Sexo en el museo

La polémica está servida. Una instalación en el museo de la Secesión, en Austria, recrea al detalle un club de intercambio de parejas. Los visitantes pueden observar y también participar. Orgias, sadomaso, strip-tease, bondage… todo eso en un museo. El artista, Christoph Büchel ya es conocido por su capacidad de violentar al espectador ¿crees que el sexo puede ser considerado como arte?

El arte y el sexo siempre han ido de la mano

El sexo puede llegar a ser controvertido en determinadas ocasiones, hay quien no entiende determinadas prácticas o quien las encuentra francamente inapropiadas para ser mostradas en público. La polémica respecto a los límites y las fronteras de la sexualidad parece que no acabará nunca, y más cuando hablamos de espacios oficiales. Y si a ello le sumamos la problemática de considerar arte, o no, ciertas prácticas, ya es la bomba. El debate, en este caso, nos lleva directamente a Austria, donde una instalación museística ha desatado la risa de algunos, la ira de otros… y el placer de unos cuantos. El Espacio para la cultura del sexo de Viena se inaugura con una instalación diurna/nocturna donde los visitantes pueden entrar y observar la recreación de un mítico club vienés, el Element6, para el intercambio de parejas y otros menesteres sacrílegos.

La sorpresa es que, una vez se pone el sol, en el mismo espacio solo se permite la entrada a mayores de 18 años. Luego, ellos deciden si solo quieren mirar… o participar en alguna de las experiencias sexuales que allí se ofrecen. Las posibilidades que el creador de la polémica obra ha pensado para aquellos que paguen su entrada, son bastante extensas. El enigmático artista no es otro que Christoph Büchel, conocido en el mundo del arte por su talento para construir instalaciones que recreen espacios con indicios en la propia realidad, de una gran verosimilitud. En el caso que nos ocupa, Büchel ha sido coherente con sus anteriores creaciones, basadas en escenarios incómodos y provocadores. Pero si antes utilizaba el mundo de la miseria, de los deshechos, ahora violenta al público con el imaginario de la transgresión sexual. Un concepto más voluptuoso, que levanta ampollas y promueve la atención del público a partes iguales.

La exposición, albergada en el edificio de la Secesión, propone un recorrido por las prácticas aberrantes de la historia de la sexualidad. Allí podrás encontrar porno, proyectado en las paredes de la instalación o ejercer de voyeur accidental a través de unos pasillos por los que se accede a unas salas donde se practican orgías. Las normas del museo establecen que se puede participar, pero no tomar el mando. El bondage, o la práctica de atar a una persona, o el strip-tease (tan solo por las noches), al tiempo que el sadomaso son algunos de los atractivos añadidos. Durante la noche, una una mujer aparece encadenada en un altar y los utensilios dedicados al sadomaso se encuentran por doquier, desde sillas ginecológicas hasta una guillotina… no sabemos si están cosiderados como piezas de arte o pueden ser utilizados. Para acabar de rizar el rizo, hombres y mujeres equipados con ajustadas prendas de látex, se pasean por la estancia invitando al encuentro sexual furtivo.

Otra de las instalaciones de Büchel, un tanto menos polémica

Pese a que los entendidos ya conocen las peripecias del artista, muchos son los que se preguntan hasta qué punto es lícito subvencionar con dinero del contribuyente  una instalación artística que a la vez es un verdadero club de intercambio de parejas (sí, se cobra la entrada y se cobran las bebidas). El arte y el sexo siempre han ido de la mano, el vínculo entre ambos es indisoluble, pero no por ello menos polémico.

Esculturas por Historic.Brussels en Flickr

Instalación de Christoph Büchel en Flickr

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