La felicidad está dentro de ti

Todos podemos disfrutar de una vida plena siempre y cuando sepamos dónde buscarla , y aunque nos parezca una misión imposible nos sorprenderíamos de lo cerca que la podemos tener.

La felicidad no hay que considerarla como una meta, sino como un camino que debemos recorrer. Para ello, no hay que depender tanto de aquello que nos ofrece el exterior, sino de nuestra capacidad de sacar el máximo provecho de todo lo bueno que hay en la vida.

El verdadero gozo se obtiene aprendiendo a disfrutar. Y es que hay veces que vamos por la vida como los turistas visitando a golpe de kilómetros ciudades sin pararnos a ver las verdaderas riquezas que hay en nuestro interior. Es tan fácil como echar una mirada a nuestro alrededor y saborear el placer de estar ahí en cada momento.


Para estar en armonía con el mundo. Hay que tomar conciencia de lo afortunados que somos por el simple hecho de estar vivos. La vida es como un regalo maravilloso temporal, y cuando recibimos ese tipo de regalos debemos ser agradecidos y disfrutar de cada momento que es muy valioso, ahí está la felicidad.

Para conseguirlo, no hay que obsesionarse con lo material. Una casa nueva, un bolso nuevo. La felicidad es interior, no exterior, por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos como personas. Por lo tanto, deja de condicionar tu felicidad a tener ésta o aquella posesión, porque solo así te sentirás más dueño de tu vida.

Muchas personas tan sólo son felices si obtienen lo que desean. Basan su satisfacción en el medio y no en el fin. Se trata, por lo tanto de invertir la escala de valores y poner en primer lugar la voluntad firme de ser dichosos. La felicidad no consiste en adquirir y gozar, sino en no desear nadada, puesto que consiste simplemente en ser libre.

Ante todo hay que encontrarse con uno mismo. Es un proceso sencillo y, al mismo tiempo, complejo. Consiste en dejar de desear cosas y aceptarnos tan como somos. Si lo conseguimos, esa felicidad que habita en nuestro ser interior aflorará a la superficie sin esfuerzo, una felicidad que antes no percibíamos, de la misma manera que le ocurre al pez, que nunca llega a ser consciente de la existencia del agua que le rodea.

Imagen | jacilluch

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