El punto justo de siesta

Para ellos, manifestación folclórica de primera orden del tan admirado spanish way of life. Para nosotros, otrora deporte nacional que sin embargo nuestros horarios «europeizados» y ambición industrializante han convertido hoy en utopía. En cualquier caso, la siesta es uno de los «productos típicos de la tierra» más venerados por todo el mundo, no sólo por lo bonito que resulta de por si el concepto (ponerse a dormir como un marqués a plena luz del día), sino por las incuestionables ventajas que supone para nuestro cuerpo.

Echarse una (corta) cabezadita en mitad del día resulta sanísimo

Y es que los organismos científicos ya hace años que esparcen por todos los confines de la Tierra los beneficios aportados por la siesta, que han sido alabados hasta el punto de hacerlos incomparables a cualquier otro remedio médico. Así, la práctica de dicha actividad pasiva destaca por disminuir los riesgos cardiovasculares, permitir la liberación de tensiones, aumentar la capacidad de concentración y reforzar el estado de alerta.

La última institución en subirse al carro de «las cabezaditas a media tarde» ha sido nada más y nada menos que la imponente Agencia Espacial Norteamericana (NASA), quien ha concluido que el tiempo ideal para realizar una siesta modélica es de 26 minutos. Ni más ni menos.

Ya anteriormente se habían llevado a cabo numerosos estudios que tanto demostraban las cualidades de la siesta para nuestro estado de bienestar, como indicaban unos lindes de duración mínimos y máximos en los cuáles se presentaba más adecuada. De esta manera, datos aportados por la Junta de Seguridad en el Transporte de EE.UU(NTBS) demostraron la mejora de la efectividad de los controladores aéreos sometidos a la práctica de la tan dulce rutina. Dicho estudio determina que un sueño de 26 minutos puede ayudar a mejorar un 34 por ciento en el rendimiento de estos trabajadores y reforzaría su estado de alerta un 54 por ciento.

Los expertos explican que todo ser humano cuenta con algo así como 2 o 3 «ventanas» durante el día que le inducen al sueño. Así pues, dormir durante un pequeño periodo de tiempo ayuda al cuerpo a soportar mejor la jornada. La práctica de la siesta acostumbra a realizarse de manera general tras la comida, a mitad del día.

Pero es que si los efectos de la siesta sobre los individuos adultos pueden ser beneficiosos, esta práctica en los niños y los ancianos se presenta fundamental.

De cualquier manera, los expertos sí coinciden en afirmar que la siesta ha de tomarse en su justa medida, ya que cuando tomamos siestas demasiado largas podemos alterar los ciclos de sueño, y sufrir insomnio durante la noche. Por eso recomiendan a que la siesta debe duran entre 15 y 25 minutos. Corto, pero intenso.

Foto: Othermore

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