Las joyas de la corona de Lomana

Parece que los televidentes españoles han acogido bien el nuevo programa de Telecinco, Las joyas de la corona, en que doce concursantes aprenden buenos modales de Carmen Lomana.

Respiro profundamente, repito de forma monótona y rítmica mi tantra e intento dejar la cabeza en blanco. Pero ni así. Lo siento, pero lo han vuelto a hacer. Telecinco ha conseguido que me vuelva a poner nervioso mirando la televisión. El culpable esta vez es el programa Las Joyas de la corona, en la que Carmen Lomana se luce como auténtico adalid del buen gusto y el refinamiento.

El programa proviene como casi siempre de Estados Unidos donde llevan tres temporadas cosechando una buena audiencia. Aquí ha llegado para sustituir Supervivientes y parece que no lo están haciendo mal, por lo que dice los datos en estas primeras semanas son aceptables (detrás de la excelente serie Los Tudor en TVE). Pero entremos al tema.

No sé qué es peor si el tipo de programa o los propios concursantes.  La verdad es que el programa no tiene mucho de nuevo, se podría decir que es una versión glamorosa del mítico Generacion NiNi de La Sexta. Pero claro, ahora lo que se quiere enseñar es entre otras cosas cultura general, educación, buenos modales en la mesa, hablar con propiedad, saber vestirse, peinarse… Muchas son las asignaturas que los doce alumnos, seis chicos y seis chicas, tendrán que aprobar si no quieren salir. ¿Qué sería un reality show sin las célebres expulsiones?

Se ha escogido con buen ojo a los concursantes, que parecen disfrutar siendo objeto de cualquier burla por parte de los profesores. Porque, para qué engañarnos, la gracia no está en que los chicos aprendan día a día unos mínimos de comportamiento y cultura, sino en la cantidad de veces que hagan el ridículo con la cámara de testigo y millones de persona riendo a su costa.

A veces me pregunto por qué se ha escogido a Carmen Lomana como directora de esta peculiar academia. Una mujer que se hizo conocida popularmente en otro programa televisivo de TVE “Los ricos también lloran” y en donde aparecía cómo una gran experta e todo lo que tuviera que ver con el lujo: moda, decoración y frivolidades varias. De allí, se le abrieron los altares televisivos con una silla habitual en Sálvame, e incluso probó fortuna en las pistas de baile en Más que baile.

Un nuevo circo televisivo en el que los concursantes son la excusa para pasar un rato riéndose de la persona ajena a cambio de los cinco minutos de fama. Parece que el actual lema de vida de la juventud de nuestro país. Famoseo, luego existo.

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