Cibersexo: el sexo del nuevo siglo

Ligar, buscar pareja y chatear en internet ha dejado paso a las prácticas sexuales compartidas utilizando las nuevas tecnologías. Es la hora del cibersexo.

cibersexo

Aunque probablemente hace unos años, cuando ya existía internet, y se empezaban a ver las primeras webs de citas y contactos en la red, se trataba de algo minoritario. De hecho, hablar de cibersexo era un tabú mayor que el de hablar de sexo sin más. Sin embargo, con el nacimiento de muchos más sitios dedicados al sexo, y a todo lo que tiene que ver con las parejas, a una globalización cada vez más latente, y también al hecho de que somos mucho más flexibles laboralmente por las condiciones actuales del mercado, el cibersexo está tomando un papel fundamental en nuestras vidas. Y nos referimos a cibersexo por la palabra de uso habitual, pues hay quién dice que no es de sexo la cuestión qué trata.

El cibersexo es a veces definido como mantener relaciones sexuales a través del teléfono o de los medios online. Sin embargo, en sí misma, la relación sexual no se produce. De ahí la polémica de considerarlo o no sexo en sí mismo. De todos modos, aunque sea una masturbación con la ayuda del otro, una fantasía que se lleva a cabo poniendo medios electrónicos de por medio, el cibersexo ayuda a mantener las relaciones a distancia, puede resultar realmente placentero y es una manera más de vivir la sexualidad utilizando los medios que se nos ocurran.

Como en cualquier otra manifestación que tenga que ver con la sexualidad, no hay nada de malo en ello. De hecho, la mala fama del cibersexo se ha debido sobre todo al hecho de que se ha asociado siempre a relaciones muy esporádicas, casuales, o que no pretendían más que eso. Sin embargo, puede estar relacionado también con otros tipos de relaciones, y en todo caso, que se asocie a la primera, y que sea una práctica entre quiénes consideran que prefieren relaciones esporádicas, tampoco debería tener nada de criticable.

Sin embargo, el cibersexo sí que puede tener algunas desventajas, sobre todo si lo practicamos con desconocidos. Se trata del hecho de que mandar fotografías, o vídeos íntimos puede convertirse luego en un problema para con nuestra privacidad. De hecho, si enviamos fotografías a quiénes no conocemos, tampoco podremos nunca estar seguros de dónde se publican, y perderles el rastro, con lo viral que resulta internet si se pulsan las teclas correctas, no será difícil. Y luego, en esos sentidos, aunque la ley persigue a quién comete este tipo de delitos, la imagen ya estará en cientos de páginas…. Así que, en ese sentido, hay que tener cuidado.

Imagen: Cristian Eslava

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