¿Qué es eso de ser sexy?

Ser sexy no es un atributo con el que se nace y que perdura de forma inalterable de por vida. Es una cualidad que puede aprenderse, y que además no entiende de géneros, pues es igualmente aplicable a hombres que a mujeres. La sensualidad no se basa únicamente en un patrón de belleza determinado, es un conjunto de elementos variados que comprenden la forma de hablar, de moverse, de mirar, etc, y desde luego, la seguridad en uno mismo.

Todo el mundo alguna vez hemos valorado como sexy a un actor, actriz o cantante, como si el glamour del espectáculo o la misma pantalla les hicieran más sugerentes a la vista. Pero lo cierto es, que la sensualidad es un componente del deseo sexual que se puede transmitir por medio de los gestos, la insinuación o la apariencia. La forma en que una persona se muestre a los demás o su conducta en particular bastarán para que a otra le resulte deseable sexualmente hablando, es decir, sexy.

Durante mucho tiempo se ha considerado la sensualidad como un atributo exclusivo de la mujer, mientras que al hombre se le valoraba más por su sexualidad. Sin embargo, es una cualidad independiente del género, pues todos tenemos en nuestro ser elementos masculinos y femeninos susceptibles de considerarse tanto prácticos y sexuales como sensibles y sensuales. Tanto ellos como ellas pueden explotar su sensualidad. El hombre tiene que saber que ser sensual no implica afeminamiento. Cada sexo la expresa de una forma diferente: la sensualidad femenina es más delicada y aceptada socialmente, la masculina se asocia más a comportamientos galantes, caballerosos y educados.

A nivel biológico, la función primaria del sexo es la reproducción, que no podría darse sin la función primaria de la sensualidad que es la atracción. Cualquier especie se esforzará por procrear con aquellos seres que propaguen las mejores características, todo esto aclara por qué cuando la gente quiere tener sexo busca a aquellos que le resultan más atractivos. Estos factores no siempre explican todas las motivaciones actuales en torno a la sexualidad, pero sí dan cuenta de cómo alguna persona pueden llegar a encontrar sexy a otra que es económicamente fuerte, ya que piensa que va a ser buen proveedor y a cubrirle sus necesidades.

Luego la sensualidad no es algo innato con lo que se nace, que permanece fijo e inalterable con los años, sino que más bien es algo que se puede aprender, y que parte de unos requisitos mínimos como tener confianza en uno mismo y sentirse a gusto con el propio cuerpo y la forma de ser. Pero, no es algo que vaya dirigido solamente a favorecer los encuentros sexuales, pues en realidad ser sensual es una postura ante la vida, una cuestión de actitud, una manera asertiva de relacionarnos con los demás, de modo que causemos en el otro atracción o seducción, sin que necesariamente haya una connotación sexual.

Ser sexy sería una modalidad de toda la gama de sensualidad existente, y puede exteriorizarse de muchas maneras, a través de las caricias, de las miradas sugerentes, de los movimientos corporales insinuantes, del aire que inspiramos antes de empezar a hablar, de la manera en que se cruzan las piernas o se quitan las gafas, de la sonrisa con mordisqueo de labio inferior, del silencio escogido que acompaña a la mirada sostenida, etc. Implica un despertar del deseo, provocando atracción o reacción en los sentidos del otro. Y es que son estos últimos una de las mejores herramientas para desplegar la sensualidad:

  • Vista. Con la mirada se pueden transmitir múltiples emociones, y es el mecanismo más rápido para saber si la atracción es recíproca.
  • Tacto. Una caricia lenta, un masaje erótico, descubrir y desvestir el cuerpo, insinuarse por medio de las texturas y la temperatura, etc.
  • Gusto. El beso, el juego con los distintos sabores, la saliva, etc. Ahora bien, hay que dedicar especial atención a la higiene bucal, porque el mal aliento puede echar a perder la magia que los demás sentidos hayan logrado.
  • Olfato. El olor natural de una persona puede potenciar el deseo en su pareja, aunque algunas fragancias o perfumes resultan igualmente atrayentes.
  • Oído. Como en otro artículo os comentábamos el lenguaje y las palabras susurradas en momentos de placer son altamente eróticas para muchos. Hay sonidos que tienen un carácter muy sensual: los gemidos, jadeos, e incluso el sonido de un beso.

Para despertar el ser sexy que todos llevamos dentro, hay que ocuparse también de atender algunos aspectos, tales como:

  • El arte de saber moverse. Alguien sexy no se desplaza, ni anda, ni gesticula con movimientos bruscos, rápidos o torpes, sino con sinuosidad, progresión y coordinación. El lenguaje corporal es una de las primeras tarjetas de presentación, que se encargan de generar curiosidad o rechazo.
  • La vestimenta. La ropa sexy no es tanto la que enseña el cuerpo en su totalidad como la que lo sugiere, insinúa o invita a descubrir sus formas. Por eso, las transparencias, los escotes incipientes y la ropa ceñida es lo más utilizado en este sentido, pero sobre todo aquellas prendas que se ajustan de modo natural a la complexión y forma de ser de la persona, sin crear un efecto artificial basado en una necesidad exacerbada de agradar a los demás o llamar excesivamente la atención.
  • El cuidado en el vocabulario y el tono de voz. Es recomendable adecuar las palabras a la situación y al interlocutor, pero nunca dejando de ser tú mismo o de manera impostada. Mostrarse educado, culto y sofisticado a la vez que natural, espontáneo y cercano son atributos de la sensualidad. Mirar a los ojos mientras hablamos, y no emplear un tono o volumen de voz elevado suelen producir más atención y admiración en el que nos escucha.
  • Por último, pero no por ello menos importante, no podemos obviar cómo la autoconfianza y una autoestima estable y elevada son las puertas por las que ha de canalizarse toda la sensualidad. Se nos hace realmente difícil imaginar a alguien sexy que refleje inseguridad en sí mismo.Foto1: e-chan
    Foto2: eva manez fotógrafa
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