El nuevo héroe americano no lleva espada, sino bisturí

Ya hace años que las cosas han cambiado. No sólo los cuerpos, que sin duda no se mantienen ajenos al paso del tiempo, sino también las tendencias o cánones de belleza en uno y otro sexo. Y a partir de la confluencia de ambos cambios nos encontramos al hombre maduro del siglo XXI, personaje obsesionado con los signos que el tiempo se empeña en dejar en nuestras carcasas.

Mickey Rourke es un vivo ejemplo del poder del exceso de cirugía estética

El prototipo de hombre que gustaba hace cincuenta años está claro que nada tiene que ver con el que desean las mujeres (o hombres) de hoy en día. La juventud, a nivel físico, ya no es una condición o incluso una molestia, sino un imperativo. Y en este incesante complejo de Peter Pan en el que estamos todos instalados, cualquier elixir que nos prometa la eterna juventud será bienvenido. Ellas ya hace tiempo que nadan con soltura en estas aguas adictivas de cremas, tratamientos y operaciones dedicadas a tomarle el pelo a Cronos, pero los hombres hace relativamente poco que hemos caído ahí.

Y los máximos representantes de esta nueva tendencia hacia el culto a la juventud y la belleza masculina son sin duda los actores de cine, algo lógico teniendo en cuenta que es gente que vive de su cuerpo y que gana lo suficiente para acceder a los tratamientos más caros. Después de adaptarse con rapidez a los rituales de las dietas, cosméticos y demás, la nueva consigna para las estrellas es la cirugía estética. Su objetivo: limpiar con mucho dinero lo que ensuciaron durante años con más dinero.

En esta carrera contra el tiempo, podemos cintar auténticos maratonianos de fondo como Mickey Rourke, que ha pasado de perfecto juguete sexual en Nueve semanas y media a maltrecho luchador fracasado en The Wrestler. En sus últimas interpretaciones, Rourke, ha requerido un nivel de maquillaje considerable para poder «tapar» las muchas intervenciones a las que fué sometido en los noventa.

Y es que, aunque muchos lo ignoren, los expertos no cesan en avisar que operarse conlleva unos riesgos que van desde efectos secundarios leves hasta reacciones internas severas. Es por esto que la mayoría recomienda, en caso de que sea factible, la prevención antes que la intervención. Una técnica que puede sustituir en muchos casos la cirugía es la mesoterapia facial, que aunque conlleva mayor sacrificio por el número de sesiones, a la larga acaba siendo el mismo tiempo de proceso.

Entre los hombres y mujeres se aprecian diferencias a la hora de encarar la consulta. Los especialistas comentan que ellos son más directos y van con la idea más concreta. Pero como también les cuesta más decidirse, tienen más exigencias. Aunque, un problema a menudo es la impaciencia, que puede empujar a algunos pacientes a contratar los servicios de varios médicos para no cumplir los plazos aconsejados entre operación y operación, lo que puede ser muy perjudicial. Lo bueno que tenemos los hombres es que podemos conseguir mejores resultados gracias a nuestro tipo de piel, ya que influye en ello la constitución anatómica de la cara.

Hace 10 años, cuando los hombres se introducían en este mundillo, pedían sobre todo liposucciones y retoque de narices. Lo que más piden los que recurren a cirugía hoy en día es la eliminación de las bolsas bajo los ojos (conocida como blefaroplastias), los líftings y las inyecciones del famoso botox (un tóxico que paraliza la cara y evita las arrugas de expresión) entre las cejas.

Robert Redford es otro experto en este tipo de técnicas, ya que podemos comprobar como hoy en día ha perdido parte de la expresión de su cara debido a las operaciones. Tom Hanks y John Travolta, por su parte, se preocupan principalmente por los problemas de más arriba, o sea, por su cabellera (o la ausencia de la misma). Por eso recurren a técnicas innovadoras en transplante capilar como es el microinjerto con Sérum Plat.

En España podemos encontrar también muchos casos de actores rendidos al poder rejuvenecedor de la cirugía, como Arturo Fernández, que hace más de 20 años que conoce sus beneficios. De todos modos, nuestras estrellas nacionales no recurren a tratamientos tan intensos como los norte-americanos, y prefieren la normalidad propia de la edad en el aspecto.

Foto: Wikimedia Commons

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