La dominación y la prostitución están presentes desde la antigüedad

En esta entrada nos acercamos a dos conceptos casi indivisbles: Prostitución y dominación. Revisamos las diversas formas de prostitución y sus respectivas variantes

El sexo contiene en su universo una serie de elementos químicos y sociales que hacen que su fórmula sea dinámica y de compleja descripción. Por supuesto que si uno busca que enunciar leyes absolutas en este campo corre serio riesgo de patinar y feo. Si habláramos del campo químico nuestra situación ya de por sí sería limitada al haber profundo desconocimiento científico en esta materia con temas que apenas y están saliendo a la luz. Pero en esta ocasión queríamos arrimarnos hacia el componente social del sexo y referirnos a un tema que se desprende de este.

Hablamos de la dominación, ese componente que linda los terrenos de la enfermedad sexual y ante el cual más de uno se hace la señal de la cruz por considerarlo sinónimo de aberración o, como se diría hoy, de parafilia sexual. Otros en cambio, ven en la dominación un combustible inacabable para su marcha sexual e incluso llega a ser un componente importante dentro de una relación seria y estable. Ya empiezan las complicaciones, ¿cómo una parafilia puede ser un componente vital dentro de una relación normal y tradicional de pareja? Ciertamente esto nos devuelve a las líneas iniciales en que sostenemos que no se pueden enunciar leyes exactas en materia de sexo.

Imagen tomada de Flickr por Felipe Salgado

Ahora bien, dentro del mundo de la dominación existen muchas variantes con mayor o menor grado de parafilia si se quiere. Pero en este caso queremos referirnos a una forma de dominación que muchas veces pasa inadvertida. Estamos hablando de la prostitución. En efecto, el oficio más antiguo del mundo, como le llaman, no es otra cosa que una forma de dominación, con un acuerdo previo, ciertamente, pero eso es sólo una forma de enmarcarlo “legalmente”. Veamos. La prostitución consiste en comprar placer para decirlo en términos simples.


Generalmente es el hombre el que adquiere el servicio de una prostituta. Ella fija su tarifa y él paga. Generalmente el costo es variable y se circunscribe a determinado tiempo de sexo o la consecución de un orgasmo por parte del hombre. Lo que llegue primero marcará el fin del vínculo contractual que se ha celebrado para definirlo en términos legales. Sin duda es una forma de dominación, de las más antiguas, toda vez que la prostitución casi siempre es ejercida por la mujer en un contexto de necesidad y apuro económico. Ella sabe que su persona misma es un producto de determinado valor para el hombre, quien a su vez está dispuesto a utilizarlo por un tiempo limitado.

Sin embargo, existen casos en que la mujer ejerce el meretricio por puro placer. En esos casos, la prostitución viene siendo sólo una fachada para no verse descubierta, claro que esto no son la mayoría de casos. La prostitución del hombre tampoco es desconocida y es de conocimiento general que los anuncios en diarios y en Internet son de publicación regular. En ellos, los hombres que ejercen la prostitución ofertan sus servicios a damas que requieren compañía. Aquí también estamos frente a un caso de dominación, independientemente del móvil que haya derivado en esta situación.

Otro escenario que se presenta dentro de la prostitución es el proxenetismo. A través de este, un hombre maneja una mujer o un determinado número de mujeres, representándolas en las calles a cambio de un porcentaje de las ganancias diarias. Su labor se basa en brindarles protección durante el ejercicio de sus funciones toda vez que el peligro en las calles es constante y la mujer es indefensa por naturaleza. El proxenetismo puede ser consentido y propiciado por la propia prostituta o bien puede ser inducido y forzado por un proxeneta. En cualquiera de los dos casos se trata de una forma de dominación donde incluso algunos ven una forma de esclavitud. En muchos países la prostitución no está condenada por el código penal pero sí lo está el proxenetismo sea consentido o no.

Imagen tomada de Flickr por Felipe Salgado

Como vemos, el fetiche de la dominación está muy presente en el mundo de la prostitución y es un elemento casi indivisible. Y eso que sólo lo hemos analizado desde el lado meramente comercial, como una relación de compra y venta de un servicio. Pero la prostitución muchas veces es invocada dentro de los matrimonios tanto exógena como endógenamente. Me explico. En el primer caso una de las partes del matrimonio –generalmente el hombre- invoca la presencia de una prostituta para que pase a formar parte de la relación que mantiene con su pareja. Este tercer elemento que se unirá a la pareja puede ser otra mujer o incluso otro hombre.

En el caso que sea una mujer, irá a satisfacer directamente al hombre dentro de la relación sexual en grupo que sostengan. En el caso que el tercer componente sea hombre, irá a satisfacer a la mujer del matrimonio. En líneas generales eso es lo que sucede aunque se pueden dar las figuras inversas que son más raras. En cualquiera de los casos, se mantiene presente e inalterada la figura de la dominación, siendo el hombre quien la ejerce. Pero existe el segundo caso en que nadie de fuera es contratado como prostituta sino que el marido fuerza a al mujer a asumir el papel de una como tal ya sea como un elemento meramente lúdico dentro del acto sexual o haciendo que satisfaga a otro u otros hombres. De nuevo, la dominación sigue presente.

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