Voces Inocentes: una agradable sorpresa

Voces Inocentes es una de esas películas que vienen con un considerable retraso a nuestro país (más de tres años) y que ni cuentan con una promoción adecuada que acerque la cinta al espectador, ni con una distribución suficiente.

Voces InocentesEs una historia sobre la guerra civil en El Salvador en los años ochenta, donde los niños son reclutados a partir de que cumplen doce años para hacer bulto en el ejército nacional, en su intento de parar la embestida de la emergente tropa de guerrilleros opositores. Chava (Carlos Padilla) tiene 11 años, y ve que más temprano que tarde acabará como niño-soldado, teniendo que abandonar a su familia, compuesta por su madre (la deliciosa Leonor Varela), y sus encantadores hermanos. El amor fraternal y maternal queda vigente en toda la película con unas interpretaciones estupendas, a la par que la ambientación es extraordinaria e impactante.

Aunque muchos la tilden de drama de lágrima fácil (que en este sentido tienen su parte de razón), el mexicano Luis Mandoki ha conseguido una película fuerte y lograda, con una evidente pero tremenda propuesta de denuncia social, en la que quedan clarísimas las nocivas consecuencias de la guerra y el conflicto bélico en general sobre una sociedad pobre pero llevadera.

Mandoki, a quien sólo conocía por su tonto culebrón Mensaje en una Botella, me ha sorprendido gratamente con una puesta en escena espectacular, y unas escenas de violencia estremecedoras. Escenas durísimas, como la del reclutamiento de niños en un colegio (sitiando previamente el lugar), o los tiroteos que sacuden las casas de los civiles son dignas de pasar a la historia, porque se nota que en un presupuesto ajustado el director ha podido con todo, y finalmente le ha salido una película decente en todos los sentidos.

En particular, me encanta que por fin la chilena Leonor Varela, una preciosa y talentosa actriz, haya tenido suerte y se haya hecho con un papel con carisma y donde pone en juego todas sus facultades actorales, en virtud de la película. El realismo que otorga las actuaciones de los niños, en particular de los tres hermanos (atención al hermano pequeño, Alejandro Felipe, conocido luego por Frijolito), es apabullante. Se agradece también la presencia del español Daniel Giménez Cacho como sacerdote que intenta rebelarse contra la situación, pero que no encuentra apoyo sólido alguno.

Lástima que, tras una hora prometedora y angustiosa, la trama se haga redundante y demasiado enfocada a plasmar las penurias de los habitantes y en concreto de los protagonistas. Mandoki no puede evitar insistir en cuán ruinosas son las vidas aplastadas por la guerra, y repite una y otra vez los pasajes donde el ambiente violento influye sobre los personajes, donde el trauma del conflicto está y estará presente para siempre. 110 minutos donde quizás bastaban 80 o 90. Asimismo, la voz en off de Chava es un recurso manido para intentar despertar mayor emotividad en el espectador, cuando se ve a todas luces innecesaria y reiterativa, a la par que algunas frases en concreto (como el hecho de que Chava, tras el abandono del padre, se haga «el hombre de la casa») son exageradamente colocadas numerosas veces con el fin de asegurarse de que el espectador se entere del mensaje.

Voces Inocentes es una de esas películas que el espectador encontrará siempre por casualidad. Bien en un videoclub, o bien buscando por Internet (ha sido premiada en numerosos festivales, entre ellos el de Berlín), pero en gran medida, se llevará una agradable sorpresa, ya que lejos de ser una película de reacción al belicismo de al uso (véase Lágrimas del Sol, por ejemplo), es un drama demoledor sobre la guerra y la miseria, sobre la intención inherente del ser humano de seguir adelante aun con las impresionantes adversidades.

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