar Galactica” es un buen ejemplo. Ronald Moore no quería repetir lo que ya había hecho con la saga “Viaje a las Estrellas”. “Ya sabemos que es ciencia ficción, ahora, ¿cómo lo hacemos?” fue el pensamiento. Incorporaron la cámara al hombro y disminuyeron las escenas de acción a lo indispensable. El centro pasaron a ser la trama y los personajes. La trama, el centro, lo épico, como quienes hayan visto la serie saben, es encontrar la Tierra, la cual no saben del todo bien dónde está. Colocar a los personajes en el centro, salvo que se plantee un modelo cultural absolutamente alternativo, es poner los dramas de siempre como foco. Si vamos al inicio, a la miniserie que dio pie a la primera termporada de esta segunda edición de “Galactica”, se pueden encontrar ya las bases, con los problemas entre Adama y su hijo, y entre este y Starbuck, y entre los tres y un pasado que nunca se termina de aclarar. La ciencia ficción, suele decirse, es hoy en día, por permitir el ingreso de elementos de todos los otros géneros, el lugar ideal, distanciado, para elaborar sobre los conflictos humanos básicos (de hecho, muchos capítulos de la serie parecen un laboratorio ficcional donde los autores incorporan y experimentan con distintos conceptos de las ciencias políticas).

Pushing DaisiesAhora bien, en el género fantástico encontramos otra vez lo mismo. “Pushing Daisies”, sin ir muy lejos, carga con la dificultad de que el problema básico no tiene en principio solución. Y, convengamos, no sólo nos quedamos pegados a la pantalla siguiendo las historias que ya conocemos, sino que, también, queremos poder proyectar. Todo el mundo sabía que Ross y Rachel habrían de volver en algún momento, de lo contrario habría sido una gran decepción. O que en “Party of five” la familia habría de sobrevivir a todos sus problemas para convertirse eventualmente en personajes maduros y adultos que pudieron elaborar exitosamente la muerte de sus padres. Que nos cuenten la misma historia nos da, también, seguridad.

En “Pushing Daisies” el protagonista no puede tocar a la chica que ama porque, si lo hace, la mata. ¡Ah! ¡Traición! Y, encima, con huelga de guionistas, así que hay que esperar a la segunda temporada para ver una evolución real. Muy bonito como cuento fantástico, pero como serie, ¿cómo es que van a sortear ese pequeño inconveniente? Es posible mantener la atención con un amor platónico durante un tiempo, pero la paciencia se acaba. Y la belleza visual tampoco es suficiente. ¿O es acaso precisamente eso, jugar con la frustración del espectador inventando mil y una maneras de que los dos protagonistas se toquen sin tocarse? El melodrama amoroso debe tratar, en una serie, de un amor difícil, no imposible.

SmallvilleLa capacidad de una serie de perdurar en el tiempo se da, casualmente, por su habilidad para no depender exclusivamente de concretar ese objetivo. En “Smallville”, por ejemplo, está la relación Lana-Clark, pero, salvo por momentos, el peso mayor de la trama no reside ahí, sino en cuándo Clark Kent pasa finalmente a convertirse en Superman; en otras palabras, a través de la “modalidad” superhéroe seguimos los pasos de un adolescente que se va convirtiendo en adulto y adopta y acepta sus cargas y responsabilidades. De todos modos, es una opinión personal, en “Smallville”, han recurrido a elementos por momentos, digamos, peculiares… como que nadie recuerde que Luthor fue poseído por Zod y estuviera a esto de acabar con el planeta Tierra. Pero bueno, detalles.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando el conflicto básico es el deseo de justicia, usualmente en la forma de la venganza? Es algo tramposo, porque están todos los otros condimentos, pero la voluntad de revancha es algo muy fuerte como para ser opacado. Y lo curioso es que, consumada la venganza, el personaje suele no poder detenerse, sino que continúa repitiendo la misma acción una y otra vez, con nosotros siguiendo sus pasos. Esto último se da en una serie como “Moonlight”, donde el protagonista busca su redención, pero, paradoja, lo único que hace es modificar el signo de sus crímenes: de un asesino de inocentes, se convierte en un justiciero de “culpables”, lo que hace, simultáneamente, que su posibilidad de conseguir el amor se haga cada vez más complicada.

¿Qué les entretiene más ver? ¿Amor, épica, aventuras (otra forma de épica), justicieros, tragedias, abogados haciendo justicia o deshaciéndola?

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