Wall-E, pillado hasta las tuercas

Una de las películas mas importantes de la animación de los últimos tiempos, que demuestra todas las capacidades de este formato de realización, el que junto a una bella historia como la acá contada, establece a este como el tercer medio, junto al digital y al celuloide, para realizar cine.

Wall E hubiera sido una película que lograra mucho más de lo que terminó logrando. De no haber sido por el fenómeno inmenso que fue The Dark Knight, Wall E podría haber sido la producción más importante de este año. Ciertamente no digo esto por las animaciones logradas por Pixar, las que han llegado a un nivel verdaderamente espectacular, sino porque es una de esas obras que salen muy de vez en cuando, logrando cautivar a cualquier persona que tenga la oportunidad de disfrutarla, así como haciendo su importante aporte a la industria del cine.

Es verdad que mucha gente considera que la animación no es cine, que es mero entretenimiento. Admito que yo era una de ellas, sin embargo, después de ver al muñequito recoge basuras, creo que la animación ha logrado el estatus de ser otro medio que, junto al celuloide y al digital, permiten la creación de experiencias cinematográficas tan emocionantes como cualquiera de sus predecesores. Disney -Pixar habían logrado producciones que siempre me habían parecido muy inteligentes, pero sin dejar de ser mero entretenimiento para niños y adultos. No obstante, era rescatable en cada una de ellas el valioso esfuerzo que había por lograr contar con guionistas que nos llevaran historias bien trabajadas a la pantalla, que se desarrollaran de manera elaborada y estructurada durante todo el film.

Parece acertado decir acá que el éxito de Pixar nace en que gran parte de su inversión radica en un muy sofisticado personal, que sin duda pasa desapercibido para el público masivo, especialmente para los niños, pero que dan sus resultados en la pantalla. En la voz de Wall E, por ejemplo, la que son puros sonidos extraños, pero que tienen la capacidad de transmitir todos y cada uno de los sentimientos del robot, estaba encargado Ben Burtt, quien había hecho el revolucionario e impactante diseño de sonido de «Guerra de las Galaxias«. De otro lado, el guión estuvo encargado de un antiguo director de «Los Simpson«, Jim Reardon y de Andrew Stanton, también director de la película. Con esa base de equipo humano, se logró hacer un trabajo que impresiona por su calidad y belleza, así como por el mensaje enviado a niños y adultos.


El que en los primeros treinta minutos de la película no haya un sólo diálogo parece una equivocación para una producción dirigida a un público que va a las salas de cine hoy, acostumbrados a ver trabajos de directores que usan las palabras, la voz en off y cuanto otro elemento encuentren para disimular su limitada narrativa visual. Sin embargo, la primera media hora de Wall E sorprenderían al mismo Hitchcock o cualquier estrella de la época del cine mudo, de igual manera que sorprendió a toda la audiencia que disfrutó del film.

Durante todo ese tiempo logramos conocer a Wall E, su soledad, su inocencia, su curiosidad, así como su encantamiento con la clase de vida que los humanos teníamos antes de destruir el mundo que hemos creado. Los niños, y nosotros también hay que admitirlo, nos encariñamos con él gracias a las constantes payasadas que realiza, así como con el sonido de su tierna voz, la que sumada a la perfecta animación de los gestos y movimientos, logran transmitirnos lo que pasa a su interior.

La única compañía que tiene el robot es una cucaracha, con la que comparte su solitario trabajo de recoger la basura que los humanos dejamos atrás. Entre Wall E y el insecto hay una relación de respeto y cordialidad, logrando con ello ser una metáfora muy critica de la tan diferente manera en que todos los animales son tratados por nosotros hoy en día.

Con la llegada de Eve a la tierra, el corazón de Wall E pasa a tener una nueva dueña. Y es que eso es lo que más encanta de esta película, que es un fábula muy moderna, en donde ahora no le damos capacidades humanas a los animales, cómo se hacía antes, sino que son los robots los que toman caracteristicas de los hombres. Eve es desde mi perspectiva, un muñequito idéntico al hombrecito de Windows Messenger (no me importa lo que se diga con respecto a Apple en ese sentido), por lo que todos nos identificamos y fascinamos con él, o ella en este caso.

Entre ambos comienza una historia de amor moderna, en donde él hace todo lo posible para atraer su atención, lo que parece ser inalcanzable para nuestro héroe. Eve es distante, fría, casi que antipática con Wall E, quien a pesar del tratamiento que de ella recibe, no desiste en su afán de conquistarla. En un momento determinado, la robot se encierra en sí misma, ignorando completamente a Wall E, a lo que él responde cuidándola, consintiéndola, preocupándose por ella, en lo que sin duda llega a ser una de las secuencias más lindas de todo el largometraje.

La historia toma un viraje con la llegada de la nave espacial que recoge a Eve, llevándola hacia alguna Galaxia lejana, donde los humanos, en su máximo nivel de sedentarismo, están dando un paseo por el universo. En ese momento, y por cosas del destino, Eve logra ver el amor que Wall E por ella siente, cautivándose por esto, y decidiendo tener una oportunidad con él. En el espacio no sólo la historia tiene un importante giro, sino que también el ritmo cinematográfico se acelera, convirtiéndose en una película de aventuras en el sentido clásico, en donde los dos robots deben luchar por su supervivencia y el regreso al planeta tierra.

Durante todo este tiempo, mientras escribía las líneas, se me olvidaba que estaba hablando era de maquinas y no de seres humanos; pero es que el nivel de animación de esta película llega a uno tan alto que se puede decir que lo que vemos en la pantalla son actuaciones, no meros dibujos moviéndose y teniendo gestos de humanos. La preparación de las escenas son tan cuidadosas y bien llevadas a la pantalla, que por momentos parecen acciones reales. De hecho, los realizadores de Wall E le solicitarón a Roger Deakins (director de fotografía conocido por sus trabajos con los Coen) que les dijera cómo habría iluminado él algunas escenas, para ellos utilizar su conocimiento y realizar las animaciones según sus indicaciones.

Por su magistral escena de cine mudo, por su mensaje ambientalista, por su historia de amor y por ser una obra de inmensa calidad cinematográfica, Wall E es una de las experiencias más lindas que se han tenido en una sala de cine en los últimos años, logrando darle a la animación el tan merecido estatus de formato de cine por el que luchaba, haciéndolo tan importante y valioso como los otros dos.

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