De la ropa al desnudo

Chimpances en el ritual de cortejo y apareamiento Podemos sonreír al pensar que, aunque hayan trascurrido cientos de miles de años, no hay tanta diferencia entre la cantidad de tela empleada en el cortejo macho-hembra del Homo sapiens, y los slip y mini-tangas de la seducción actual del hombre y la mujer.

Pero esto no siempre fue así, hubo épocas en que las parejas mantenían relaciones sexuales a través de camisones y sábanas especialmente diseñadas con un orificio para facilitar el coito sin que se vieran desnudos. Siglos en los que se daba la interesante paradoja de realzar el busto con complejos corpiños, hasta colocar los pechos a la altura de la mismísima barbilla; mientras, eso sí, no descubrían el tobillo con las enaguas y faldas tipo campana, bajo las que bien podía propiciarse sexo oral a escondidas.

La erótica de la ropa y su uso o desuso se manifiesta en: el desnudo cotidiano de los nudistas, el descamisado rápido de encuentros desenfadados de una noche, el placer sexual que despiertan determinados accesorios (zapatos, ligas…) en los fetichistas, las muchas fantasías y juegos sexuales asociados a disfraces y uniformes (enfermera, policía…), etc.

No obstante, el máximo grado de excitación suele alcanzarse mayoritariamente con el semidesnudo. La desnudez brusca y explícita no siempre genera el deseo sexual más intenso. Es lo que se adivina, lo ambiguo, lo que deja pie a la imaginación lo que va más frecuentemente asociado a la activación sexual: el tirante que se desliza sobre el hombro, el músculo que se intuye sobre la camiseta, el escote que habla de prelSostén de moda, reflejo de la semidesnudezudio, etc.

El interés sexual por la semidesnudez ha quedado reflejado en el mundo de la moda con las transparencias y en el de la noche con las fiestas de camisetas mojadas. No se puede olvidar su paso por el cine y la publicidad: el fugaz cruce de piernas de Sharon Stone en Instinto Básico, el chico del anuncio, que bebe un refresco, sin camiseta, tras el cristal de una oficina de mujeres, etc.

Todo esto, sin obviar que el contacto de dos cuerpos desnudos genera y mantiene una excitación especial, a partir de las sensaciones proporcionadas por la temperatura, el tacto y el olor.

Entre la ropa y el desnudo es aconsejable disfrutar de la retirada gradual de las prendas, y el deleite al imaginar lo que va a suceder a continuación, los puntos suspensivos …

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