Wim Wenders explora las posibilidades del 3D con ‘Pina’

Un film para Pina Bausch por Wim Wenders. De este modo se describe a sí mismo el nuevo film del realizador alemán Wim Wenders. Dos años después de la muerte de la gran maestra de la danza, el cineasta transforma lo que en su día se gestó como un biopic (artístico, sentimental si se quiere) en un tributo. Artístico, sentimental y mucho más. De hecho, ya hay quien habla de una revolución en toda regla en lo que se refiere al modo de concebir el espacio y el volumen en el cine, desbordando los límites de la imagen. Los bailarines de la compañía de Pina Bausch son los encargados, junto a Wenders, de expresar con sus movimientos el extenso legado de la vanguardista y rompedora coreógrafa germana.

Pina nos habla de muchas cosas además de la danza. Plasma la belleza, el amor, el sufrimiento, el esfuerzo, el caos… estadios comunes a todos los seres humanos. Sin embargo, Pina se centra sobre todo en la renovación artística. La de Pina Bausch en primer lugar, la de Wim Wenders después y, en última instancia (aunque no menos importante) la renovación del cine mismo, extendiéndose más allá de sus límites y demostrando los buenos resultados de hacer converger dos disciplinas.

Pese a no ser aficionados a la danza, Pina merece la oportunidad del gran público. Lo que veremos en pantalla serán cuerpos llenos de gracia, un espectáculo que merece ser visionado. Y es que el cine, como la danza, es una forma de arte basada en el lenguaje del cuerpo, por lo que en el film se aprecia una compenetración total entre el espíritu del cineasta y el de la bailarina. La plástica de los cuerpos lo domina todo y, sin embargo, no podemos dejar de considerar Pina como una película etérea e incluso onírica.

Como ya hiciese la ucraniana Maya Deren en A Study in Choreography for Camera (1945) o Ritual in Transfigured Time (1946) la danza se pone al servicio del cine para crear poesía. Visual, en este caso. Sin embargo, y más allá del cine de trance, lo que Wim Wenders realiza es una fusión completa entre cine y danza, en la que ambas disciplinas salen beneficiadas y reforzadas, sobre todo gracias a la óptima utilización de la tecnología 3D. El lenguaje del cine, tanto tiempo estancado, ha encontrado una nueva vía de escape para mostrar las posibilidades de los cuerpos y, sobre todo, del movimiento. De este modo, el director juega con el volumen y la profundidad de una manera nueva: cambiando de enfoque, saltando de plano, siguiendo las figuras que se cruzan. Es lo que el 3D ha podido ofrecerle:

No sólo podía entrar en el espacio y ofrecer la profundidad, sino que podía representar los cuerpos de una manera diferente. ¡De repente tienen volumen! Eso ensalzó la presencia de los bailarines de una forma que nunca se había visto.

Cerca de 25 años ha tardado Wim Wenders en encontrar la manera de trasladar el lenguaje de Pina Bausch al cine, volcándose en una concepción hiperrealista para conseguirlo. Ahora sí podemos decirlo: larga vida al 3D.

Para más información, visita la Página Oficial de Pina.

Fuentes: Entrevistas en La Razón y ABC

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