Mujeres violadoras en Zimbabwe

La violencia sexual no siempre es unilateral y los hombres de Zimbabwe lo saben muy bien. Las autoridades de la zona han empezado una campaña de información al viajero al mismo tiempo que alertan al resto de la población, atendiendo a la creciente ola de violaciones a manos de mujeres. El germen de este fenómeno lo podemos encontrar en una extraña creencia de corte tribal por la cual, una mujer que fuerza a un hombre fértil y mantiene relaciones sexuales con él, disfrutará de prosperidad en los negocios. Por ello, y para curarse en salud frente a las féminas que ya han sido apodadas por la policía como «mujeres guererras» se recomienda a los hombres no hacer autoestop, no subirse al coche de ninguna mujer desconocida y utilizar exclusivamente el transporte privado, si se dispone de vehículo, o el público.

Frontera de Zinbabwe.

Hemos de recordar que la República de Zimbabwe, situada al sur del continente africano, es una de las zonas más devastadas por los estragos del SIDA, donde una de cada siete personas se encuentra infectada. Es por ello que controlar las violaciones a manos de mujeres significa también mantener a ralla, en la medida de lo posible, una hipotética propagación de la enfermedad. La última de las víctimas ha sido un hombre de 32 años encontrado drogado y tirado en una carretera en la localidad de Chegutu, hecho que ha abierto de nuevo la polémica y que ha propiciado que el periódico Herald lanzara la noticia al resto del mundo.

Cambio de roles entre víctima y agresor

Así, el susodicho hombre se encontraba haciendo autoestop cuando paró un coche en el que viajaban tres mujeres. Estas le ofrecieron mantener relaciones sexuales a cambio de dinero, pero cuando el chico se negó le inyectaron una sustancia por ahora desconocida que le dejó mareado y medio inconsciente. Fue entonces cuando se produjo la triple violación. Según fuentes de Efe recogidas por ABC, un caso parecido ocurrió en la ciudad de Karoi, donde un hombre fue asaltado por una motorista que, según las instituciones, le amenazó con una serpiente. En Beatrice, otras tres mujeres hicieron lo mismo con una pistola una pistola, obligando al hombre a mantener relaciones.

Como vemos, un fenómeno bizarro e inusual en estos tiempos que corren, donde las víctimas suelen ser mujeres y los agresores, hombres. Sin embargo, no por la marginalidad de este tipo de situaciones tendríamos que dejar de denunciarlas y posicionarnos en contra de toda violencia de cariz sexual.

Foto por whatleydude en Flickr

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