Las variantes y cuidados del salmón ahumado

Aunque nos parezcan todos los salmones iguales no es así. Hay diferentes variaciones y sobre todo precios dependiendo de país de origen y de su elaboración.

Tanto fresco como ahumado, su gran aporte en ácidos grasos omega 3, tan beneficiosos para la salud, le han dado muy buena fama. Aunque no hay que olvidar que es muy salado y que no hay que abusar de el.

Hay diversas calidades de salmón crudo. Noruega, Escocia y Alaska. La calidad del pescado crudo determina en parte cómo será el ahumado. El alto precio de algunas marcas puede deberse a que el salmón utilizado es salvaje, es decir, no de piscifactoría. Es menos graso y no contiene antibióticos como los que se usan para criar pescado de forma artificial.

Si ya lo compras cortado al menos que veas tras el envase la carne. Como regla general, fíjate que sea de tono rosado, no rojo y color uniforme. Al seleccionar un salmón ahumado, fíjate sobre todo en estos detalles:

La variedad usual. El salmón atlántico es el preferido para ahumar. Si compras el lomo entero, el de piscifactoría deberá pesar entre 1,4 y 1,8 kilos, para que tenga menos grasa. La loncha debe ser fina, unos 20 cm de largo, de color uniforme y sin manchas marrones ni bordes oscuros.

En cuanto a su conservación guárdalo en la nevera siempre, incluso si está envasado al vacío. Procura no sobrepasar la fecha de caducidad, ya que hablamos de un alimento delicado que se contamina fácilmente. Una vez abierto el envase, tápalo bien que no le dé el aire y consúmelo lo antes posible. No puede pasar de tres días.

Cada plato de salmón requiere un corte diferente. El típico loncheado se hará para presentaciones de carpaccios. La loncha pequeña es para preparaciones de canapés. En taquitos para la opción de ensaladas y virutas son los restos tras hacer las lonchas que pueden servir para adornar otro plato.

Imagen | lacocinadeinma

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