«XXY»: las razones del éxito

xxy.jpgFinalmente la película “XXY” dirigida por Lucía Puenzo fue la elegida por Argentina para representar al país para los premios Oscar y también para los Goya españoles. Un gran doblete que galardona a un filme atípico, que toca un tema poco abordado en la pantalla grande como es la ambigüedad sexual adolescente.

“XXY” se impuso en la votación por los Oscar a “La Señal” por 51 votos contra 25. Y para los Goya también aventajó a la película dirigida por Ricardo Darín por 31 votos a 22. Con varios premios en su haber – entre ellos Gran Premio de La Semana de la Crítica en el último Festival de Cannes y Mejor película en el Festival Internacional de Cine de Bangkok- el debut de Puenzo fue creciendo lentamente, ya que no tuvo mucho presupuesto para publicidad, hasta convertirse en el filme argentino más importante del año.

¿Razones de su éxito? Muchas. Como ya se mencionó, el tema tratado resulta original: se plantea sin golpes bajos la dicotomía de una adolescente hermafrodita y el desvelo de sus padres por intentar revelar su condición de cara a la sociedad. XXY es el nombre con que se conoce al Síndrome de Klinefelter, una anomalía cromosómica que afecta solamente a los hombres: los varones tienen cromosomas XY y las mujeres tienen los cromosomas XX. En el síndrome de Klinefelter se presentan los cromosomas XXY.

na30fo01.jpgLuego, hay que agregarle las actuaciones: el adolescente está interpretado por la hasta ahora desconocida para el gran público Inés Efron, quien se luce en un papel impecable. Ella está muy bien acompañada además por Ricardo Darín, Valeria Bertucelli y Martín Piroyansky. Y la dirección de Puenzo –hija del director Luis Puenzo, ganador de un Oscar por “La Historia Oficial” en 1985- es más que correcta: le da a la película un tono intimista pero que no pierde ritmo narrativo.

Basado en un cuento del escritor Sergio Bizzio, pareja de Lucía Puenzo, “XXY” es una película perturbadora: muestra un tema que incomoda pero visto desde el punto de vista de la persona damnificada. Y Puenzo aquí no toma partido, dejando espacio para la reflexión. Merecida la distinción, esperemos ahora la suerte final de este relato jugado y necesario.

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