Victoriano Crémer, aquel poeta centenario

victoriano-cremer

Dicen que los poetas nunca mueren, que sólo fingen estarlo. Yo además, añado que el Señor Don Victoriano Crémer allá donde esté, tendrá un lugar privilegiado. Y es que para desgracia de los que nos quedamos por estos lares, se nos fue una gran persona. Además de un gran poeta. Y por supuesto, de un gran periodista.

Crémer era el más veterano periodista del Diario de León, en donde escribía diariamente una columna de opinión bajo el lema «Crémer contra Crémer«. De hecho, aún ingresado en el hospital, y día tras día, él publicaba su columna en el periódico leonés. Fue -y siempre será- un magnifico poeta, un maravilloso novelista y un increíble ensayista, cuyos textos destacaban por la ironía y la vitalidad que desprendían.

Nacido en Burgos en 1907, trabajó en su juventud como vendedor de periódicos, mancebo de botica, ‘amanuense para ilustres jubilados’, tipógrafo, locutor y periodista clandestino mientras se involucraba en las actividades de los anarcosindicalistas de León, donde ha residido prácticamente toda su vida y dónde es una figura muy querida y respetada.

Durante la Guerra Civil Española y tras salir de la cárcel fue uno de los fundadores, junto con Antonio González de Lama, Luis López Santos, José Castro Ovejero, Anglada, Antonio Pereira y el también poeta Eugenio de Nora, de la revista «Espadaña«,que sirvió de medio de expresión para muchos autores de la corriente llamada poesía desarraigada de posguerra.

El escritor recibió en 1963 el Premio Nacional de Poesía y en 1994 el Premio Castilla y León de las Letras. Entre sus obras figuran Nuevos cantos de vida y esperanza, Libro de Caín, Tiempo de Soledad o El último jinete, obra merecedora del Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma en 2008. Medalla de Oro al Mérito del Trabajo en 2007 y Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2009.

En su faceta periodística, colaboró en varios periódicos históricos como Pueblo, Abc o Informaciones, además de en la Cadena Ser, en donde tenía dos programas llamados «Cartas a la tía Federica» y «Luces en la ciudad».

Y como gran homenaje, un recuerdo a su propia obra. Porque es lo que nos queda, que no es poco. Y porque es sábado, un sábado distinto y triste. Por él, y por siempre. Y porque los poetas nunca mueren, sólo fingen estarlo.

«Pero el sábado es distinto. Viene
de muy lejos, con sol a las espaldas
y extrañas músicas entre los dientes
endurecidos de la madrugada.

Todos le miran y él sonríe. Pisa
la tierra y la acaricia; el eco alarga
la estela de su paso, tal un barco
abriéndose caminos en el agua.

Es como un muchacho, con las manos
metidas en los chorros de la mañana,
que abre los ojos de cristal y asombro
al vuelo de la luz desazulada.

El sábado es distinto, sí. De pronto,
el aire se hace mármol en la escarcha
del alto cielo, y una voz se enciende
poderosa, como una gran campana.

Todo parece nuevo, repentino,
¡hasta aquella alegría de las almas
que nadie sabe quién echó en la hondo
del charco amargo de las lágrimas!…

No es como los demás días. Trae al menos
algo que el hombre ha perseguido siempre,
sin mirar a los cielos, apretándose
el corazón con esperanzas:

Unas monedas y el silencio,
cuando la tarde pliega sus banderas.
Todo el amor, de pronto, rescatado
al yunque ya las nieblas.

Y una música antigua y un camino
para perderse.

(La felicidad
necesita tan sólo unas monedas
y un camino de amor.)

Todo humilde y sencillo en este día
en que la piel del aire se descorre
y queda un mundo puro, en carne viva,
como un tierno cordero milagroso.

La casa se abre a su llegada.

El hombre
busca a la amada entre la sombra y, juntos,
entre besos, aprietan las monedas
de su felicidad de cada día.»

«Sábado Amor», de Victoriano Cremer

Imagen | Diario de León

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...