¿Existen móviles para hombres y móviles para mujeres?

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Decidida estaba yo a volver a formar parte del mundo tecnológico después de un periodo de descanso. Y es que después del fallecimiento de mi último móvil y, tras ser consciente de la dependencia creada por este aparato tras muchos años de uso -como os conté hace unas semanas en «NO, sin mi m´móvil«-, decidí tomarme una período sabático.

Las conclusiones tras este tiempo sin móvil se podrían resumir en una simple y llana frase: «sí amigas, sin móvil se puede vivir». Y no es de reirse la cosa, ya que puede parecer bastante más frívolo de lo que realmente es. Nos hemos creado una dependencia brutal por estos pequeños objetos -y por muchos más-, pensando que de verdad el ser humano hoy en día, no puede vivir sin ellos.

Así que en el momento que aprendí la lección, que supe que mi relacción con mi móvil debía de tomar otros caminos, pero que debía de volver a establecerse, me dirigí de forma rápida a su búsqueda y compra. Realicé un gran estudio de mercado en cuanto a tipos de móviles y sus numerosas y distintas funcionalidades. En este momento comprendí que la evolución de estos aparatos ha sido tremenda, ya que prácticamente son pequeños ordenadores portátiles con los que se puede hacer prácticamente de todo.

Me desesperé literalmente, al plantearme un posible cambio de compañía telefónica: ofertas espectaculares, millones de planes de contratos, tipos de tarjetas, infinitas tarifas, permanencias, portabilidades… lo que acabó en un caótico follón en mi cabeza del que no me veía capaz salir. Para tomar una decisión tuve que tirar de mi parte analítica en la que elaboré una lista de necesidades y ofertas, en la que supe elegir lo que espero sea un buen que cumpla mis expectativas.

Todo esto sería un mero cambio de móvil normal y corriente, sino fuera por el momento en el que me decido entrar a la tienda en cuestión para ejecutar mi anterior decisión. Pues bien, resulta que esta decisión tomada por mi parte, para el señor vendedor no era un opción demasiado válida. La razón -totalmente lógica, ética, basada en los tiempos modernos que corren e, inigualablemente argumentada- era que cómo iba a comprarme semejante móvil de última generación, si era mujer y jamás iba a necesitar todas las funcionalidades que el móvil me ofrecía.

«¡¿PERDONE?!, ¿me acaba de decir que por el simple hecho de ser mujer no puedo tener un móvil de última generación?, ¿Qué es lo que no voy a usar de todas sus características y en qué se basa usted para decir eso?… Y además: ¿A usted qué narices le importa lo que me compro o dejo de comprar?». Mi indignación aún está latente desde semejante comentario machista y sexista.

Mi comportamiento tras aquel momento de indignación fue sutil, rápido y discreto, eso sí, tras informarle de mi opinión al respecto, y una queja por el servicio recibido. Así que, mi decisión fue comprar mi móvil vía internet -lo cual tampoco me ha ido especialmente bien, pero ese ya es otro tema-. Lo que es alucinante es que todavía existan personas con la idea en la cabeza de que una mujer no pueda llegar más allá, no pueda estar situada -ni interesada- en las tecnologías más punteras y el hacer uso de las mismas. «¿Todavía hay quien no se ha enterado de que los estrógenos no son una barrera para hacer TODO lo que queramos y nos planteemos hacer?«.

En Cetro Mujer | NO sin mi móvil

Imagen | flickr

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