Zonas erógenas, donde el placer se esconde.

Centro placerLas zonas erógenas son aquellos lugares de nuestro cuerpo donde se reúnen una gran cantidad de terminaciones nerviosas y que, al ser estimuladas, nos hacen sentir sensaciones muy agradables, que pueden desembocar en excitación sexual.

Ya desde temprana edad, desde los 7 meses de edad aproximadamente, comenzamos a tocar nuestro cuerpo para conocerlo. Es entonces cuando, con la inocente manipulación de los genitales, se descubren sensaciones placenteras que nos permiten encontrar nuestros principales centros erógenos.

Es luego en la adolescencia y, posteriormente en la edad adulta, gracias que seguimos auto-explorándonos y a los juegos amorosos que practicamos, cuando vamos aprendiendo en que puntos de nuestra orografía se encuentran esas zonas que, si son estimuladas, nos excitan sin límites y nos preparan para el encuentro sexual.

Cada uno tiene sus propios puntos «débiles», por así decirlo, porque depende no sólo del cuerpo de cada persona, sino también de sus experiencias personales y de su educación. Por ejemplo, la entrada del ano es una zona sumamente erógena, pero en general los hombres la rechazan por considerarla signo de homosexualidad.


Sin llegar a esos extremos, suele tratarse simplemente de reacciones corporales. En general, suele ser altamente erótico que rocen el lóbulo de tu oreja con la lengua o que lo aprisionen entre los labios, pero hay a quien este gesto no le produce sino algún que otro escalofrío.

Si quieres tener una guía de las zonas erógenas más comunes, para empezar a investigar tienes las siguientes: no suelen fallar el cuero cabelludo si es masajeado suavemente; las orejas recorridas con pequeños mordisquitos;Placer el cuello donde los escalofríos se convierten en placer; la lengua con la que saboreas al otro; los pezones, la espalda…y, por supuesto, los miembros sexuales y sus inmediaciones.

El clítoris en la mujer y el glande del pene en el hombre son centros de placer por excelencia, al igual que la parte interior de los muslos, debido a su proximidad con aquellos.

Ahora bien, se dice que el centro de nuestro erotismo es el cerebro y no sólo por una cuestión de impulsos nerviosos. Nuestra imaginación, nuestros pensamientos, esas imágenes eróticas que podemos crear con sólo cerrar los ojos o las que vemos con ellos abiertos, nos pueden llevar a tal grado de excitación que perdamos la percepción de lo que ocurre a nuestro alrededor.

Ahí está la base de nuestro erotismo y de lo que podamos llegar a disfrutar en nuestros juegos sexuales, tanto solos como bien acompañados.

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