La pequeña muerte

La pequeña muerte era el nombre con el que los franceses describian al orgasmo. Un instante de separación del propio cuerpo, de movimiento y tranquilidad a la vez, de exitación y paz. Como palabra tiene la raíz en la palabra «trabajo» y tiene el mismo origen que palabras como alergia, energía, órgano. Oculto, mostrado, tabú, secreto íntimo, descubrimiento juvenil, prohibido, el orgasmo tanto masculino como femenino ha estado siempre en el centro de muchas discusiones. Cada religión tenía su opinión, cada cultura decidió ocultarlo o ensalzarlo…

En 1514, en España, tuvo lugar el exorcismo de Inés de Moratalla: “E que después destas pláticas vino un espíritu muy recio y entró en el cuerpo Della gimiendo e le disformó el cuerpo y el gesto e ojos, y empezó a hacer grandes molestias y vexaciones… E que entonces dicha moza dio voces diciendo tres veces: ‘Vení diablos… fuera de su sentido, haciendo muchos visajes”.

En «El libro de de la risa y el olvido» de Milán Kundera, entrevistaban a un escritor de gran fama en la TV, y le preguntan sobre el número de orgasmos que ha tenido en su vida: «Si el orgasmo dura cinco segundos, he tenido (a los cincuenta años) veinticinco mil segundos de orgasmo. En total, seis horas y cincuenta y seis segundos de orgasmo. No está mal ¿verdad

Para el escándalo de la época (y de su marido que le prohibió interpretar la canción) Bardot cantaba la canción de Gainsbourg, «Je t’aime… moi non plus» en magnífico orgasmo sonoro.

Beautiful agony, hermosa agonía, es un proyecto que filma el rostro de los voluntarios llegando al orgasmo. Con buena música y muy bien editado y buscando similitudes nos muestra como somos nosotros en este instante único.


La pequeña muerte (Eduardo Galeano)

No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su
viaje,
a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto,
nos
arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea
jubiloso
dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque
nacer
es una alegría que duele. Pequeña muerte, llaman en
Francia a la
culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y
perdiéndonos
nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña
muerte, la llaman;
pero grande , muy grande ha de ser, si matándonos nos
nace.

Fuente: El forastero

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...