NO sin mi móvil…

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Hace dos días ocurrió un incidente sin precedentes en mi vida, el cual estoy intentando aceptar poco a poco: mi móvil ha muerto. Y es que este hecho tan superficial -que podría parecer-, puede resultar un auténtico caos en nuestra vida, porque que no olvidemos que vivimos en pleno siglo XXI, la época de las nuevas tecnologías.

Reflexionando sobre mi nuevo estilo de vida, me pregunto: «¿tanto hemos cambiado?». Recuerdo que tengo móvil desde hace unos 12 años. Calculo casi por millones los mensajes de texto que habré enviado desde entonces -y seguro que de ellos un 90% sin demasiado importancia-. Ni imaginarme quiero, las infinitas horas que he estado con aquel aparato pegado a la oreja hablando y hablando -tampoco entraré en la importancia o no de dichas llamadas-. Pero la cuestión es, «¿cómo hemos podido hacernos tan dependientes de algo con lo que hemos vivido toda la vida, y tan «agustito» además?».

Tanto es así, que la situación a la que estamos llegando comienza a ser preocupante. La Federación de Consumidores en Acción (Facua) ha puesto en marcha una campaña para alertar a los usuarios de la dependencia a la telefonía móvil, cuyo uso abusivo y muchas veces compulsivo está derivando en un importante aumento del gasto mensual de millones de familias y en una auténtica adicción para numerosos consumidores. La Federación además, señala que algunos usuarios llegan a sufrir trastornos físicos y psicológicos -ansiedad, palpitaciones, sudores, etc.-, ante situaciones tales como olvidar el móvil en casa, estar sin saldo, quedarse sin cobertura o sin batería…

Y la verdad es que efectivamente los móviles han sido uno de los grandes inventos de los últimos tiempos -y uno de los más fructíferos negocios, también sea dicho-. Nos han permitido una «mayor libertad» a la hora de poder comunicarnos, aunque es cierto que hemos pasado a tener una «menor libertad» ante la idea de que siempre estamos localizados.

Hemos cambiado incluso nuestro estilo de vida desde su aparición y modificado nuestra conducta. Así que una servidora ha llegado a una conclusión: voy a tomarme un periodo de tiempo «sabático» -que no sé porqué, pero me da que va a ser corto-, sin móvil, siendo realmente libre y sin estar comunicada a través de semejante «aparatejo». Y todo esto, también he de decir, es gracias a las compañías de teléfono, ya que no me dan soluciones que me interesen en cuanto a la posibilidad de tener un nuevo móvil, sin pagar ni un duro. Así que, a partir de ahora, sólo se me podrá localizar a través de gritos, señales de humo… o similares.

Imagen | flickr

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